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Notas de Opinión

Espectáculo y olvidos en el show de Cristina

Columna de opinión publicada originalmente en el diario La Nación

 

A seis meses de su regreso al poder, Cristina Kirchner se está exhibiendo como un elemento tóxico para el sistema democrático. Siempre que tuvo poder (y lo tuvo durante muchos años) se ocupó de cuestionar los cimientos mismos de la democracia. Su última aventura consiste en mostrarse como una santa dispuesta al martirio, que fue acosada por un gobierno no peronista, por medios periodísticos implacables, por periodistas crueles y por jueces acomodaticios. Su último altar está en Lomas de Zamora, en un juzgado cuyo titular, el juez Jorge Villena, que se paseó entre el camporismo y el macrismo en los últimos años, investiga una supuesta red de espionaje que tendría como víctimas a Cristina -cómo no-, a políticos oficialistas y opositores, y a periodistas. La contextura de los servicios de inteligencia argentinos (y, tal vez, los del mundo) es extraña. Es mejor que siga siendo extraña para la gente que detesta esos sótanos donde se disputan el poder grupos distintos, sin ideologías y sin banderas. Las ambiciones de esas pandillas enfrentadas terminan solo en el poder y el dinero.

No obstante, cualquier intervención de esos servicios en la vida pública argentina es ilegal. Debe ser investigada (preferentemente por jueces confiables e independientes), y los responsables de tales intervenciones deben ser sancionados. Dos leyes (la de defensa y la de seguridad nacional) le prohíben explícitamente al Gobierno hacer inteligencia interior; es decir, meter las narices en cualquier escenario, ámbito o persona de la vida pública interna. Pero no es la expresidenta la persona indicada para manifestarse como víctima de un supuesto sistema que ella usó como victimaria. Hasta el actual presidente, Alberto Fernández, denunció en su momento que sus teléfonos habían sido intervenidos por el gobierno de Cristina Kirchner.

Sucedió un año después de que renunciara a la Jefatura de Gabinete, en agosto de 2009. Él había acordado un encuentro con el entonces vicepresidente Julio Cobos, considerado un detestable traidor por el cristinismo, en su casa de Puerto Madero. A la misma hora de la reunión, todos los funcionarios del gobierno nacional que simpatizaban con Alberto o eran amigos de él fueron despedidos por el gobierno de Cristina. “Me pincharon el teléfono. Sabían de mi encuentro con Cobos”, contó Alberto públicamente en aquel momento. Unos de los periodistas que serían víctimas de los seguimientos que se investigan ahora en Lomas de Zamora, presuntamente perpetrados por el gobierno de Cambiemos, fue también perseguido por el cristinismo. Cuenta que una vez un funcionario de Cristina le hizo esta advertencia: “Cuidate. El Gobierno tiene fotos de tu casa y de tu familia”. El periodista preguntó: “¿Es un consejo o una amenaza?”. Respuesta: “Tomalo como quieras”. El funcionario se levantó y se fue.

En 2013, seis periodistas (Magdalena Ruiz Guiñazú, Nelson Castro, Pepe Eliaschev, Alfredo Leuco, Mariano Obarrio y quien esto escribe) denunciamos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la existencia aquí de un sistema de “intimidación pública, de espionaje telefónico y de mails, y de una red de propaganda oficial para difamar a periodistas”. La CIDH conminó luego al gobierno a respetar la libertad y la integridad de los periodistas. En esos tiempos (y mucho antes también) había una complicidad permanente de los servicios de inteligencia, en manos de Jaime Stiuso, con medios cristinistas para calumniar a periodistas. Llegaron a cambiar las historias de sus vidas. Hubo escraches y era permanente la prepotencia callejera de fanáticos cristinistas contra periodistas independientes. Muchos dirigentes opositores también fueron espiados y escrachados por el cristinismo.

