Política Internacional

Trilogía: Tres cuentos chinos

Iniciamos aquí una serie de tres relatos que intentan "pintar" cómo se ejerce el poder desde China, no sea cosa que para escapar de las garras del "Tío Sam" y de la "Pérfida Albión", terminemos cayendo ante el hocico del Dragón

viernes 17 de julio de 2020 - 10:47 am

Por Carlos Tonelli – Publicado originalmente en Gaceta Mercantil

Introducción (Acerca del desafío al Hegemón)

“Cartago delenda est” (Caton, el Viejo)

Trescientos años antes de Cristo, Cartago era el poder dominante en el mar Mediterráneo, controlando un extenso imperio marítimo, mientras que Roma era el poder emergente en el centro de la península itálica. Al finalizar la tercera guerra Púnica, doscientos años más tarde y después de décadas de conflicto, Roma conquistó todas las posesiones cartaginesas y arrasó su capital, Cartago precisamente, que desapareció en la escena de la Historia.

En esta primera parte de nuestro siglo, las grandes potencias parecieran esquivar enfrentamientos directos en el campo de batalla: el poder destructivo de la tecnología moderna pareciera tornar irracional un conflicto armado directo entre los poderosos. Ya claramente desde la Segunda Guerra Mundial, la hegemonía en Occidente le correspondió a Estados Unidos y, a partir de la caída del muro de Berlín, esta supremacía pareció ser universal. Del otro lado del mundo, por aquella época, el dragón dormido comenzaba a despertar: Deng Xiaoping a finales de los setenta pondría en marcha un proceso de modernización y apertura de la economía china que se aceleraría luego de la caída del comunismo soviético.

En los últimos veinte años el poder económico mundial ha ido mutando de forma sutil pero profunda: la Unión Europea y los Estados Unidos pierden peso mientras que China lo gana. En 1960 Estados Unidos representaba el 40% del PBI mundial mientras que China recién para 1990 alcanzaba al 1,6%; sin embargo, ya en 2017 la participación del PBI de Estados Unidos se había achicado al 24% del producto mundial y el de China había crecido más de nueve veces y se acercaba al 15%.

China es hoy la segunda economía del planeta detrás de Estados Unidos, el primer prestamista de la Reserva Federal estadounidense, el principal productor mundial de manufacturas y el quinto emisor global de inversiones extranjeras directas. También es el primer consumidor global de energía eléctrica (la mayoría obtenida por recursos no renovables y altamente contaminantes); para Argentina, recientemente China terminó desplazando a Brasil como principal comprador de sus productos.

Es decir, hay un retador para el Hegemón actual.

China ha incrementado su presencia en foros y organismos internacionales de diferente índole, y ha impulsado instancias bilaterales de cooperación con una cantidad creciente de países y regiones siguiendo, según su propia retórica, una estrategia de “ascenso pacífico” en la jerarquía global que ha dado en denominarse “poder blando”, poder que sin embargo también se asienta en ser el segundo país con mayores erogaciones militares y que ocupa un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

No quiero terminar esta breve introducción sin dedicarle unas palabras a la situación del caso paraguayo: a pesar de que sus exportaciones globales se componen principalmente de productos altamente demandados por China (porotos y aceite de soja, carne bovina y algunos tipos de maíz), sus exportaciones al gigante asiático son prácticamente inexistentes y está vetado como proveedor en represalia por su política exterior ya que Asunción es de los pocos países que aún reconocen al gobierno instalado en Taiwán como la legítima República de China. Creo que este caso resulta sumamente ilustrativo acerca del proceder de la República Popular China respecto a los países de la región, especialmente al observar que este “veto” a Paraguay ha llevado a la imposibilidad de tratar los asuntos comerciales a nivel regional (Mercosur), por lo que China ha desplegado una estrategia de negociación bilateral con cada uno que acentúa el carácter asimétrico de estas relaciones.

Proponemos en estos tres artículos revisar críticamente las retóricas del gigante oriental para intentar adentrarnos en el conocimiento de la potencia desafiante.

Primer cuento chino: Wuhan

(Donde nos cuentan acerca de la desinformación como sistema de gobierno)

La ciudad de Wuhan, de quien la mayoría de nosotros desconocíamos hasta su existencia antes de esta pandemia, es la capital de la provincia de Hubei y la ciudad más poblada en la zona central de la República Popular China. Está localizada en la confluencia de dos ríos muy importantes, el Yangtsé (el río más largo de China y de Asia, y el tercero más largo del mundo) y el Han, su afluente, y tiene una población que supera los once millones de habitantes. Siendo una ciudad con tres mil quinientos años de historia, Wuhan incluso llegó a ser durante corto tiempo capital de China en 1927 y hoy en día es un centro político, económico, financiero, comercial, cultural y educativo sumamente importante en ese país que cuenta, por ejemplo, con la central hidroeléctrica más grande del mundo, la de las Tres Gargantas.

