Opinión

(Hay que) Pasar el invierno

Carlos De Angelis

Sociólogo. Es docente y especializado en opinión pública. Colabora con artículos periodísticos en distintos medios.

A diferencia de los primeros tiempos donde la voz política había recuperado una inusitada autoridad legítima ésta comienza a transformarse en ruido blanco

lunes 29 de junio de 2020 - 12:00 pm

Columna publicada originalmente en Perfil

Como se puede observar a diario, la cuarentena entró en una fase irregular, en un proceso de desorientación.

Escúchame en el ruido. A diferencia de los primeros tiempos donde la voz política había recuperado una inusitada autoridad legítima ésta comienza a transformarse en ruido blanco, no por falta de mensajes sino por exceso, muchas voces enviando mensajes contradictorios.

Max Weber (en estos días de cumplieron 100 años de su fallecimiento) había definido la dominación como la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato determinado. Este término de “dominación” puede sonar fuerte, pero en la inmensa mayoría de las veces no se basa en la fuerza física, ni siquiera por el cuerpo legal que apunta a quienes por diferentes motivos quiebren las reglas. La cuarentena, más que imperio policial, se constituyó mediante un inusual consenso social, extraño en una sociedad como la Argentina fuertemente polarizada entre pro-estado contra anti-estado (la verdadera grieta).

La voz del presidente Fernández había edificado un mandato legítimo cuando a partir del 20 de marzo estableció el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio. Lo instrumentó mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia con una endeble base constitucional por lo cual tuvo que hacer referencias a pactos internacionales.

La única herramienta que provee la Constitución Nacional para restringir los derechos consagrados en ella es el Estado de Sitio. Sin embargo, el artículo 23 de la CN es a todas luces inadecuado para enfrentar una situación como la del Covid-19.  En su texto plantea que “En caso de conmoción interior o de ataque exterior que pongan en peligro el ejercicio de esta Constitución y de las autoridades creadas por ella, se declarará en estado de sitio la provincia o territorio en donde exista la perturbación del orden, quedando suspensas allí las garantías constitucionales…”.

Si bien la pandemia podría asimilarse a una situación de conmoción interior difícilmente se pueda sostener que haya implicado un peligro para el ejercicio de los poderes legales emanados del CN. En cambio, la Constitución Española concibe posibles estados de alarma, de excepción y en caso extremo, estado de sitio. Un motivo más para reformar la CN de Argentina. La última declaración de Estado de Sitio fue realizada por Fernando de la Rúa el 19 de diciembre de 2001, lo que le valió el recrudecimiento de la rebelión popular y nuevos cacerolazos, renunciando dos días después. Mal precedente.

Sentidos comunes. Vale repetir, lo que funcionó frente la pandemia fue el consenso tácito en la sociedad. En otras palabras, la opinión pública incorporó rápidamente la amenaza que se cernía sobre la población. Es claro que las imágenes de la tragedia en Italia y España funcionaron como heurísticos para la comprensión del problema incluso mucho antes de la prédica ubicua de los infectólogos y epidemiólogos, patrones de la ciencia que ya empiezan a ser mirados con desconfianza por la audiencia cuando comienzan a dar sus evaluaciones políticas, y comienzan a ser evaluados por algunas encuestas de opinión.

Para llegar a la situación actual de desarme de la cuarentena, en un marco donde efectivamente crecen con velocidad los contagios y las lamentables defunciones concurrieron diferentes cuestiones. Primero la paradójica situación de que el impacto sanitario en Argentina fue menor que en otros países del mundo y de la región. El éxito de la cuarentena temprana indujo a pensar que la cosa no era tan grave. Luego, por supuesto el agotamiento que provoca el propio encierro. La rutinización y la convivencia 7 x 24 horas en familia causa efectos adversos que solo se sostienen en épocas de vacaciones, también se asiste a la necesidad de reencontrarse con amigos y otros seres queridos. En tercera instancia, el efecto demostración de la televisión que mostró en sus programas que la vida seguía sin cambios, sin distanciamiento ni barbijos. En la misma dimensión se ubica a la clase política y a la esfera gubernamental afectos a los abrazos que sellan alianzas y muestran cercanía, recomendación permanente de algunos consejeros de la comunicación política. En cuarta medida, las prácticas deportivas al aire libre indujeron a pensar que, si “ellos” pueden ir a correr porqué “yo” no puedo visitar un familiar, especialmente en fechas como el día del padre. Como si esto fuera poco italianos y españoles se preparan para disfrutar el verano en playas y centros de veraneo.

Llovido y mojado. Todas estas señales se dan en el contexto general del declive económico, el cierre de comercios e industrias, y la discusión anexa sobre la correlación entre las medidas de contención de virus tomadas por los diferentes países y la caída de los productos nacionales sin precedentes desde la gran crisis del ´20. En esta ensalada también resalta la nueva militancia anticuarentena y la discusión sobre el destino de Vicentin, su posible (¿o lejana?) estatización, así como también se abre la discusión sobre los problemas financieros de Sancor y de otras empresas que se encuentran en situación muy delicada, y que en conjunto demandarán ayuda del Estado so pena de quebrar elevando fuertemente la desocupación.

Las herramientas del gobierno parecen pocas. Por un lado, intenta refutar argumentos de que la cuarentena está deteniendo la actividad, y con algunos debates que encabeza el propio presidente. Sin embargo, la sensación generalizada es que el Jefe de Estado que se ha quedado en soledad sosteniendo al Coloso de Rodas de la lucha contra el coronavirus. Algunos actores del Frente de Todos prefieren el silencio en esta situación (¿apostarán al desgaste?) mientras la oposición vuelve lentamente a reconstituirse. El conjunto del proceso comunicacional de la crisis y su salida se ha vuelto denso y confuso. En este contexto se propone una vuelta por quince días al aislamiento total (la llamada fase 1).

Esto implicaría la detención casi completa de la actividad en el Área Metropolitana de Buenos Aires e incluso la virtual desaparición del transporte público. La sociedad observa, ahora como espectadora este nuevo proceso, medita sobre su complacencia frente a la nueva instancia y ya presume que la situación recién se aliviará cuando pase el invierno.

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