Opinión

Deuda empantanada y Vicentin, combo perfecto de incertidumbre

Marcelo Bonelli

Periodista

La nueva negociadora de BlackRock exigió cambios en las cláusulas legales. El ministro Guzmán retrucó que eso vulnera la soberanía. Mientras tanto, el Presidente, en público, reivindica la idea expropiadora de Cristina. Pero en secreto sondea otra solución, una salida no coercitiva para la empresa cerealera

viernes 19 de junio de 2020 - 8:55 am

Columna publicada originalmente en Clarín

Martín Guzmán repitió la inquietante frase: “Por instrucción del Presidente, no podemos movernos de esta última oferta”. El “zoom” titilaba en las lujosas computadoras de los “lobos” de Wall Street. El ministro agregó: “No tenemos forma de pagar más del 50 % del valor presente neto de la deuda”.

La escena fue un calco en las tres reuniones que Guzmán tuvo con el trío de comités de acreedores de la Argentina. Jennifer O´Neill, la nueva negociadora de BlackRock, fue firme en su respuesta: decidió clausurar el diálogo.

La diferencia –en plata– entre ambas propuestas: 7.400 millones de dólares. BlackRock reclama un pago del 56,5 %. La abogada O´Neill también clavó una daga: le exigió a Guzmán que acepte cambios en las cláusulas legales de los bonos.

El ministro contragolpeó: le retrucó que ese reclamo vulnera la soberanía argentina. BlackRock había pedido atar esas complejas cláusulas a que Argentina acepte por 20 años, someterse a las auditorías del FMI​. Guzmán dijo: “Es inviable. Una inaceptable pérdida de derechos”.

Los múltiples testigos que consultó Clarín indican que fue un momento de máxima tensión. El duro clima se trasmitió –incluso– por cada pantalla: así fue como se empantanó la negociación de la deuda externa. La abogada O´Neill hizo un informe para la cúpula de BlackRock. La nueva negociadora informó que las formas que usa el ministro complican y demoran las decisiones.

La negociadora expresó una opinión que repiten los “lobos” de Wall Street: que Guzmán insiste en errores y quiere terminar haciendo una oferta unilateral, a un valor que los bonistas ya rechazaron.

La cuestión se trató en una cena a solas entre el Presidente y el ministro. Se extendió hasta la madrugada del jueves y, en ese diálogo, Alberto Fernández​ le dio un espaldarazo al ministro: suscribió todo lo actuado por Guzmán. El Presidente sabe que Guzmán está bajo fuego cruzado y por eso multiplicó su gestos de apoyo.

La intransigente posición de O´Neill expuso la superficialidad en la Casa Rosada. Hace tres semanas se vivió en Olivos como una victoria el reemplazo de negociador oficial de BlackRock. Como anticipó Clarín, fue desplazado Gerardo Rodríguez.

Ocurrió fruto de una conversación entre Guzmán y el “mandamás” Larry Fink. Argentina elevó una queja formal por las bravuconadas del mexicano. Jennifer O´Neill es educada y agradable. No insulta, ni amenaza como el mexicano. Pero en cuestión de dinero, es igual de inflexible.

También quedó expuesto el error diplomático –y van…- de solicitar una intermediación del presidente de México. Andrés López Obrador​ es amigo del banquero Fink. Su gestión fue un fiasco: habló, pero BlackRock no aflojó nada.

Dicen que el pedido fue contraproducente: López Obrador es una figura refractaria en Wall Street. Este jueves, en el más estricto secreto, hubo negociaciones con Manhattan. Fue después de otro diálogo entre Fernández y Guzmán. Clarín confirmó que Argentina –aunque haya silencio– seguirá negociando todo el fin de semana. El propio Guzmán transmitió un mensaje conciliador: Argentina no quiere romper con el sistema financiero internacional.

El ministro dio –además- dos señales de diálogo. Primero, anunció tres licitaciones, con el objeto de adecuar el mercado de deuda pública en pesos. Era algo que pedía el poderoso PIMCO y otros 15 “lobos” de Wall Street.

