Alimentación

¿Qué es más perjudicial, grasas o azúcares?

Qué rol juega cada una y qué sucede cuando se combinan ambas

martes 23 de junio de 2020 - 7:00 am

Seguramente vivamos en la época en la que más información tenemos sobre los productos que comemos y aunque aún quedan varios aspectos que la industria alimentaria debería limar, como puede ser un etiquetado más claro, seguir una dieta saludable es posible.

Hace unos años, el enemigo del régimen eran las grasas y, por eso, surgieron los productos light y, después, los 0 %. En todos se promete una reducción de las grasas y, por lo tanto, el producto se convierte en más saludable, al menos, para los ojos del consumidor. La realidad es que, en la inmensa mayoría de los casos, para evitar que se pierda sabor, esas grasas se sustituyen por azúcar o por sal. Esto ocurre en alimentos de todo tipo, desde yogures hasta pan.

Uno de los grandes problemas del azúcar es que el paladar se acostumbra fácilmente a él y cada vez necesitamos más para notar ese dulzor que identificamos con placer. Por eso, la industria ha ido añadiendo edulcorantes a productos que antes no tenían y aumentado los que sí.

La OMS fija en 25 gramos (unas seis cucharillas) el consumo máximo de azúcares libres, estos son los que añadimos a los alimentos –nosotros mismos o la industria– a base de azúcar simple o jugos, miel y otros edulcorantes. Y es por aquí, por los procesados (desde jugos hasta comida preparada), por donde entra la mayoría del azúcar que consumimos.

Hay que hacer un balance y entender que ni todo el azúcar es peligroso ni todas las grasas, malas. Debemos analizar cada alimento en conjunto y, así, poder valorarlo mejor. Y es que al hablar de azúcar, muchos son los que creen que la fruta tiene una gran cantidad y por ello engorda, gran error.

Además de que los azúcares naturalmente presentes en los alimentos no entran en las seis cucharillas recomendadas, hay que tener muy presente las vitaminas y fibra que aporta una pieza de fruta. De igual forma, hay grasas buenas: por ejemplo, las del pescado azul, los frutos secos o el aceite de oliva. Es más, para sobrevivir, nuestro organismo necesita grasa, aproximadamente un 10 % del total de las calorías consumidas al día. Sin embargo, podríamos vivir (incluso mejor) sin tomar ni un gramo de azúcar añadido.

En las estanterías de los supermercados es fácil encontrar productos con etiquetas diferentes, todas prometiendo un alimento saludable y bajo en calorías. Pero ¿qué quiere decir cada uno?

0 %: debe ir acompañado del ingrediente que se ha eliminado, ya sea grasa, azúcar,
sal, cafeína o alcohol. En este caso, no puede incluir nada de esa sustancia.

Light: su traducción literal es ‘ligero’, pero esto no tiene por qué ser real. Deben tener un 30 % menos de calorías, pero, en este caso, solo lo debemos comparar con el alimento ‘original’. Es decir, si hablamos de queso de untar, la versión light debe tener un 30 % menos de calorías, lo que no podemos traducir como que sea sano, simplemente es menos calórico.

Bajo en grasa: en este caso, tan solo medimos la grasa, no el azúcar o la sal. Esta etiqueta solo la pueden lucir aquellos que tienen menos de 3 gramos de grasa por cada 100 gramos de producto.

Si tenemos en cuenta que tanto las grasas como los azúcares son perjudiciales, el más dañino para nuestra salud será aquel que contenga una cantidad importante de los dos. Por lo general, asociamos grasa a los productos salados y azúcar a los dulces, y así es en los alimentos de origen natural, pero no en el supermercado, donde tanto los salados llevan edulcorantes como los dulces, aceites.

Fuente: Mía

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