El 31 de diciembre del 2019 las autoridades sanitarias de Wuhan informaron sobre la aparición de 27 personas diagnosticadas con un síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés) de origen desconocido y con algo en común: estaban relacionados con el Mercado Mayorista de Mariscos del Sur de China, el mercado de frutos de mar y animales de todo tipo más grande de la región con más de cinco hectáreas de puestos comerciales.

Las preguntas que la situación generada en Wuhan generó son por lo menos inquietantes: con la información con la que contamos al escribir estas líneas no es posible saber con certeza si ese SARS-CoV2 efectivamente pasó de un animal a un humano o si pasó de un laboratorio a un humano. Y en este segundo caso, si salió accidentalmente del laboratorio de Wuhan o lo plantaron allí.

En efecto, la desinformación, las demoras y faltantes para brindar datos, y las acusaciones políticas han estado y aún están a la orden del día.

El presidente de EEUU, Donald Trump, y su escudero, el secretario de Estado Mike Pompeo, han dicho repetidamente que sospechan que fue liberado de alguna manera por el laboratorio del lugar, a lo que las autoridades chinas han respondido que probablemente lo importaron a esa ciudad militares estadounidenses que estuvieron haciendo un intercambio en octubre del año pasado.

Por otro lado, y a pesar de los aplausos en público a China por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hoy sabemos que Pekín demoró más de treinta días el informe acerca de los primeros infectados, y que volvió a demorar más de quince días la entrega del mapa genómico del virus y sólo lo hizo perezosamente luego de que un cuarto laboratorio chino lo publicara en un sitio web. Incluso entonces, China se estancó al menos dos semanas más al proporcionar a la OMS datos detallados sobre pacientes y casos en un momento en que el brote podría haberse reducido drásticamente. (i) Aún después, y con la excusa del cambio de metodología en el sistema de conteo, China retiró de las cifras oficiales los casos asintomáticos, reconoció que había algunos errores en las cantidades de fallecidos informadas y siguió con una política de escasa transparencia.

Si fue un accidente del Instituto de Virología de Wuhan, el orgullo nacional chino está en juego y se explican mucho mejor varias de las contradicciones, errores y omisiones en la información que hemos visto.

Un informe de la alianza de servicios de inteligencia compuesta por los cinco principales países de habla inglesa (Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda), conocida como “Five Eyes” (Cinco Ojos), habla de un virus de murciélago desconocido con el que se estaba investigando en el laboratorio de Wuhan, dejando claro allí que no fue creado por el hombre y tampoco se propagó de acuerdo a un plan.

En primer lugar hay que aceptar que desde la aparición del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) nos hemos visto estremecidos por diversas epidemias virológicas y en todos los casos se sostuvo lo del salto del virus desde los animales a los seres humanos (zoonosis), aunque nunca en estos casi cuarenta años se pudo identificar a los presuntos intermediarios. En todos los casos, para los “conspiranoicos”, siempre existieron versiones nunca comprobadas y siempre desmentidas sobre virus manipulados genéticamente en laboratorio y liberados por alguna imprudencia o una maldad asesina.

El laboratorio de Wuhan trabajaba y trabaja activamente en procedimientos arriesgados de manipulación genética, y sus propios estudios muestran que lo ha hecho durante al menos una década sin incidentes.

Sin embargo, es la segunda vez en los últimos tres años que su viróloga estrella, Shi Zhengli (doctorada en la Universidad de Montpellier II, Francia), especializada en los virus transmitidos por murciélagos desde 2004 y quien ha descubierto justamente los coronavirus genéticamente diversos como el SARS, tiene que jurar por su vida que un virus “corona” no se ha escapado de su laboratorio; la primera vez fue respecto a la epidemia del SARS 2002-2004 y la segunda ahora, insistiendo en que el genoma del SARS-CoV2 no se corresponde con ninguno de los miles de virus recogidos durante cinco años en las cuevas de Yunnan.

Hace muchos años ya, en 2012, en la revista especializada Nature [*] se advertía que al menos cuarenta laboratorios alrededor del mundo se encontraban investigando patógenos mortales, altamente contagiosos, que naturalmente no se encuentran en poblaciones humanas como el SARS y la Gripe “Española” de 1918. En esa publicación se analizaron las posibilidades de “fugas” de virus de esos cuarenta laboratorios, asignándole una probabilidad de al menos un 34% de un solo laboratorio en un solo año. Al analizar un período de cuatro años para cada laboratorio la chance de fuga ascendía al 80%. Se sostiene en esa publicación que si más laboratorios comenzaran estudios sobre estos virus tan altamente contagiosos y mortales la probabilidad de fugas sería aún mayor.

El Instituto de Virología de Wuhan se creó en 1956 y fue cambiando de nombre y ascendiendo dentro del sistema científico chino. Recién en 2015 alcanzó la categoría “4” necesaria en términos de bioseguridad para trabajar con los virus especialmente peligrosos. Así, esta institución, que depende de la Academia de Ciencias Chinas, es motivo de orgullo para su país y su modernización, que costó más de 150 millones de dólares, fue posible gracias a un comprometido esfuerzo de Francia (a través del Centro Internacional de Investigación en Infectología–CIRI) y de Estados Unidos a través de su laboratorio Nacional de Galveston, de la Universidad de Texas.

