Opinión

La producción nacional de la vacuna de Oxford tiene festejo doble

Alan Abud

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales y estudiante de Dirección de Negocios Globales. Escribe artículos de opinión sobre política nacional e internacional en su página de Instagram @minutocanciller_

Casa Rosada debe aprovechar esta doble victoria que le da producir la vacuna: no depender de otros y que otros dependan de Argentina, al menos en parte, para perseguir intereses diplomáticos en el corto plazo

viernes 14 de agosto de 2020 - 3:26 pm

El miércoles que pasó el gobierno anunció que el país producirá, junto con México, la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford contra el Coronavirus. La noticia, además de ser de suma relevancia ya que permite, por fin, ver “una luz al final del túnel” a esta pandemia desatada en el mes de enero, pone al país en una situación de poder en la región que era insospechada semanas atrás: toda Latinoamérica, a excepción de Brasil, dependerá de la vacuna que se produzca en Argentina.

La noticia le da al país una doble victoria.

En primer lugar, la producción local permitirá contar con independencia para tener acceso privilegiado a un recurso vital sin tener que depender de la voluntad de otros estados y de las decisiones de fabricantes extranjeros. En esta línea es que el Presidente, Alberto Fernández, manifestó: “Quiero expresar mi satisfacción por esto porque pone a la Argentina en un lugar de tranquilidad, poder contar con la vacuna en tiempo oportuno y cantidad suficiente para cubrir la demanda en forma inmediata”.

Mientras que en Argentina se gozará de cierta serenidad de poner inmunizar a su población (ya se aseguró diez millones dosis) el escenario de incertidumbre se trasladará a los países que dependan de la vacuna fabricada en el país.

La producción fue un acuerdo entre privados, por lo que todavía es un misterio qué influencia tendrá (si es que la tiene) el gobierno argentino en la fabricación y distribución de las vacunas. Sin embargo, para su fortuna, la producción local cayó en manos del laboratorio de Hugo Sigman, un empresario de históricos vínculos con el clan Castro en Cuba y muy cercano al Kirchnerismo y a Alberto Fernández.

A su vez, en el acto de presentación de la vacuna en México, se mencionó que los dos gobiernos se ocuparían de distribuir las dosis una vez que se fabriquen en la Argentina y se envasen en el extremo opuesto. Estos factores invitan a pensar que el gobierno si influirá en la distribución. La pregunta recae sobre la manera en que lo hará, lo que nos lleva a la segunda victoria: si bien todas las naciones están afectadas por la pandemia y es casi una obligación que los estados tengan acceso a la vacuna, en tanto Argentina y México lo garanticen, nadie puede imponer la manera en que deban ser distribuidas, por lo que la misma podría ser utilizada como una herramienta de presión condicionando la prioridad con la que sea entregada.

La forma en que la vacuna será repartida y aplicada localmente ya se conoce: primero personal de salud, personas de riesgo, entre otras. Ahora ¿de qué manera la distribuirán en la región? Si bien exista una “distribución equitativa” ¿podemos esperar que Venezuela o Bolivia (en caso de que gane el partido de Evo Morales gane las elecciones) tengan más prioridad que Chile? Un país altamente afectado por la pandemia cuyo gobierno Alberto Fernández ha criticado en cada oportunidad que se le presentó.

La producción de la vacuna se transformará en una herramienta de política exterior que debe ser explotada eficientemente por el gobierno, algo así como llevar a cabo una “Diplomacia de la vacuna” donde su distribución esconda intereses secundarios que el país tenga en la región. Recursos como este tienen existencia de larga data. Sin ir más lejos, durante gran parte de la pandemia, China ha estado llevando a cabo la “Diplomacia del Barbijo” en la que, a partir de la donación y/o exportación de insumos médicos, busca proyectar una imagen positiva de China en el orden internacional.

La posición de poder que le da la vacuna a Argentina no será eterna, una vez que la región alcance la inmunidad necesaria para que el virus deje de circular y la vacuna ya no tenga la demanda inicial el país volverá a su posición habitual. Casa Rosada debe aprovechar esta doble victoria que le da producir la vacuna: no depender de otros y que otros dependan de Argentina, al menos en parte, para perseguir intereses diplomáticos en el corto plazo.

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