En el video que difundió el jueves pasado en un tuit, en el que se filma como una atormentada mujer que camina hacia el Gólgota, Cristina Kirchner culpó a los medios periodísticos de complicidad con los que supuestamente la persiguieron. Mostró también a cinco periodistas (Jorge Lanata, Alfredo Leuco, Daniel Santoro, Nicolás Wiñazki y Maximiliano Montenegro) como miembros de una asociación ilícita para perjudicarla. Tiene el derecho de aclarar o de refutar las informaciones sobre ella, pero no tiene derecho a descalificar ni a atribuirle a nadie delitos inexistentes. Su convicción de que todo lo que existe en el juzgado de Lomas de Zamora es cierto manifiesta su fe en los manipuladores agentes de los servicios de inteligencia. Y permite la inferencia de que, al menos, estaba en conocimiento previo de esa denuncia. Cualquier persona ajena a la denuncia y a la causa necesita un tiempo de reflexión y de averiguación para creer en una versión que viene del lado más oscuro de los servicios de inteligencia, en el que conviven espías y narcotraficantes. ¿Qué hará el Presidente ante tales regresiones? ¿Rectificará su mensaje inicial en el que prometió que terminaría con la categoría de periodismo enemigo?

La estrategia de desinformación del cristinismo consiste en confundir a los argentinos de a pie. Un ejemplo es lo que está haciendo con el fiscal general de la Capital, Juan Bautista Mahiques. Ana María Figueroa, una jueza de la Cámara de Casación Penal, simpatizante de la expresidenta, denunció primero que fue presionada hace cinco años por el gobierno de Macri. Tarde y mal. Debió hacer una denuncia penal en su momento en lugar de contar semejante hecho improcedente un lustro después mientras parloteaba en una radio. Cristina tomó la denuncia en el acto y aseguró que la jueza había hablado de Mahiques. Figueroa aclaró luego que no nombró a Mahiques (y, en rigor, no lo había nombrado).

Hace pocos días la jueza volvió con el asunto y dijo, esta vez sí, que Mahiques se reunió con ella para pedirle una determinada decisión sobre el acuerdo con Irán que firmó Cristina Kirchner, aunque precisó que no se sintió presionada. Mahiques jura y perjura que jamás se reunió con la jueza Figueroa. El tema en cuestión provoca otra confusión. La causa que Figueroa tenía era la constitucionalidad -o no- del tratado con Irán. La Cámara Federal lo había declarado inconstitucional y el gobierno de Macri decidió no apelar ante Casación. Lo único que debía hacer esta Cámara, que integra Figueroa, era notificarse de que no tenía que hacer nada. Tampoco Cristina estaba imputada por un presunto delito en esa causa. Se trataba de establecer la constitucionalidad de una decisión política. Solo eso. Ahora bien, ¿la obsesión de Cristina Kirchner es Juan Bautista Mahiques o su hermano, el fiscal Ignacio Mahiques, quien escribió, junto con su colega Gerardo Pollicita, el dictamen más serio, profundo y vasto que se haya escrito sobre el direccionamiento de la obra pública para beneficiar a Lázaro Báez? Seguramente es Ignacio, más que Juan Bautista, el centro de su odio ciego. La familia también debe pagar.

Con todo, es más grave una causa que existe desde hace dos años y que involucra a la propia Cristina en el seguimiento de personas, empresas y medios periodísticos, y que nunca avanzó en el despacho del juez Marcelo Martínez de Giorgi. Se trata de carpetas con informaciones de los servicios de inteligencia que otro juez, Claudio Bonadio, encontró casualmente en un allanamiento a la casa particular de la expresidenta. Hay hasta transcripciones de conversaciones telefónicas de personas a la que sus espías seguían, grabaciones de reuniones de empresas con bancos y el preciso seguimiento a medios periodísticos. Son carpetas encontradas por un juez en su casa, no versiones de fuentes tan cuestionables como pueden ser las de espías y narcos. ¿Todo eso que se halló en su casa se habrá hecho en el tiempo en que ella depositó los servicios de inteligencia en manos de un general en actividad, César Milani, que era a la vez jefe del Ejército? Fue la primera vez, y ojalá haya sido la última, que un jefe militar se hizo cargo de la inteligencia del Estado en democracia.