En 2014 el Instituto ya había conseguido un fuerte renombre internacional gracias a que por recomendación de Anthony Fauci y su Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EEUU, se hizo acreedor de varios millones de dólares de Washington para estudiar los riesgos derivados de la presencia habitual de virus tipo “corona” en murciélagos, tema que en Wuhan se estudiaba desde mucho tiempo antes. Ya en 2007, luego de muchas investigaciones y manipulaciones genéticas, los chinos pudieron informar al mundo que el murciélago era una especie de “mezcladora biológica” que permitía que estos virus mutasen y saltaran la barrera de las especies alojándose en mamíferos, entre ellos, los humanos. Nuestra ya conocida Shi Zhengli era la firmante del informe.

Según la descripción que publica el National Institute of Health (NIH) las investigaciones de Wuhan tenían tres objetivos: identificar la distribución del virus “corona” capaz de “saltar” de especies en murciélagos del sur de China; identificar esos saltos en la naturaleza y en el laboratorio; y caracterizar en vivo e “in vitro” ese riesgo de salto, para lo cual había que realizar experimentos de clonación e infecciones controladas en vivo e “in vitro”.

De acuerdo al informe del doctor Richard H. Ebright de la Universidad Rutgers publicado en la revista Nature ya citada, esto implicaba ampliar las habilidades del virus “corona” de murciélagos usando ingeniería genética para volverlo definitivamente capaz de infectar células humanas y animales en laboratorio.

El presidente Barack Obama detuvo ese tipo de investigaciones en 2014 por los riesgos que ellas suponían (y este freno incluyó al laboratorio de Wuhan, que también recibía subsidios a través de Eco Health Alliance, otra ONG con sede en Nueva York que es parte de la plataforma “One Health”, una iniciativa respaldada por gobiernos, laboratorios y entidades de Occidente, entre ellas la Fundación Gates)

Cuando Trump asumió, en 2017, esta moratoria de investigación para los laboratorios “4” fue levantada y el proyecto que involucraba a Wuhan fue revisado por las autoridades de Estados Unidos siguiendo un procedimiento secreto que enfureció en su momento a parte de la comunidad científica. Justo a fines del año pasado, el subsidio administrado por “Eco Health” fue renovado por otros cinco años y otros tres y medio millones de dólares para que Wuhan completara la parte faltante (y más riesgosa) de sus tres objetivos, es decir, los trabajo en laboratorio.

Justo entonces apareció el virus nuevo suelto, contagiando a personas. El gobierno chino reaccionó como hace siempre, imponiendo el silencio y ahogando las denuncias mientras trataba de entender qué ocurría justo en las inmediaciones de su laboratorio modelo y con un virus del tipo que ellos estaban estudiando. Como nadie podía explicar semejante casualidad empezó a ensayar hipótesis arriesgadas, como aquella de los murciélagos ofrecidos en el mercado de mariscos que está a un par de kilómetros más arriba y en la orilla de enfrente en el río Yangste.

El doctor James Le Duc, director del laboratorio de Galveston (que asesora al de Wuhan en materia de bioseguridad) se vio obligado a respaldar la teoría china del mercado de mariscos ya que sus fondos se encontraban comprometidos en el asunto. Eco Health logró mientras tanto mantenerse al margen de todo el movimiento en la prensa mundial.

Por otro lado, ¿cómo acusar de secreto, ocultamiento y engaño a un laboratorio que operaba bajo la guía y supervisión de instituciones extranjeras? ¿Cómo acusar a la OMS de connivencia con el gobierno chino cuando el laboratorio de Wuhan trabajaba por encargo de una ONG estadounidense vigilada por autoridades sanitarias estadounidenses que en diciembre le habían renovado el contrato?

En abril pasado, ya con la pandemia haciendo estragos en Nueva York, Trump decidió cancelar el proyecto de investigación sobre virus en murciélagos y le advirtió a Eco Health que sus actividades en Wuhan serían investigadas. (ii)

Como bien sabemos, “correlación no implica causalidad”, pero convengamos que la desinformación china no ha ayudado con las coincidencias señaladas.

[*] Nature.2012;481(7381):257-259 Published on line 2012 JAN 15 –Nature Publishing Group, a división of Macmillian Publisher Limited. This article is made available via the PMC Open Access Subset for unrestricted research re use and secondary analysis in any form or by any means with acknowledgement of the original source.

[i] https://apnews.com/3c061794970661042b18d5aeaaed9fae

[ii] The Washington Post, mayo 12, 2020, “Trump fueled suspicion of Wuhan lab ensnares New York nonprofit researching bat coronaviruses” por Paul Sonne y Shane Harris

COMENTARIOS