Opinión

La economía de Argentina, un paciente en riesgo

Tristán Rodríguez Loredo

Licenciado en Economía y Master en Sociología. Editor y profesor universitario

La pandemia agravó los desequilibrios de un sistema económico debilitado por la mala praxis y el cortoplacismo. Ahora enfrenta híper recesión, desempleo, cierre de empresas, déficit fiscal y aumento de la pobreza

jueves 25 de junio de 2020 - 2:18 pm

Columna publicada originalmente en Diario Perfil

 

El afamado y noble economista británico John Maynard Keynes (1883-1946), aficionado al ballet clásico (su esposa Lydia Lopokova fue una gran bailarina rusa) pero sobre todo a generar debate en la elite intelectual de la época, obtuvo su gran triunfo luego de fallecido.

Algunos lo han leído con atención, bastantes más hablan de sus teorías, pero ganó consenso entre políticos que tienen que lidiar con el karma de la economía de todos los tiempos: lidiar con la escasez. “A largo plazo, estamos todos muertos“, sentenciaba.

El problema no era su frase, que pinchaba la burbuja de supuestos en los modelos económicos que muchas veces se distanciaban de las exigencias de la realidad, sino que se sacó del contexto en el que se mencionó como hoja de ruta de las políticas económicas para combatir la gran depresión en los años 30 del siglo pasado.

Más que el uso, fue el abuso de estas ideas provocadoras las que, en el caso argentino, fueron minando la confianza y socavando las estructuras del sistema económico nacional que ahora enfrenta una tormenta perfecta: sobre la recesión, amenaza de default, desempleo y pobreza en aumento, llegó la pandemia.

¿Cuál será el efecto final sobre la economía durante este año? Haciendo un repaso de las 10 variables clave en el tablero de control económico, se podría proyectar:

  1. Inflación. Dura de matar. Hace 15 años que la inflación real está en los dos dígitos y terminó con 54% en 2019. Luego de dos meses en retroceso a marcha forzada, la pandemia activó los mecanismos de control de precios y de cambios, congelamientos de tarifas y cierre de locales que arrojó los menores índices en mucho tiempo. Pero no es sostenible cuando la reactivación aparezca en el horizonte y augura más pujas y conflictos por acomodar los precios en el día después.
  2. PBl. El FMI ya avisó que, en el caso argentino, la incidencia (-10% de caída) será más grave de lo que se pensó en otro momento y la de los países de la región. La caída del 5,5% estimada en el producto para el primer trimestre del año comparada con el del año pasado sólo incluyó 10 días de cuarentena. Por eso se proyecta -15% para el segundo trimestre y un promedio de más de 10%
  3. Actividad industrial. La UIA estima que en abril cayó 30% con respecto al año pasado, la mayor caída en 25 años y 12% en el primer cuatrimestre comparado con 2019. La recuperación no sólo obedecerá a los permisos y protocolos de apertura segura sino al normal abastecimiento y la recuperación de la cadena de pagos.
  4. Desempleo. Los primeros cuatro meses del año arrojaron una tasa de desocupación abierta del 10,4%, superando en poco al 10,1% del año pasado, pero con la salvedad que sólo tomó un mes de cuarentena, que no contempla el subempleo y que existe una prohibición formal de despidos más la doble indemnización. Sin estos resguardos, seguramente treparía al 21,5% de junio de 2002 pero también implica que falta caer a medida que vayan cerrando empresas o despidiendo de hecho y augurando una recuperación más lenta.
  5. Nivel de salarios. La promesa electoral de recuperar el poder adquisitivo no arrancó y sólo permitió mantenerlo con respecto al año anterior hasta antes del ingreso en cuarentena. En febrero había subido 54% con respecto al mismo mes del año anterior, similar a la inflación. Claro que es un promedio y antes de las paritarias del 2020 que están arrojando cifras menos o postergándose. La recesión, la amenaza de desempleo y el cierre total o parcial de actividades proyectan una lógica caída del salario real durante el año.
  6. Pobreza. Otro indicador que vino agravándose en los últimos dos años (35,5% en el segundo semestre de 2019) a medida que la incertidumbre, la inflación y la devaluación fueron acentuándose. Estos mismos componentes potenciados por la desocupación creciente en el segmento informal elevará todos los niveles de pobreza, aún con el máximo esfuerzo de las redes de contención.
  7. Déficit fiscal. La proyección para este año arrojaría un 7% de rojo en las cuentas fiscales (1% fue el final de 2019) por el crecimiento de los gastos sanitarios, los subsidios laborales, a las actividades y energéticos combinados con una caída de la recaudación fiscal sin precedentes en todos los niveles.
  8. Inversión. La llave del crecimiento económico es el aumento de la mediocre tasa de inversión sobre el PBI que oscila el 16 y el 18% para el último lustro se verá afectada este año por el corte de la cadena de pagos, las nulas expectativas de mejora en el corto plazo y el desaliento mediante amenazas de mayor presión impositiva.
  9. Reservas Banco Central. Los números nominales hablan de reservas de US$ 43.200 millones a junio, pero las de libre disponibilidad van bajando a medida que se erosiona su base y caen lentamente los depósitos en dólares en los bancos. La renegociación de la deuda no aliviaría la situación, pero tampoco la agravaría. En todo caso, sería un alivio para no entrar en una zona de alerta.
  10. Balanza comercial. En abril, según el INDEC, las exportaciones sumaron US$ 4.330 millones (- 19% con respecto a abril de 2019) y las importaciones fueron de US$ 2.920 millones (-30,1%). La crisis castiga más las importaciones, pero también aplasta las exportaciones (si bien el precio de los commodities no sufrió tanto como otros) a medida que la política de control de cambios aplasta al dólar oficial. La crisis profundiza la tendencia de este siglo de baja permanente del volumen global del comercio exterior.

El panorama puede ser desolador pero la proyección de la realidad actual no admite miradas alegremente optimistas que terminan desalentando el compromiso en las redes de contención.

Y en el caso argentino, claramente la gambeta al largo plazo fue generando la factura que llegó con el coronavirus. Un aprendizaje que, como en otros órdenes de la vida, llega sin que lo convoquen para modificar la cultura económica y el comportamiento social.

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