Nadie entre las víctimas de esos seguimientos montó un escándalo. Nadie tiene la teatralidad de Cristina Kirchner. Nadie puede competir con sus condiciones escénicas. Nadie sabe como ella que la política y el poder son también un espectáculo.

Notas de Opinión

Cómo se gestó la renuncia de Martín Guzmán

El ministro de Economía anunció su salida a través de su cuenta de Twitter, cuando Cristina Kirchner encabezaba un acto en Ensenada.

Totalmente sorpresiva la renuncia de Martín Guzmán porque no pensaba hacerlo, por lo menos, hasta mañana porque tenía previsto viajar a Francia el martes próximo y tenía todo preparado para ese viaje. En consecuencia, estuvo trabajando hasta ayer a la noche.

Por esta razón, la renuncia está precipitada. Y como dice el texto: “Con la profunda convicción y la confianza en mi visión sobre cuál es el camino que debe seguir la Argentina, seguiré trabajando y actuando por una Patria más justa, libre y soberana”.

El ministro hasta el día de ayer, por lo menos, no pensaba renunciar y por eso es inesperada en este contexto. Por supuesto que hace bastante tiempo que se viene hablando de la renuncia de Guzmán y estaba pedida por Cristina Kirchner hace bastante tiempo.

Sabemos que la propia vicepresidenta, en los últimos contactos que tuvo con Carlos Malconian, manifestó que con la renuncia de Matías Kulfas no alcanzaba y que tenía que haber una renovación total del equipo económico. Cristina venía presionando por esta salida hace bastante tiempo.

También se sabía que los resultados de la política económica no fueron los deseados con inflación y dólar alto en los últimos tiempos. Todo un marco para la salida del ministro de Economía.

Pero Alberto Fernández el miércoles a la noche hizo declaraciones haciendo una ratificación muy fuerte de Guzmán. Es decir, que la decisión de salir del Gobierno se estaba madurando, pero se precipitó en las últimas 12 horas, entre la tarde de ayer y el mediodía de hoy.

Una de las cuestiones que pudo haber precipitado la salida de Guzmán es que le había pedido al Presidente el desplazamiento de los funcionarios del área energética que dependen de la vicepresidenta. Y aparentemente, Fernández no habría aceptado. Así que puede haber sido uno de los motivos que precipitaron su salida. Es lo que se está especulando ahora.

También se está evaluando en la Quinta de Olivos su reemplazante. A lo largo de este tiempo se especularon muchos nombres. Pero los que se manejan en este momento son: la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca, y los economistas, Marcos Lavagna y Emmanuel Álvarez Agis.

En este momento, Guzmán se encuentra en el ministerio de Economía con todo su equipo y podemos confirmar que van a renunciar todos: el secretario de Hacienda, el secretario de Finanzas y el resto de los funcionarios que Guzmán había colocado en distintos puntos de la administración pública.

 

Columna publicada originalmente en TN.

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Notas de Opinión

La Cámpora amenaza y Alberto Fernández dicta una clase escolar de peronismo

El Presidente se puso a explicar en la CGT quién fue Perón y esquivó una respuesta directa a Cristina. El camporismo había dicho que se acabó la moderación. ¿Y qué viene?

El Cuervo Larroque, que es La Cámpora y es Cristina, porque piensa como ella o dice cosas que son las que ella piensa, corrió al Presidente de la primera línea de los memes con su casi insuperable “la economía crece mucho”. Fernández es así. Tiene un impulso incontenible a sacar conclusiones sin datos o sin datos suficientes. Pero igual hay que animarse a decir que el país sufre una crisis de crecimiento.

