Opinión

El desafío de una política exterior equilibrada entre EE.UU. y China

Alan Abud

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales y estudiante de Dirección de Negocios Globales. Escribe artículos de opinión sobre política nacional e internacional en su página de Instagram @minutocanciller_

viernes 26 de junio de 2020 - 12:07 pm

La rivalidad entre EEUU y China se ha estado profundizando con motivo de la pandemia. Desde la llegada de la misma al país norteamericano, Trump no ha perdido oportunidad de culpar al Gigante Asiático por su irresponsabilidad en el manejo del coronavirus.

Es por ello que, con la excusa de que la OMS había ocultado información sobre la pandemia en beneficio de China, EEUU anunció que dejará de pagar las cuotas que le corresponden como miembro del OMS. Es el mayor aportante con 400 millones de dólares anuales y, si la medida se efectiviza, representará un agujero presupuestario difícil de sostener. En línea con Washington, el viceprimer ministro y titular de Finanzas de Japón, Taro Aso, sugirió que la OMS debería cambiarse el nombre a Organización China de la Salud. El político también alertó de la influencia de Pekín en el organismo y criticó su actuación durante el inicio de la pandemia. Por último, Australia no fue menos y se manifestó a favor de una investigación independiente en China para descubrir el origen de la pandemia.

Por el lado contrario, Pekín también ha sabido tejer sus redes de apoyo. África, una de las regiones más beneficiadas y dependientes de la ayuda económica china salió a respaldar fuertemente el accionar de la OMS frente a la pandemia y a repudiar el discurso contra China por parte de EEUU.

La crisis del Covid-19 tensó aún más las relaciones entre las dos principales economías del mundo. Si bien sería un error afirmar que el mundo va hacia una división bipolar como en la época de la guerra fría, donde los países estaban obligados a tomar una posición tajante, esto es, plegarse detrás de EEUU o la Unión Soviética, está claro que en el nuevo orden al que se dirige el sistema internacional los estados deberán sentar algún tipo de posición.

He aquí donde radica el desafío para la cancillería argentina actual y los próximos gobiernos: cómo tomar una posición en la que ambos estados estén satisfechos y la Casa Rosada pueda obtener réditos. Argentina, con una economía cada vez más dependiente del comercio con China, no puede darse el lujo de tomar decisiones que generen rechazo en el Partido Comunista. La economía podría verse profundamente perjudicada si el Gigante Asiático tomara medidas económicas en represalia. Aquellos estados que han intentado alzar la voz contra China pagaron un alto precio. Por el contrario, tampoco puede oponerse a EEUU, quien detenta la hegemonía en la región. Argentina no puede privarse de tener buenas relaciones con el país norteamericano. La negociación de la deuda, el comercio y las inversiones obligan a plantear una agenda de política exterior que no le dé las espaldas a Washington.

En este “equilibrio” que la cancillería debe realizar, las acciones tomadas muestran una inclinación en favor de los asiáticos. Retomando las acusaciones de Washington a Pekín sobre la gestión de la pandemia, la Argentina sentó posición. En el mes de abril el país firmó un documento, junto con 28 países, donde se apoya a la OMS y se repudia la decisión de desfinanciar al organismo por parte de la Casa Blanca. El mismo representa una abierta defensa al régimen de Xi Jinping y a su gestión. En adición, reforzando esta posición, el Partido Justicialista le envió una carta al presidente de China para respaldar a la administración de Xi Jinping. Argentina apoyó y China respondió con donaciones de insumos médicos para combatir la pandemia.

Si bien Argentina mostró una inclinación por el gigante asiático, eso no implica tener que rivalizar con el “enemigo de mi amigo”. Un claro ejemplo está a la vista: en ningún momento cuestionó a Estados Unidos por su gestión de la pandemia mientras que sí lo hizo con Chile, Brasil, entre otros.

El único encontronazo se dio, producto de los dichos de Alberto Fernández contra el apoyo de Trump al gobierno de transición de Jeanine Añez en Bolivia en el mes de noviembre. Las relaciones han sido cordiales desde el inicio. En el último mes el canciller mantuvo una conversación con el secretario de estado Mike Pompeo donde este último rescató la importancia de Argentina como socio para lograr la seguridad y prosperidad de la región.

En las relaciones con ambos países pesa la cuestión económica y es aquella la que termina por inclinar la balanza a favor del régimen comunista. Hoy China es un socio económico más importante que EEUU y sabe capitalizar esta situación y aprovechar esta ventaja. El embajador chino en Buenos Aires quiere profundizar más las relaciones entre ambos países a fin de lograr una asociación cooperativa estratégica. Ello no solo implica mayores beneficios mutuos, sino también una mayor cooperación en tecnología, defensa y ciencia.

Aquí nuevamente aparece la pregunta: ¿hasta qué punto puede la Cancillería inclinar la balanza a favor de China sin levantar sospechas o reclamos de la Casa Blanca? Pekín tiene intenciones de profundizar la cooperación en áreas sensibles para Estados Unidos, sobre todo si la voluntad del país asiático es construir una cuarta central nuclear en el país y desembarcar con su nueva tecnología 5G. Estados Unidos ha instado y condicionado a que sus principales aliados rechacen la utilización de esta tecnología china ya que, según sostiene, el Partido Comunista Chino está detrás del desarrollo de esta red. Como consecuencia, datos e información confidenciales de los estados quedarían expuestos y a disposición del gobierno chino.

Las rivalidad por poder e influencia entre China y EEUU es algo a lo que tenemos que acostumbrarnos. Así como EEUU pisa fuerte en el sudeste asiático, China, de la mano de su abultada billetera, viene a disputar la influencia en Latinoamérica. Lograr un equilibrio y beneficiarse de los “dos mundos” será un gran desafío que deberá afrontar la cancillería.

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