También decidió seguir negociando y no anotar en la SEC -y hacer definitiva- la contrapropuesta de pago. El nuevo plazo para negociar: el lunes próximo. El fin de semana van a pasar muchas cosas. Los banqueros sostienen que, a esta altura, solo una cuestión puede torcer las cosas: la intervención directa del Tesoro de Estados Unidos. BlackRock corre con ventajas: es el agente financiero de la Casa Blanca y parece “caballo de comisario”.

Además, el Gobierno trabajó poco y sin éxito sobre el Tesoro. Ni la Cancillería, ni la Embajada en Washington logran una interlocución con funcionarios que tengan poder de decisión en la administración Trump.

Tampoco ayuda el publicitado -por voceros de la Casa Rosada- “apoyo” del Papa. Francisco apoya la propuesta argentina. Pero es de principiantes interpretar que va a inquietar a los “tiburones” de Manhattan.

Hasta ahora, Argentina no exploró –como corresponde– ese apoyo del Tesoro. La Casa Rosada tiene una posición distante y sabe que tendría –para eso– que sacrificar parte del antiguo y perimido relato de Cristina.

El FMI sigue jugando en forma ambivalente. Kristalina Georgieva se llena la boca con de declaraciones, pero no termina de jugar fuerte a favor de la Argentina. La habitual hipocresía del FMI. Al Presidente le advirtieron que un default firme, puede generar una inestabilidad de la economía. Argentina tiene todas las variables fuera de control: déficit fiscal enorme, emisión infinita, inflación, brecha enorme del dólar y depresión productiva.

El anuncio de la estatización de Vicentin​ fue un detonador. En el mundo empresario se diluyó la idea de la moderación de Alberto y se instaló la convicción de que Cristina es quien decide en el Gobierno.

La cuestión provocó la reacción –como nunca- del establishment: se ven amenazados por una estrategia estatizadora. Ocurrió cuando la compañía tenía sondeos de compra y salvataje de cuatro grupos: Glencore, Ceivo, Alaria-ACA y del empresario Esteban Zombory, ex -Noble. El Presidente, en público, revindica la idea expropiadora de Cristina. Fue a partir de un informe del polémico Ricardo Echegaray.

Pero en secreto y frente al impacto político de la medida, sondea otra solución. Clarín confirmó que se negocia una salida no coercitiva. En las últimas tres jornadas, hubo múltiples reuniones y una inesperada persona fogonea ese acuerdo: el propio interventor Gabriel Delgado. Alberto le dio vía libre a la negociación y existen dos impulsores políticos: Omar Perotti y el ministro Wado de Pedro.

También hay un importante emisario y participan las cooperativas -acreedores- de Coninagro. Carlos Iannizzotto, titular de Coninagro, está muy activo, así como la cúpula de la Asociación Cooperativa Argentina: Claudio Soumoulou y Norberto Niclis.

ACA estaría dispuesta a capitalizar sus acreencias con Vicentin y conducir la firma con un nuevo formato accionario. En todos los casos se juega tiempo de descuento: el interventor y Coninagro quieren dar algunas señales de racionalidad de inmediato. Se preparan marchas y reclamos en Santa Fe.

El traspié del anuncio, y la influencia de Cristina, le generaron dos problemas a la Casa Rosada: le dio una bandera impensada a la oposición hasta ahora en desbandada, y generó una profunda incertidumbre entre los empresarios. Patricia Bullrich​ dijo: “Vicentin es la resolución 126”.

Los negociadores secretos insisten en que tienen un aval impensado: Máximo Kirchner. El diputado en esas reuniones secretas aclaró: “No hay un plan de expropiaciones masivas”. Pero pretende una solución “a lo YPF”: que el Estado participe del paquete accionario de Vicentin.

Hay muchas cosas en juego. También muchas contradicciones. Hasta el jueves a la noche, Sergio Nardelli abrió un impasse: espera el fruto de las conversaciones; si no, iniciará el contragolpe judicial.

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