Alimentación

Seis trucos para cortar una cebolla sin llorar

Técnicas y recomendaciones para no irritar las vías respiratorias y ojos

sábado 11 de julio de 2020 - 7:01 am

Una serie de aceites esenciales, como el sulfóxido de triopropanal, casi todos con algún átomo de azufre, son los que al romper el tejido de la cebolla, se desprenden y pasan a forma gaseosa. De este modo ascienden hasta encontrar las vías respiratorias y ojos, cuyas mucosas irritan, provocando las lágrimas como respuesta defensiva para diluir el compuesto y lavarlo del ojo.

Seis trucos para cortar cebolla sin llorar:

Enfriarlas en la heladera: por norma no es recomendable guardar las cebollas ni los ajos allí, pues se desecan en exceso y pierden parte de su sabor, aunque no están entre las hortalizas que peor responden al frío. Por lo tanto es plausible enfriarla una hora o dos antes de cortarla. Con ello, restaremos energía al sulfóxido y por lo tanto parte de su capacidad de gasificarse y llegar a los ojos. Si la cortamos rápido antes de que retome su temperatura notaremos mucho menos escozor.

Lavarlas antes de cortarlas: si una vez desprendida la capa seca les damos un pase por el agua de la canilla, lavaremos el sulfóxido superficial y rebajaremos el nivel de las emanaciones.

Usar un cuchillo bien afilado y sin muescas: no usar cualquier cuchillo, y mucho menos uno de sierra de cortar bifes. Estos suelen estar poco y mal afilados y en lugar de cortar lo que hacen es machacar la zona de corte, triturar los tejidos y liberar exponencialmente mucho más sulfóxido, asegurando las lágrimas. La solución es usar uno de cocina bien afilado y sin muescas en el filo, que corte limpiamente las capas. Existen para tal fin los “cuchillos cebolleros”

Usar una tabla de cortar de resina: cortarla en una mesa, o sobre la encimera, obliga a inclinar el cuerpo hacia adelante, de modo que exponemos los ojos a las emanaciones de sulfóxido. En cambio si cortamos en una tabla, la elevación que esta supone nos obliga a echar el cuerpo atrás, alejando los ojos del gas irritante. Mucho mejor si la tabla es de resina por que en las de madera los jugos del corte pueden introducirse en los poros y se hacen más difíciles de lavar.

Evitar corrientes de aire: pueden llevarse las emanaciones de sulfóxido a otro lugar, pero para ello tienen que ser lo bastante potentes, y entonces resultarán incómodas. En cambio si son débiles lo que harán es favorecer más emanaciones porque estarán continuamente desaturando la atmósfera inmediata y enviándonos los gases directamente a la cara.

Cortar con método: hay que cortarla de una manera sistemática, de modo que se produzca el mínimo de rotura de las capas, lo que favorecería grandes emanaciones de sulfóxido. La mejor manera es cortar con la piel seca incluida los dos polos de la cebolla de manera que quede con asiento plano por ambos lados. Luego, asentada, se parte en dos mitades y las mismas, así, se descortezan fácilmente, quedando la carne que deseamos cortar.

Fuente: Consumo claro

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