¿Y qué dijo Larroque? Que se acabó “la fase de la moderación”. Se supone que lo dijo por Fernández. La Cámpora y el cristinismo han tenido que soportar la etapa de la moderación. No tenían más remedio. Pero advierten: ya no más. Dicen: gobernar es enfrentar el poder económico y Cristina es la única que puede hacerlo.

De paso, cargan de nuevo contra el presidente que no llama ni se sienta con la vice, que en cambio va y llama y se sienta con Melconian, que también dice que Guzmán no va más. Después hay quienes tienen la esperanza, o sólo la declaran, de que la política tiene posibilidades de ponerse de acuerdo.

El miércoles Fernández ve en la tapa de Página 12 la internación de Milagro Sala y suspende todo para ir a verla. Al volver, pasa por C5N y denuncia como si nada que “nos quieren dar un golpe de mercado”. No explica cómo es que entran juntos un golpe del mercado, que se supone una medida defensiva del sector financiero, con una crisis de crecimiento. Es una explicación de alguien que no puede explicar. Lo culpa a Macri, por supuesto aunque si hay algo que pone nervioso a todo el mundo, y no sólo a los mercados, son amenazas como la de Larroque. O que el gobierno sean dos gobiernos y que una parte sacuda cada vez más fuerte al árbol para que Guzman se caiga.

Había empezado mal Fernández esa entrevista por televisión. No bien llegó al estudio, le dice a una de las periodistas:

-Puedo tutearte? Porque tratarte de usted no me sale. Te conozco hace muchos años, los conozco a todos hace muchos años, no se sientan ofendidos si los tuteo.

-No, por favor.

Y dirigiéndose a otra periodista:

-Hola, Nora. No te había visto. ¿Cómo andás?

-Irina, me llamo Irina.

-Irina, perdón, Irina. Nora es la socia, perdón. Este… claro, claro, claro. Este… te decía. Eh …. ¿qué te decía?

Alberto Fernández el miércoles por la noche en los estudios de C5N. Allí recogió el discurso del golpe de mercado.

Fernández está en problemas y apareció Scioli, ahora flamante ministro, para decir que estamos en “una etapa de reindustrialización fenomenal”. Scioli y Fernández comparten esa rarísima versión de la economía que el riesgo país, por hablar sólo de un dato nada más, se empeña en deshacer. El 1° de junio: 1. 914 puntos. 30 de junio: 2.428 puntos. Habría que considerarlo un éxito como el inmoderado dólar que también crece a destajo. Dólar blue 1° de junio, vendedor: $ 206. El 30 de junio: $ 239. Otro éxito: depreciación de apenas $ 33, sólo un 16%. Pesce, el jefe del Central, desenterado de que “la economía tiene una crisis de crecimiento” ,va y pone cepo sobre cepo para evitar “una devaluación brusca”. ¿Un 16% en un mes no será brusco?

También apareció el canciller Cafiero, esforzándose por quedar bien con Fernández y declarar que “lo paró en seco” a Boris Johnson. Fue al revés: Johnson lo paró en seco a Fernández al recordarle que la guerra de Malvinas “terminó hace 40 años”. Fernández improvisó un reclamo de soberanía en un pasillo. Está claro que Malvinas no es un tema para improvisar y que Cafiero, queriendo ayudar, la embarró un poco más.

Gobierno y cristinismo arman una frívola comedia de actos y contraactos, como los homenajes a Perón. Para refutar a Cristina, Fernández en la CGT se puso en exegeta de Perón, como si fuera peronista de la primera hora. Se inventó una vida que no tuvo y dictó una clase escolar de peronismo. Lamentable. El presidente y la vice hace largos dos años y medio que están en el gobierno. Ahora hablará Cristina: el contrapunto continuará. Pero va quedando para entrecasa, sólo para peronistas. Fernández podrá irse pensando en que tendrá su busto en La Rosada y sintiendo que se dio el gran gusto. Muchos de quienes creyeron en él sentirán una enorme desilusión.

