Ciencia

¿Te agarra somnolencia al volante? Este puede ser uno de los motivos

Si te cuesta estar atento cuando manejás, esta puede ser una de las causas científicas

martes 1 de septiembre de 2020 - 7:37 am

Cuando nos sentamos al volante no es raro que entremos en una suerte de piloto automático, tengamos la mente en completa divagación o seamos víctimas de la somnolencia.

Para entender cómo se producen estos fenómenos es importante comprender antes cómo llegamos a aprender a conducir y cómo una habilidad que al principio necesita que pongamos toda nuestra atención y nos concentremos, acaba automatizándose.

Conducir implica poner en marcha una secuencia compleja de movimientos previamente aprendidos y adecuarlos a un entorno cambiante en el que recibimos información de distinta índole. Al aprender, parecía imposible cambiar la marcha al mismo tiempo que estábamos pendiente del peatón e intentábamos entablar una conversación con nuestro copiloto.

Asimismo, nos teníamos que repetir mentalmente la secuencia de acciones a realizar. Conducir nos resultaba extenuante debido a que gran parte de los recursos cerebrales los dedicábamos a recordar reglas y aplicarlas a nuestra conducta.

Por esa razón, nos costaba responder a otros estímulos del entorno e intentábamos hacer caso omiso de cuanto nos pudiera distraer. No se nos pasaba por la imaginación escuchar las noticias de la radio. Era algo que estaba fuera de nuestro alcance.

Poco a poco, con la práctica, conseguimos conducir de una manera más fluida, sin pensar deliberadamente en cada paso. La neurociencia dice que cuando conducir se vuelve automático se debe a que hemos transferido esta conducta aprendida a unas estructuras llamadas núcleos basales.

Al principio, estas estructuras cerebrales son observadoras pasivas de la situación, y simplemente reciben información sensorial acerca de los estímulos presentes y de las respuestas que estamos dando (áreas motoras de la corteza frontal). Disponen de toda la información que necesitan para controlar los progresos de alguien que está aprendiendo a conducir.

A medida que la conducta se repite una y otra vez, empiezan a aprender qué es lo que tienen que hacer. Al final, acaban por encargarse de casi todos los detalles del proceso. Eso deja libres a los circuitos transcorticales para hacer otras cosas, como escuchar la radio o participar en una conversación con los pasajeros.

Esta transferencia de la corteza cerebral a los núcleos basales deja el acto de conducir en manos de una especie de piloto automático. Empezamos a conducir de manera más mecánica y fluida, sin pensar en cada paso.

Y eso, descarga cognitivamente a distintas regiones cerebrales. No obstante, a veces esta “automatización” nos juega malas pasadas. ¿Quién no se ha equivocado alguna vez en su trayecto? En el fondo no es raro que nos quedemos ensimismados y divagando en pensamientos variados cuando nos sentamos al volante, centrados en asuntos que no tienen nada que ver con lo que ocurre frente al vehículo.

El problema surge cuando aparece un estímulo imprevisto durante la conducción que requiere que abandonemos el piloto automático y tomemos las riendas de forma activa. Si nos ensimismamos en los pensamientos y la reacción no es lo bastante rápida, podríamos tener un accidente.

Al automatizar la conducción, esta monotonía al realizar una conducta automática durante demasiado tiempo puede acabar generando una sensación de somnolencia. Existen evidencias de que las vibraciones estables a bajas frecuencias que se producen mientras conducimos reducen la capacidad del cerebro de mantenerse alerta, induciendo un estado similar a la somnolencia incluso entre los que han descansado correctamente.

Esto suele suceder cuando ya tenemos bien adquirida la conducta de conducir. Cuando estamos aprendiendo, el estado de alerta es mucho mayor que cuando la conducta se encuentra automatizada. De forma que es más improbable que sobrevenga la somnolencia cuando somos “mecidos” por el coche.

Por contrapartida, el agotamiento de los conductores noveles puede ser mayor por la gran cantidad de recursos cognitivos y fisiológicos puestos en marcha, lo que reduce el tiempo total que pueden estar conduciendo sin parar.

Fuente: BBC Mundo

COMENTARIOS