Economía Internacional

Tres cuentos chinos II: el nacimiento del e-RMB

Iniciamos la semana pasada una serie de notas que intentan pintar cómo se ejerce el poder desde China. Postulamos que ha aparecido un retador para el "Hegemón" actual (EEUU), y proponemos revisar críticamente las retóricas del gigante oriental para intentar adentrarnos en el conocimiento de la que consideramos la potencia desafiante.

lunes 27 de julio de 2020 - 5:27 pm

Artículo publicado originalmente en Gaceta Mercantil

Por Carlos Tonelli

Segundo cuento chino: (donde nos cuentan acerca del supuesto adiós al dólar)

Este segundo relato se abre camino hoy en virtud de que los efectos económicos del “virus chino”, como le gusta llamarlo al presidente estadounidense, Donald Trump, empiezan a presentar similitudes económicas con los de una guerra. Pensemos en lo que hace la gente, todos nosotros, cuando hay una crisis y se instala el pánico: todos buscamos convertir nuestros activos en liquidez. Esta demanda desenfrenada de liquidez hace caer los precios de todo lo que es susceptible de venderse, sea lo que sea. Si la demanda de liquidez no es satisfecha por los únicos que pueden hacerlo, los bancos centrales, se produce lo que Irving Fischer denominó una “debt-deflation”, una deflación que agrava los problemas de deuda.

Así, por ejemplo, la Gran Depresión de 1929/30 trajo consigo un cambio económico profundo que se tradujo en una pelea de bancos centrales por el oro, que por aquellos años conformaba la “liquidez” de los bancos centrales, y se pusieron a competir entre ellos para conseguir ese metal precioso. Francia, que al terminar la Primera Guerra Mundial era la principal acreedora de Alemania, al acumular oro desesperadamente complicó las posibilidades de conseguirlo para los germanos y en consecuencia aumentó el riesgo de su vecino, el que fue finalmente declarado con la llegada de Adolf Hitler al poder. Terminada la Segunda Guerra, en los acuerdos de Bretton Woods se canceló el sistema del patrón oro y se decidió adoptar al dólar estadounidense como divisa internacional con la condición de que la Reserva Federal (el “Banco Central” de EEUU) sostuviera la convertibilidad del dólar con el oro asignándole a cada onza de oro el valor equivalente a 35 dólares.

En 1971 y como consecuencia de un déficit comercial gigante vinculado con un enorme esfuerzo bélico (la guerra del Vietnam), el presidente Richard Nixon se vio obligado a salir de esa convertibilidad –dólar/oro- por lo que, desde entonces, el valor de la moneda estadounidense se basó principalmente en la confianza y en la credibilidad de la principal potencia mundial.

Con la llegada de la pandemia, la guerra comercial entre Estados Unidos y China se ha agudizado y acelerado, y el jefe de la Casa Blanca ha cambiado radicalmente su postura emitiendo declaraciones sobre posibles “castigos” hacia China por la responsabilidad que le adjudica sobre el surgimiento del virus (ver nuestro Primer Cuento Chino). La retórica bélica se ha hecho presente y a cada acción de un lado le sigue una retaliación del otro.

Volviendo al cuento que nos quieren contar respecto al desplazamiento del dólar por el yuan, algunas precisiones preliminares: casi todos llamamos “yuan” a la moneda China pero el verdadero nombre es “Rén-mín-bí” (abreviado: RMB; en chino simplificado 人æ°Â‘å¸Â, que significa literalmente, “moneda del pueblo”). El yuan es la unidad básica del Rén-mín-bí. Para que su valor no fluctúe sujeto a los caprichos del mercado financiero, el yuan está atado a una canasta de varias monedas internacionales y es considerado una moneda de reserva por el Fondo Monetario Internacional, por lo que integra la canasta de Derechos Especiales de Giro desde octubre de 2016.

De todo lo que sabemos hasta ahora, el e-RMB (Electronic Rén-mín-bí) o “yuan digital”, es una divisa digital que utiliza la tecnología de las criptomonedas (“blockchain”), pero a diferencia de esas monedas descentralizadas como el “Bitcoin”, se encuentra regulada y avalada por un gobierno, en este caso, por Pekín.

