Opinión

La vuelta del fútbol: una herramienta política de doble filo

Alan Abud

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales y estudiante de Dirección de Negocios Globales. Escribe artículos de opinión sobre política nacional e internacional en su página de Instagram @minutocanciller_

viernes 21 de agosto de 2020 - 11:49 am

El coronavirus nos obligó a cambiar y alterar nuestros hábitos y vida cotidiana. Sin embargo, probablemente uno de los hechos más resonantes fue la suspensión total del fútbol a nivel mundial. Una medida drástica como ésta llevó a pensar que efectivamente nos enfrentábamos a un problema “serio”. En la historia de este deporte rara vez se tomó una medida tan contundente a nivel global. Quizás el único ejemplo sea la Segunda Guerra Mundial que obligó a suspender la Copa del Mundo hasta que retornase la paz.

En muchos casos, el fútbol funciona como un “termómetro” que mide la gravedad de los acontecimientos: si no hay que suspender, entonces no es tan serio. Por el contrario, si “parar la pelota” refleja una situación de gravedad, la reanudación es una muestra del retorno a la “normalidad”.

Esta fue la primera ocasión en la que se detuvo este deporte por una cuestión sanitaria, ya que los otros frenos a la actividad se dieron por medidas de fuerza como reclamos salariales, contractuales o como una herramienta para parar la violencia en las canchas.

Si bien la suspensión fue unánime a nivel mundial, no ocurrió lo mismo con su reanudación. Con el correr de los meses, los países fueron reiniciando el fútbol en un intento de demostrar, de manera contundente, que las consecuencias del coronavirus habían sido superadas o al menos controladas. En Europa han vuelto hasta las competencias internacionales.

En cuanto a la reanudación del fútbol en la región, Argentina quedó rezagada ya que en la mayoría de los países han vuelto las competiciones o entrenamientos mientras que acá apenas ha arrancado lo segundo, lo que demuestra que el país ha tenido más dificultades para controlar la pandemia que muchos de sus vecinos.

Está claro que la vuelta a los entrenamientos, en estas condiciones, es una medida exclusivamente política. Argentina necesita dar la imagen internamente y en el exterior que la situación está controlada, se está normalizando y que ya están dadas las condiciones sanitarias para la vuelta del fútbol. No obstante, la realidad dista de ser la descrita: el récord de muertes el día miércoles y de contagios en el día de ayer son prueba suficiente que el virus en el país no ha sido controlado.

La vuelta del fútbol, al menos de los entrenamientos, traerá cierta calma en una sociedad ávida de retomar actividades que la pandemia arrebató. El Gobierno puede utilizar esto como una victoria política: “Hemos hecho las cosas bien por lo que se puede garantizar la vuelta del fútbol como lo hicieron en Europa y en la región”.

Sin embargo, que la pandemia se encuentre lejos de estar controlada en el país implica que el Gobierno asuma un riesgo elevado permitiendo la vuelta del fútbol. Cualquier contagio o brote en alguno o varios de los equipos tendrá mucho más impacto que en un “ciudadano de a pie” trayendo dudas, acá y en el exterior, sobre el verdadero estado del coronavirus en el país.

El fútbol puede servir para desviar las miradas puestas en el desarrollo de la pandemia y centrarlas en este deporte. No obstante, si eso que se quiere quitar de foco termina afectando también al elemento que se utiliza como disuasor, el costo que se pagaría sería mucho más elevado.

Ejemplos de esta arma de doble filo ya han observado en otros países: en Brasil, segundo país con más contagios a nivel mundial y que todavía se encuentra lejos de “aplanar la curva”, el fútbol ya ha comenzado. Pese a la imagen de superación y control que se quiso mostrar, el coronavirus arruinó todos los planes. El partido Goiás – San Pablo se debió suspender a minutos de comenzar porque en el equipo local había diez contagiados de los cuales ocho iban a ser titulares.

El Gobierno argentino se está jugando una carta fuerte con la vuelta del fútbol. El costo político de ser uno de los pocos países que no podía garantizar que la pelota vuelva a rodar será aún mayor si el fútbol debe suspenderse justamente por rebrotes de Coronavirus en los equipos de Primera División. La sociedad ha demostrado que no está dispuesta a retroceder en ninguna medida en pos de reducir el número de contagios, por lo que una vez se haya aceptado el retorno de los entrenamientos difícilmente pueda tener vuelta atrás, en caso de ser necesario, dejando al Gobierno en una disyuntiva con un costo alto independientemente de lo que decida.

Eso sí, en caso de que el regreso de la pelota no traiga aparejados grandes inconvenientes, éste le traerá un poco de aire al Ejecutivo, tras meses intensos que incluyeron los focos de los medios apuntando de manera constante a su gestión y con un porvenir económico bastante preocupante.

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