 

Columna publicada originalmente en Clarín.

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Notas de Opinión

Dólar vs inflación desde que asumió Alberto Fernández

El dólar salió volando y superó los $250, medido a través del Contado con Liquidación. ¿Cómo viene el dólar vs. la inflación? ¿Qué medidas tomó el Banco Central? ¿A dónde puede llegar? Quedate hasta el final que te cuento todo.

Las últimas semanas fueron muy conflictivas en lo económico. Frente a esto, el gobierno no tuvo otra alternativa que apretar aún más el cepo. Algo interesante para destacar es que el dólar sigue atrasado si uno lo comparara con la evolución de la base monetaria.

A pesar de la suba reciente, ¿el dólar le viene ganando a la inflación en este año? Por el momento no, aunque todo parece que ocurrirá pronto.

Desde que asumió Alberto Fernández, ¿cómo fue esa carrera entre el dólar “libre” y la inflación?
Si analizamos el acumulado desde que asumió Alberto Fernández, el dólar subió aproximadamente un 240%. En cambio, la inflación totalizó un 178%, teniendo en cuenta la estimación de junio.

En este gráfico se puede observar claramente la dinámica del 2022. La distancia entre ambos se fue acortando en la medida en que el dólar iba cayendo y la inflación se aceleraba. Sin embargo, en las últimas semanas se puede ver cómo la línea verde (dólar) tomó impulso y sacó ventaja nuevamente.

Medidas del Banco Central

Ante la imposibilidad de engrosar las reservas internacionales y en el marco de altos costos de importación de energía, el BCRA no tuvo otro remedio que tomar medidas drásticas. Como es costumbre, se sumaron nuevas restricciones y prohibiciones.

Básicamente, el objetivo es que las empresas financien sus importaciones con dólares propios, de manera de “cuidar” los pocos dólares que tiene el país. Se busca evitar que las empresas importen de manera especulativa, aprovechando el valor del dólar oficial, que vale menos de la mitad que los dólares “libres”.

Se trata de un nuevo cepo, medida venerada por el oficialismo. Obviamente, tuvo consecuencias inmediatas: como prácticamente nadie pudo acceder al dólar oficial para importar, el BCRA pudo acumular más reservas. Compró USD 150M el martes 28 y USD 580M el miércoles 29, lo que implica un récord desde 2016.

¿Es para festejar? Claramente no, ya que aplicaron un “torniquete”, en el que casi nadie puede acceder al dólar oficial. Pan para hoy, hambre para mañana. Sin duda, este nuevo cepo tendrá consecuencias negativas en lo económico, más allá de que, en lo inmediato, el BCRA pueda recomponer sus reservas.

¿Qué sucedió en los mercados libres, luego de esta medida? El riesgo país marcó un nuevo récord y el precio del dólar se disparó.

¿Puede calmarse el dólar? Es una posibilidad, claro está. Podría tomarse una pausa en el corto plazo, pero luego seguirá subiendo. Tan solo basta con ver las cifras de inflación y emisión.

Vale remarcar el siguiente dato: en junio el BCRA emitió $825.000M, lo que implica mayor inflación futura y dólar al alza asegurado. Además, el stock de pasivos remunerados (principalmente Leliq) superó los $6 billones, por lo que tendrá que devengar casi $4 billones de intereses anuales. Linda bola de nieve, ¿no?

¿A cuánto podría llegar? Como mínimo, y para igualar la inflación de este año, el dólar Contado con Liquidación podría llegar a los $275 en el corto plazo. Y para fin de año debería superar los $300 fácilmente, si tenemos en cuenta la inflación proyectada.

El panorama es aterrador desde todos los frentes: el económico, el financiero y el político. El dólar se está recalentando y están todos los condimentos dados para que siga volando.

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