Opinión

El sigiloso desembarco de Irán en Latinoamérica

Alan Abud

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales y estudiante de Dirección de Negocios Globales. Escribe artículos de opinión sobre política nacional e internacional en su página de Instagram @minutocanciller_

viernes 7 de agosto de 2020 - 2:36 pm

Latinoamérica, al ser una región periférica en el tablero geopolítico mundial, es escenario de las disputas de las principales potencias por el ejercicio del poder y la influencia. EE.UU. es quien detenta la hegemonía en la región, al punto de haber sido considerada su “patio trasero”. No obstante, otros estados han intentado ejercer su influencia allí también. Históricamente la disputa fue con la URSS. Tras su desintegración y posteriores años de liderazgo estadounidense en solitario, fue China, a base de un crecimiento económico acelerado, quien ha logrado ocupar (al menos en parte) el vacío dejado por los soviéticos ejerciendo mayor influencia en la región. Sin embargo, existe un estado con un poderío económico más reducido que el del resto de las naciones, que está desembarcando en Latinoamérica de manera silenciosa: Irán.

La puerta de entrada a la región para el Régimen Teocrático es Venezuela. La realidad desesperante de la economía del país caribeño, producto de una mala gestión, la caída del precio del petróleo y las sanciones económicas impuestas por EEUU conforman una razón perfecta para el desembarco persa en la región.

Irán, poco a poco, se está instalando en Venezuela: en las últimas semanas, varios buques petroleros desembarcaron en el país caribeño con el objetivo de proveerlo de petróleo y así paliar una crisis de desabastecimiento. A su vez, inauguró un supermercado en la ciudad de Caracas, con productos mayoritariamente iraníes, a fin de evitar una mayor escasez en un país que no posee las divisas para comprar alimentos.

Estas medidas levantan sospechas sobre cuáles son los verdaderos intereses de Irán en la región. El viceministro de Industria Iraní estuvo presente el día de la inauguración y, en un intento de despejar dudas, declaró: “Nuestro objetivo principal es comercial”. Si este es el objetivo principal, implica que existen otros fines también ¿Cuáles son los otros objetivos que subyacen a esta apertura? Dentro del local habían banderas iraníes, una demostración clara de que el régimen persa vino a Latinoamérica a generar influencia y quizás también a hacer negocios.

Que Venezuela sea la puerta de entrada no implica que el resto de la región sea completamente ajena a los intereses iraníes y a sus intentos de generar influencia. Durante los años 2005 y 2013, cuando el poderío económico de Irán iba en línea con el precio récord del barril de petróleo, el ex presidente Mahmud Ahmadinejad viajó en promedio una vez por año a Latinoamérica, donde abrió varias embajadas (entre ellas Ecuador) e impulsó proyectos de inversión.

La influencia persa desembarca también a través de los medios. La cadena iraní Hispan TV inició sus transmisiones en diciembre de 2011 con el objetivo de moldear a su favor la opinión pública de aquellos países donde se transmitiría la señal y lograr traducirla en apoyo a nivel internacional. A nueve años de su comienzo, pese a los pronósticos negativos, ha logrado tener un gran nivel de audiencia. El propio diario español El País reconoció que “otros medios estatales de países con poca libertad de prensa como el iraní Hispan TV tienen una media de impacto por artículo mayor que los medios tradicionales”. Esto no es algo que se deba pasar por alto: el medio iraní que responde al gobierno está llegando a cada vez más gente y de forma positiva.

El régimen persa ha logrado mantener todos estos avances a pesar de una severa crisis económica: el valor del dólar, respecto al Rial (moneda Iraní), ha aumentado un 600%; la tasa de inflación ronda el 50% y atraviesa una recesión económica. Si todo esto lo ha sostenido bajo estas condiciones, imaginemos lo que podría hacer si los precios del petróleo se estabilizan o un cambio de presidente en EEUU relajase las sanciones económicas impuestas a Teherán.

La amenaza que implica el desembarco iraní no está en la agenda de los países latinoamericanos. A raíz de esto, la Secretaría general de la Organización de Estados Americanos (OEA), con Luis Almagro al mando, advirtió en el mes de mayo sobre lo que considera como grave la presencia de Irán en la región, instando a los países a estar “alerta”.

Las advertencias son acertadas. Actualmente, el único socio político es Venezuela, pero la situación puede cambiar. Este año (cuando el Coronavirus lo permita) se celebrarán las elecciones en Bolivia en las que el MAS, partido político de Evo Morales, lidera las encuestas. Irán había sido un gran socio del expresidente boliviano, por lo que no sería de sospechar que con una victoria en las elecciones las relaciones entre ambos estados se retomen. En adición, actualmente Irán es país observador de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) de la que Venezuela es miembro y Bolivia lo fue hasta el mes de noviembre. Una victoria del MÁS en las elecciones podría implicar el relanzamiento de este proceso de integración en el que Teherán tenga una participación importante.

La región no puede mirar para otro lado ante el avance de Irán. Chile tiene una comunidad muy importante de palestinos, los fuertes vínculos entre los persas y Palestina en Medio Oriente no hacen descabellado pensar que esos lazos podrían replicarse en el país trasandino. Argentina tiene una relación de larga data con los iraníes: dos atentados en los que se les acusa de ser responsables y un memorándum sobre la AMIA son ejemplos de la historia que hay entre ambos países. Por el lado de Brasil, ¿cómo planea Brasilia evitar un avance persa en la región siendo su principal socio comercial en Latinoamérica? Muchas dudas que aún no tienen respuesta. La única certeza es que Irán sigue avanzando y Latinoamérica no reacciona.

COMENTARIOS