Famosos en cuarentena

Ricky Sarkany comparó la cuarentena con el Holocausto: “Lo que estamos viviendo ahora no me mueve un pelo”

Sarkany dijo que en términos comerciales el año está perdido, pero también se reconoció optimista por naturaleza: “Prefiero vender e hipotecar la empresa, pero no perder a mis empleados"

domingo 7 de junio de 2020 - 3:39 pm

“Estoy haciendo la cuarentena en casa, no me puedo quejar”, aseguró el empresario Ricky Sarkany, quien además agregó que la razón por la que no se puede quejar es porque su aislamiento, bajo el calor de su hogar, no tiene punto de comparación con otras “cuarentenas” que vivió su familia.

El empresario comparó su situación a la de Carlitos Páez Vilaró, hijo del célebre artista y escultor uruguayo y sobreviviente de la tragedia de Los Andes: “Esta es una cuarentena comparable por el tiempo, pero no desde la comodidad. No tiene sentido quejarse”, calificó. “Pandemias, crisis y tragedias existieron siempre y siempre salimos adelante”, aseguró.

El sobreviviente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya que cayó entre los picos de la Cordillera de Los Andes el 13 de octubre de 1972 y hoy conferencista le aconsejó atravesar tres etapas para el primer día de la nueva normalidad: “Primero hay que hacer lo necesario, después lo posible y después lo imposible”. El empresario y fabricante de calzado había relatado, en diálogo con los periodistas Sandra Borghi y Gonzalo Aziz en el aire de Radio Mitre, la situación de su marca en este contexto de adversidad para la actividad comercial.

Certificó que su firma no cuenta con locales a la calle en el Área Metropolitana de Buenos Aires (todos permanecen cerrados dentro de los shoppings), por lo que la apertura parcial en la Ciudad no lo ayuda: “La noticia es buena pero es totalmente insuficiente porque abren locales barriales pero la gente no se puede desplazar más de cinco cuadras a la redonda. Eso puede ser suficiente eventualmente para un almacén o para una mercería. Pero normalmente no hacés compras de artículos de moda en un radio de pocas cuadras, salvo que estés en un lugar estratégico como la avenida Avellaneda, por ejemplo”.

Dijo que incursionó, hace ocho años, en una transición a las plataformas digitales que hoy sostiene la estructura de gastos. “Tenemos una muy potente página de venta online con muy buen customer service, lo que nos permitió seguir vendiendo y de esa manera poder afrontar nuestros compromisos, como son los 170 sueldos de vendedoras que no están trabajando. Lo que hicimos fue vender zapatos que teníamos en nuestros depósitos pero sin poder fabricar”. La pandemia hizo que la venta de los productos Sarkany se redujera al 60%, con concentración especial en el e-commerce.

Sarkany ahondó durante la entrevista radial en su historia personal, en sus raíces y en sus genes, y contó que no podía quejarse por estar haciendo la cuarentena en su casa porque tenía que pensar que su madre vivió una cuarentena en Auschwitz: “Soy hijo, nieto y bisnieto de empresarios fabricantes de calzado. Mi bisabuelo hacía zapatos en Budapest, Hungría. Mi abuelo y mi padre también. Mi bisabuelo era de una familia de origen judío. Mi padre estaba trabajando cuando se enteró que había una revuelta, que un país quería conquistar el mundo y que iba a empezar por el centro de Europa”, relató.

Ricky Sarkany hablaba del germen de la Segunda Guerra Mundial, un hecho histórico que lo interpela: “En la fábrica de mi papá, cuando empezó la guerra, sonaban alarmas y sirenas que indicaban que aviones enemigos iban a bombardear. Tenía que dejar su trabajo y esconderse. Cuando terminaban de caer las bombas, tenían que volver a trabajar. No sabían si una bomba había caído en su escuela o en su casa”.

En la invasión de las fuerzas nazis, se llevaron a sus padres por su condición religiosa. Su madre fue enviada a Auschwitz, el campo de concentración y exterminio ubicado en la Polonia ocupada. “Ella estaba con su hermana en una fila. Las separaron, una a la izquierda, otra a la derecha. A los tres días ella preguntó dónde estaba su hermana, le mostraron una chimenea donde salía humo y le dijeron ‘ahí está tu hermana’”, contó. Su padre, por su parte, se arrojó por un barranco cuando lo estaban trasladando. Pudo escaparse y esconderse en la casa de una familia católica. Después, se alistó en el ejército ruso con el fin de liberar Hungría, su tierra.

“Cuando terminó la guerra, Hungría quedó ocupada por el ejército ruso y la fábrica de mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre pasó a estar en manos del gobierno comunista. No le había quedado nada. Hubo una votación para votar a favor o en contra del partido comunista y mi padre votó en contra. Esa misma noche lo fueron a buscar y esa misma noche escaparon con 60 dólares en un bote de remos con mi madre embarazada de ocho meses de quien hoy es mi hermana”, narró Sarkany.

Sus padres huyeron a Checoslovaquia y de allí a Austria, donde nació mi hermana. En Génova, Italia, dos países le ofrecieron asilo político: Argentina y Australia. Eligieron el destino según el primer barco que zarpara. La historia después es sabida: “Llegaron al país sin conocer el idioma y la cultura, con una bebé recién nacida y 60 dólares en el bolsillo. Lo que estamos viviendo ahora a mí no me mueve un pelo. De esto vamos a salir porque si mis padres pudieron salir de lo que salieron, nosotros también”.

 

 

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