El Banco Popular de China intenta ahora que, en un primer momento, las transacciones comerciales domésticas se realicen a través de esta moneda digital pero aspira, luego, expandirla a todo el comercio internacional.

WeChat. En un comunicado de la cuenta oficial de WeChat (tema del que nos ocuparemos en la próxima y última entrega de esta trilogía) se señaló que el Rén-mín-bí digital se ofrecería en un inicio a bancos comerciales u otros operadores y que las personas podrían depositarlo en sus billeteras digitales. Lo más interesante es que, a diferencia de las billeteras electrónicas de la actualidad, que requieren de una conexión con internet para estar operativas, el e-RMB podría funcionar también “off-line”, via bluetooh, aproximando dos celulares. Otro punto crucial anunciado es que la obtención y el manejo de los e-RMB no queda supeditada a la apertura de una cuenta en ningún banco chino, lo que es percibido por los propios chinos como un obstáculo a su libre circulación.

El Banco Central chino ha hecho pruebas internas en ciudades como Suzhou, Shenzhen y Xiong’an: empresas pequeñas como cafés y restaurantes en Xiong’an han participado en las pruebas, así como también bancos estatales regionales; en Xiong’an ya se usa el e-RMB principalmente para los servicios de clearing bancario y en Shenzhen los empleados del banco pagan sus impuestos con ella (https://chengdu-expat.com/bye-bye-alipay-and-wechat-pay-digital-rmbs-coming/)

Otro dato que se conoce es que los empleados de los gobiernos locales de Xiangcheng y de Suzhou han instalado billeteras digitales en sus teléfonos celulares para recibir sus salarios a través de cuentas que concentran los bancos más grandes del país (Banco de China, Banco de Construcción de China, Banco Agrícola de China y Banco Industrial y Comercial de China).

¿Cómo se construye una moneda internacional? Milton Friedman, en su libro “Money mischief” (primera edición, Mariner Books, 1994), nos cuenta acerca de unas islas en la Micronesia en la que sus habitantes utilizan una moneda –denominada Fei– que consiste en unas “…grandes, gruesas y sólidas ruedas de piedra…” cuyos diámetros llegan a alcanzar los tres metros y medio, con un agujero en el centro en el cual se pueda insertar una viga de madera que aguante el peso y facilite su transporte. Esas piedras-moneda se extraen y cortan en una cantera en otra isla que se encuentra a más de setecientos kilómetros (por mar) de la isla de Uap, donde se las utiliza. Recogerlas y moldearlas constituye una verdadera hazaña y es tan complejo trasladarlas de un propietario a otro que, cuando se realiza un pago con ellas, el nuevo propietario se contenta con el reconocimiento social de su nueva propiedad y tal vez una marca en la ella, sin necesidad de trasladarla del terreno de su antiguo dueño.ç

Milton utiliza este ejemplo para explicar dos cosas preliminares acerca del dinero: que debe ser un objeto de confianza que todos los habitantes de una sociedad reconozcan como una forma de riqueza (su función como depósito de valor); y que sirva para facilitar las transacciones entre personas (las otras tres funciones clásicas del dinero, medio de intercambio, medio de pago y unidad de medida). Miremos y comparemos por un momento estas funciones en los dólares y los yuanes, o mejor aún los e-RMB.

A finales del siglo pasado Estados Unidos se convirtió en la economía más grande del mundo y, sin embargo, tuvo que esperar cuarenta o cincuenta años para desplazar a la libra rsterlina inglesa en el comercio internacional. Para eso, incluso, tuvo que ganar la Segunda Guerra Mundial.

El hecho de que las transacciones internacionales estén vinculadas con una moneda le brinda al país emisor grandes ventajas, lo que el exministro de Finanzas y expresidente de Francia, Válery Giscard d’Estaing, en su momento denominó un “privilegio exorbitante”. Siendo el dólar la divisa principal para las grandes transacciones a nivel mundial, todos los tenedores que conservan dólares, permiten el financiamiento de EEUU a través de esas reservas que tienen los países.

