Educación

¿Qué hacer con los 10 millones de alumnos que solo fueron dos semanas a la escuela?

La vuelta a clases se concretará a partir de agosto en las regiones donde haya menos contagios.

domingo 28 de junio de 2020 - 1:05 pm

A 101 días de haber iniciado la cuarentena, y más allá del arduo trabajo docente mediado por la virtualidad, el retorno a la presencialidad continúa siendo un tema en cuestión y de preocupación para muchos padres. En lo que va del año, los alumnos asistieron solamente dos semanas a las aulas y en muchos distritos el regreso se ha vuelto una cuestión muy lejana de alcanzar.

Para aquellas regiones que presentan una bajo número de infectados por coronavirus, la vuelta a clases está prevista para agosto, luego del transcurso de las vacaciones de invierno. Mientras tanto, el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y ciudades como Resistencia, Chaco, deberán esperar aún más.

En ese sentido se propuso que la asistencia a clases sea alternada. El distanciamiento de al menos metro y medio en las aulas forzará a dividir los cursos en por lo menos dos grupos. Por ejemplo, el grupo A concurrirá lunes, miércoles y viernes, mientras que el grupo B irá martes y jueves. La semana siguiente cambiaría el orden de los grupos para repartir equitativamente los días.

A pesar de la definición de las propuestas sanitarias, el interrogante se encuentra en cómo reescolarizar a 10 millones de alumnos que atravesaron una experiencia inédita. Para ello, varios especialistas, consultados por Infobae, explicaron cómo debe ser la nueva escuela.

“Es imprescindible que las escuelas diseñen propuestas para el reencuentro después de tanto tiempo, para socializar entre compañeros, con los docentes, y que permitan aprender las nuevas pautas y las formas de cuidado que planteen los protocolos sanitarios. No podemos pensar que volveremos a las aulas igual que como las dejamos en marzo porque la pandemia plantea una experiencia emocional muy fuerte para todos”, planteó Sandra Ziegler, directora de la maestría en Educación de FLACSO.

Guillermo Jaim Etcheverry, presidente de la Academia Nacional de Educación, piensa que el primer paso a dar es diagnosticar. “Más allá de la recreación del singular clima de tarea en común que representa la escuela, lo primero es determinar los conocimientos y las habilidades básicas con las que han regresado los chicos. Me refiero a la lectura, la escritura, la capacidad de abstracción”.

Melina Furman, profesora de la Universidad de San Andrés, remarcó la necesidad de definir qué contenidos son los irrenunciables, aquellos que no pueden dejar de ser aprendidos, pero también llamó a buscar desarrollar el “oficio de estudiante”. “Que se trabaje para que puedan organizarse, autoevaluarse, reflexionar sobre lo aprendido, decir la consigna con sus propias palabras. Un montón de capacidades que ayudan a aprender de manera autónoma. Siempre ha sido importante, pero ahora es aún más urgente”, subrayó.

Irene Kit, presidenta de la Asociación Civil Educación para Todos, propuso organizar el proceso de enseñanza-aprendizaje en torno a proyectos que integren distintas materias y se conecten con la realidad cotidiana de los estudiantes y hagan partícipes a las familias -”no solo las familias letradas, sino todas”-. “Ya llegará el momento de decidir cómo calificar en la cuadrícula restrictiva de los boletines: ahora importa más el aprendizaje significativo, interesado, productivo y que pueda vincular a todas las familias desde el lugar del saber y con menor cantidad de estrés para entender consignas ajenas a la realidad diaria”, consideró.

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