Opinión

El escándalo que viene

Christian Sanz

Director de Tribuna de Periodistas

El acuerdo con los bonistas permitió al gobierno de Alberto Fernández respirar en medio de uno de los peores momentos económicos del país

lunes 10 de agosto de 2020 - 11:40 am

Columna publicada originalmente en Tribuna de Periodistas

Un respiro. Al fin. El acuerdo con los bonistas permitió al gobierno de Alberto Fernández respirar en medio de uno de los peores momentos económicos del país. En parte, por culpa de la pandemia; en parte, por los desmanejos del propio oficialismo. Que vienen desde los días de Mauricio Macri, quien dejó parte del desastre que hoy vive la Argentina.

Pero es solo una respiración de aire, como la que toma el nadador en medio de la competencia. Luego, habrá que volver abajo del agua, a seguir nadando. Hasta conseguir dar otra bocanada. Y allí aparece el interrogante, obligado: ¿Cuándo podrá el oficialismo volver a tomar oxígeno? ¿Habrá otra buena noticia? ¿Cuándo? ¿Podrá ser cuando se firme el eventual acuerdo con el FMI? ¿Llegará ese momento antes de que el gobierno se “ahogue”?

Por lo pronto, Alberto avanza en un millonario plan de obras financiadas por el Estado Nacional. Lo hace a efectos de reactivar la economía, sí, pero también para tapar la escandalosa avanzada de su mismo espacio contra el Poder Judicial, a piacere de Cristina.

Esta misma semana se pudieron ver los bosquejos de este nuevo “programa”, a través de la presentación del nuevo plan Procrear, que superó las 50 mil solicitudes. A su vez, se lanzó el Plan Nacional de Suelo Urbano.

No fue todo: también se anuncio un plan de obras de infraestructura para las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, San Juan y Santa Cruz, con una inversión estatal de 22.000 millones de pesos.

Y, como el movimiento se demuestra andando —como decía Carlitos Balá—, a partir de la semana que viene habrá más novedades de ese tenor, con nuevas provincias beneficiadas. Parte de ello se verá con el anuncio de mejoras en puntuales rutas del interior y programas de impulso a la obra pública.

La grieta interna

Como viene contando Tribuna de Periodistas, sigue habiendo una fuerte puja entre cristinistas y albertistas, con puntuales intermediarios que intentan atemperar las tensiones entre uno y otro bando. Pero las diferencias son más fuertes… y prometen ensancharse.

Cayó como baldazo de agua fría el anuncio de los 5 puntos de Alberto para reactivar la economía. A contramano de los preceptos del kirchnerismo duro.

Se trata de los siguientes “mandamientos”: desendeudamiento, acumulación de reservas, dólar competitivo, equilibrio fiscal —¿bajará el gasto público?— y balanza comercial positiva.

Lo curioso es que se trata de medidas que en su momento había impulsado Néstor Kirchner, cuando le tocó ser presidente de la Nación.

No es lo único que divide al gobierno: ahora mismo, el cristinismo lleva adelante una fuerte movida contra el macrismo —que regalará una nueva denuncia contra Mauricio Macri esta misma semana—, que los albertistas acompañan a desgano.

No les molesta tanto “pegarle” al expresidente —de hecho, Alberto acusó a Macri de haber dejado una “pandemia económica”—, sino de tener que embestir contra Horacio Rodríguez Larreta, el nuevo “enemigo” de Cristina Kirchner.

Preocupa, y mucho, el crecimiento en las encuestas del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que logró superar al presidente de acuerdo a una medición de la firma Métrica Consultores de Matías Belliard que se conoció el martes pasado.

Por eso, no es ninguna coincidencia que, al mismo tiempo que se daban a conocer los resultados del estudio de marras, arrancaran los ataques a Rodríguez Larreta. Dicho sea de paso, allí aparece Cristina con una imagen negativa de casi el 55%.

En el marco antedicho, cabe esperar que recrudezcan los ataques contra el alcalde porteño, quien insistirá en no responderlos. No solo porque ese mutismo le redunda en grandes beneficios políticos, sino porque además ya encontró quien responda por él: Elisa Carrió.

La líder de Coalición Cívica acusa a Cristina de haber orquestado una campaña personal contra Rodríguez Larreta a través de “periodistas de C5N”.

Los ataques de “Lilita” prometen traer cola, no tanto por su defensa al jefe de Gobierno, sino por su invitación a una “resistencia pacífica” ante la reforma judicial que impulsa el gobierno. Los imprecisos alcances de esa invitación inquietan al kirchnerismo.

Los muchachos albertistas

Como se contó en esta misma columna hace una semana, avanza el armado de espacios “albertistas”, promovidos por aquellos que buscan que el jefe de Estado “rompa” con su vicepresidenta, a la que acusan de no parar de ponerle “palos en la rueda”.

“¿Qué aporta Cristina? Solo provoca irritación y desgasta la imagen de Alberto, no lo ayuda en nada”, dijo un asesor presidencial para graficar el fastidio, ante la consulta de periodistas de este portal.

Ello explica por qué la expresidenta no aparece en los anuncios que hace el presidente en los últimos días. Es mucho más que un gesto político.

Avanza entretanto el armado del “Grupo Bicentenario”, que se presenta a sí mismo como la “juventud albertista”, conformada por más de 300 militantes, la mayoría de ellos de menos de 30 años.

A ellos se ha sumado una nueva agrupación, llamada “Agenda Argentina”, que ya tuvo su primera reunión virtual vía Zoom, titulada “Hablemos de Transformaciones”. Fue presidida por Santiago Cafiero, alter ego de Alberto Fernández. Hay que mencionar que Cristina sigue de cerca estos armados, mientras el presidente mira para otro lado.

Los reclamos de la vicepresidenta no solo tienen que ver con la incipiente aparición de esos grupos —respecto de cuyos armados culpa a Alberto—, sino también por la aparición de una serie de contratos del gobierno argentino con lobbistas de Estados Unidos, refrendados a efectos de mejorar la relación entre la Argentina y ese país.

La suma asciende a los 2 millones de dólares y el acuerdo fue firmado con el conocido estudio de abogados Arnold & Porter Kaye Scholer. Es el escándalo que viene, y que promete traer más polémica que la mentada reforma judicial.

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