Analisis

Secretos del Bayern octacampeón: la constante reinvención de un gigante

Por: Joaquín Chomicki

Siempre cambiante, pero siempre igual: la receta de Hansi Flick para rejuvenecer al eterno campeón y apuntar de vuelta a Europa

Se podrá decir que su poderío le permite comprar a los mejores jugadores del país, que gana con la camiseta o que sus rivales no tienen el nivel suficiente para destronarlo. No sería una falta a la verdad, pero eso es solo la punta del iceberg que esconde una estructura gigante, constantemente en reinvención para seguir en lo más alto. Antes y después de la cuarentena, Bayern Múnich se erige como el cuadro más en forma de Europa, ya ganó la Bundesliga a dos fechas del cierre y ahora va por su sexta corona continental. ¿Cuál es la fórmula del octacampeón alemán?

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Ganó la mitad más uno de los campeonatos desde la creación de la Bundesliga en 1962, alcanzó su 30° campeonato alemán en toda la historia, levantó 5 Champions League y la última frente a su derbi moderno en 2013. Pero siempre quiere más. En Baviera están un paso adelante del resto y no esperan a que un ciclo termine de agotarse para empezar el recambio y volver a ser, pasen los nombres que pasen.

La actual seguidilla de títulos comenzó con el arribo de Jupp Heynckes en 2011, luego de que echaran al Louis van Gaal y acto seguido a su compatriota Andries Jonker con solo dos meses en el cargo. Le llevó dos años de reestructuración y formación sin ganar nada importante, pero en 2013 le cortaron la racha al estupendo Borussia Dortmund bicampeón de Jürgen Klopp y le ganaron una final de Champions histórica.

Terminó la fiesta y Heynckes dio un paso al costado. Firmó Josep Guardiola, quizá la única apuesta económica fuerte de un club que no suele gastar mucho en comparación con sus contrincantes europeos: de hecho, en la tabla de los equipos que más gastaron en la última década recién aparece en el puesto 14.

Tras un tricampeonato con un máquina de jugar y ganar, Pep y la dirigencia decidieron cortar el vínculo antes de que llegue el desgaste, y allí empezaron a deambular entre Carlo Ancelotti, Willy Sagnol, la vuelta de Heynckes y la apuesta de Niko Kovac. Con algunos fracasos internacionales pero sin dejar de ganar el campeonato y sin ponerse colorados para cambiar de DT, la llegada de Hans-Dieter Flick le devolvió a la Bestia Negra su esencia más íntima.

En el momento de su arribo, los Rojos apenas arañaban puestos de clasificación a las copas y parecían desgastados. Con Kovac habían disputado 10 partidos de liga, con un saldo de 5 victorias, 3 igualdades y 2 derrotas. Con perfil bajo y un proyecto de juego en marcha, el exmediocampista le lavó la cara al equipo e hizo renacer la bestia: de los 22 partidos subsiguientes con Flick, ganaron 19, empataron uno y cayeron apenas dos veces. En ese lapso, rompieron el récord histórico de goles en un mismo campeonato alemán. En la UCL también levantaron y ya antes del parate habían cerrado con un 3-0 ante Chelsea en Stamford Bridge, por la ida de los octavos de final. Desde la vuelta del fútbol, por ahora ganaron todo…

Con un columna vertebral pesada formada por Manuel Neuer, Jerome Boateng-David Alaba, Thiago Alcántara, Thomas Müller y Robert Lewandowski, el ex ayudante de campo de la selección alemana rodeó a los históricos del plantel con jóvenes promesas a los que nunca le pesó la camiseta. La compra de Benjamin Pavard, la aparición estelar de Alphonso Davies, la consolidación de Joshua Kimmich, la elasticidad de Leon Goretzka y la habilidad de los extremos Serge Gnabry y Kingsley Coman hicieron mover un engranaje que necesita aceite mucho y del mejor.

La principal característica del plantel fue el polifuncionalismo y el recambio sin dañar el funcionamiento. Con las lesiones de Niklas Süle y Lucas Hernández, Alaba tuvo que pasar a la zaga central y su puesto lo ocupó el joven canadiense de 19 años, que pasó de ser extremo izquierdo a lateral y ya es de los mejores del mundo (aunque también puede jugar de puntero derecho, como hizo la semana pasada para asistir ante Frankfurt y obtener el pase a la final de la Copa de Alemania).

Pavard también mutó pero de central a lateral derecho, para ocupar la vacante que dejó Kimmich; no porque este último no rindiese ahí, sino porque pasó de sobresalir por la banda a hacerlo de mediocentro con la misma facilidad. A su lado, quizá el mejor jugador del torneo y el titiritero del elenco, Thiago. Sin embargo, en los últimos partidos el español faltó por lesión y la promesa de la selección, Goretzka, se adaptó a jugar unos metros más atrás para cubrirlo. Nota aparte merecería Müller, la practicidad hecha futbolista; todo lo que hace es productivo para el equipo y esta vez se destacó detrás del único punta.

Ivan Perišić peleó el puesto por la banda con Gnabry, que tiene continuos destellos de crack (como cuando hizo cuatro goles en el 7-2 a Tottenham). Philippe Coutinho lució, pero tambaleó un rato y se lo comieron: no seguirá. Coman, tras una dura continuidad de lesiones que lo perjudicaron en sus comienzos, gozó de buena salud para activar el ataque por el otro sector, con dos extremos -aunque con mucha menos trayectoria- que intentaron hacer recordar al dúo Ribéry-Robben de los años dorados. Arriba, el mejor 9 del mundo: el polaco Lewandowski metió 31 goles y parece difícil que alguien le prive de ganar su primera Bota de Oro como máximo goleador europeo.

Ni las promesas del Dortmund, ni la explosión de Leipzig, ni el juego fresco y de alto vuelo de Borussia Mönchengladbach y Bayer Leverkusen pudieron tumbarlo. Aún en el mejor momento de la Bundesliga en los últimos treinta años, como la mejor representada de las ligas europeas con tres créditos nacionales en octavos de final de Champions y tres de Europa League. Incluso viendo la punta de lejos en el primer semestre,  Bayern sigue siendo Bayern, y parece imparable.

 

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