Opinión

Que volar no vuelva a ser un lujo de ricos subsidiado por los pobres

Aldo Abram

Licenciado y Master en Ciencias Económicas. Profesor e investigador.

No es cierto que para conectar el país se necesite una aerolínea de bandera. Hay que abrir los cielos dejando que, con regulaciones claras y buenos controles, cualquier empresa pueda volar en Argentina

jueves 18 de junio de 2020 - 1:37 pm

Columna publicada originalmente en Infobae

No extraña que Latam haya decidido dejar la Argentina. Saben que este Gobierno no va a ser imparcial a la hora de tratar a las empresas privadas y es altamente esperable que les haga la vida difícil para facilitarle el “negocio” a Aerolíneas Argentinas. Vemos cómo a ésta hace años le pagan las pérdidas; mientras todas sus competidoras privadas tienen que arreglárselas con su propio capital, lo cual es lo que corresponde.

Lo que es ilógico es tener una aerolínea del Estado que, desde que fue estatizada, perdió entre USD 5.800 y USD 7.000 millones, según la estimación que se tome.

Muchos dirán que es porque tiene que conectar puntos del país a los que otras empresas no viajarían. Las auditorías realizadas muestran que las mayores pérdidas son por vuelos al exterior a lugares donde ya vuelan otras aerolíneas.

Lo que sucede es que los beneficios que reciben las tripulaciones por ir a esos destinos son mayores a los de los de “cabotaje” y mayores aún que los de otras grandes competidoras internacionales. Así se demuestra que no es cierto cuando dicen que estatizan una empresa para los argentinos.

En realidad, sus dueños, los que se benefician, pasan a ser los políticos, funcionarios de la compañía y los gremios; mientras que, para los argentinos, sólo queda pagar la “fiesta” con impuestos. Tengámoslo en cuenta, para que no nos engañen de nuevo, como ahora intentan hacerlo con el caso Vicentin.

No es cierto que para conectar el país se necesite una aerolínea de bandera. Hay que abrir los cielos dejando que, con regulaciones claras y buenos controles, cualquier empresa pueda volar en Argentina. La competencia hará que los pasajes sean más baratos, beneficiando sobre todo a las personas de menores ingresos.

Si hay plazas a las que estas compañías no quieren viajar, debe hacerse una licitación donde las “aéreas” pidan un subsidio para ir allí, bajo ciertas condiciones fijadas por el Estado. Luego, se le otorga esa ruta a la que pidió el menor subsidio. Esto es mucho más barato que el actual festival de privilegios que debemos pagar por año los contribuyentes.

Uruguay, por ejemplo, cerró su aerolínea de bandera. Lo hizo un gobierno de izquierda como el Frente Amplio con su quebrada empresa estatal y no se ven manifestaciones de uruguayos reclamando por ello. Debe ser que son conscientes de que todo lo que perdía esa empresa significaba mayor presión impositiva o dejaba de destinarse a prestar bien las funciones indelegables que tiene todo Estado.

La salida de Latam de la Argentina disminuirá la competencia y nos irá retrotrayendo al pasado, con pasajes caros que, de todas formas, no logran compensar las pérdidas de una aerolínea estatal casi monopólica. Así, viajar en avión volverá a ser un lujo de ricos subsidiado con impuestos de los pobres.

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