Desde que el dólar domina al sistema financiero internacional, EEUU ha gozado de la circunstancia de que el dólar sea la moneda más utilizada en las operaciones de comercio internacional (el Yuan a nivel internacional representa sólo el 4.3% de las transacciones, a diferencia del dólar estadounidense que se lleva el primer lugar con el 88.3%. Ver https://www.statista.com/chart/19874/us-dollar-currency-trades-foreign-exchange-rate/).

Gracias a esto los estadounidenses acceden a liquidez más barata ya que no tienen que protegerse contra riesgos cambiarios; su gobierno financia déficits prácticamente ilimitados gracias a su capacidad exclusiva de crear dólares; y finalmente, Estados Unidos tiene la posibilidad de imponer sanciones a países y empresas extranjeras excluyéndolos del sistema financiero estadounidense, y, con eso, del sistema financiero mundial.

La moneda estadounidense se mantiene hoy como la mayor unidad monetaria de reserva internacional por razones económicas y políticas: primero, por la transparencia contable de los bancos y empresas estadounidenses, lo que facilita y da confianza en la compra de valores cotizados en las casas de bolsa de ese país; segundo, por la ausencia de controles de capital en Estados Unidos, lo que facilita la exportación de dólares y favorece su liquidez; y sobre todo, por la inexistencia de mecanismos globales de pago distintos a los que hoy operan en Nueva York, naturalmente en dólares.

En términos prácticos, una transferencia de Nueva Delhi (India), en rupias, a Seúl (Corea del sur), en wones, debe pasar por Wall Street; el banco indio transfiere el monto equivalente en rupias, desde su cuenta en dólares en Nueva York, a la cuenta en dólares del banco surcoreano, también abierta en un banco estadounidense, quien finalmente lo convierte en wones y paga. De esta manera, bajo el sistema actual, los bancos del mundo compensan sus saldos recíprocos en dólares a través de sus cuentas abiertas en bancos de Wall Street, lo que sucede debido a que no existe ninguna otra unidad de valor distinta al dólar en la que los bancos del mundo acepten liquidar los saldos recíprocos que cada uno tiene en sus distintas monedas locales.

Asimismo, cuando los bancos comerciales requieren de liquidez adicional para solventar sus operaciones internacionales, regularmente recurren a préstamos interbancarios denominados en dólares o a préstamos provenientes de las cuentas que sus propios bancos centrales mantienen abiertas en la Reserva Federal de EEUU (Fed).

Desafíos. Transformar al yuan en una moneda de reserva internacional que compita seriamente con el dólar requerirá convertir al sistema financiero chino en un mecanismo de pagos internacionales, alternativo al que opera actualmente en Nueva York, para lo cual China debería realizar muchos cambios, comenzando por  convertir a Shanghai (el centro financiero del Rén-mín-bí) en una cámara de compensación internacional que permita que bancos de todo el mundo compensen sus saldos recíprocos en yuanes de manera similar a como hoy sucede en Wall Street.

Asimismo, convertir a Shanghai en una cámara de compensación implicaría otorgar facilidades para que otros bancos centrales mantengan cuentas abiertas en yuanes en el Banco Popular de China, como hoy lo hace la Fed.

El Deutsche Bank, que es uno de los que más ha estudiado el tema, ha considerado que con 1.430 millones de habitantes, China cuenta con el potencial para lanzar una criptomoneda y ponerla a circular, de la misma manera que Facebook también dispone de la masa crítica de usuarios necesaria –un tercio de la población del mundo- para  mantener a “Libra”, su instrumento electrónico de pagos. Pero disponer de la masa humana básica no garantiza el éxito. De hecho, “Libra” no logra arrancar.

Los cambios “operativos” que promueve China por sí solos no alcanzarán: como dijimos, el valor de la moneda norteamericana se basa principalmente en la confianza y en la credibilidad de la principal potencia mundial, y esos son logros de índole política.

China puede imponer su e-RMB a su pueblo, a sus empleados, a sus empresas, porque goza allí de un concepto político central: soberanía. Pero si quiere expandir la circulación de su moneda a otros países y personas que estén fuera del alcance de su soberanía, deberá lograr confianza y credibilidad, y la transparencia de su política tiene en esto un rol central. Los retrocesos a las libertades individuales y al respeto a las reglas de juego que hemos visto recientemente en Hong Kong, por ejemplo, atentan contra ese ambicioso objetivo.

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