Opinión

Hay que darle tiempo a Gildo para arreglar Formosa

Fernando González

Periodista. Es prosecretario general de Redacción del diario Clarín desde agosto de 2016. Antes fue director Periodístico de El Cronista (2008-2016)

Alberto Fernández elogió a Insfrán y dijo que él va a poner de pie la provincia. Pero ya lleva 25 años como gobernador

viernes 29 de mayo de 2020 - 9:30 am

Columna publicada originalmente en Clarín

Es extraña la ecuación temporal de Alberto Fernández. El jueves visitó la provincia de Formosa y le dedicó buena parte de su discurso a elogiar al gobernador, Gildo Insfrán. “Será que el destino sigue escribiendo que el 28 de mayo se llega a Formosa para volver a poner de pie a Formosa cuando alguien se olvidó de Formosa​. Y, si durante cuatro años alguien se olvidó de Formosa, venimos para con Gildo volver a poner de pie a Formosa”, redundó. Por la construcción discursiva, alguien podría pensar que el Presidente llegaba con un gobernante recién asumido a restaurar la prosperidad extraviada.

El caso es que Insfrán gobierna Formosa desde 1995. Sin interrupciones. Y lleva 33 años en el poder porque antes había sido vicegobernador otros 8. Desde entonces, disputó siete elecciones y fue reelecto en seis ocasiones. En 1999 reformó la constitución provincial y la embelleció con la reelección indefinida. Iconoclasta del poder, fue menemista con Menem; duhaldista con Duhalde; kirchnerista con Néstor y cristinista con Cristina.

En esos cuatro años que mencionó el Presidente, Insfrán se llevó bastante bien con Macri, aunque no alcanzó el récord de convertirse en macrista. Tal vez lo habría hecho si los vientos hubieran soplado diferente. Ahora está ocupado deconstruyéndose albertista. “El no sabe todo lo que lo valoro, lo que lo respeto y lo que lo quiero”, le disparó el Jefe de Estado sonriendo. Gildo ni siquiera necesitaba tanto edulcorante para alinearse. El poder le sienta bien.

Lo que necesita Insfrán es tiempo. Se ve que el cuarto de siglo que lleva gobernando la provincia no le alcanzó para conseguir mejores estándares de vida. Es una de las más pobres del país y la tercera en la lista de las que reciben asignaciones por hijos detrás del Chaco y Santiago del Estero. Uno de cada dos chicos necesita el subsidio estatal para sobrevivir y 14 de cada 1.000 mueren. La mortalidad infantil allí es más alta que el promedio de la Argentina. El dato no sorprende porque el 47% de las familias vive en viviendas deficitarias: quiere decir que no tienen agua potable ni inodoros con descarga sanitaria. Y los que peor la pasan son los integrantes de los pueblos originarios. Los Wichis, los Pilagá y los Toba Qom.

Ninguna de estas variables dramáticas ha impedido que Insfrán continúe ganando elecciones. La mayoría del empleo es estatal y el nivel de los salarios está por esa razón entre los peores de la Argentina. Formosa es la provincia que menos exporta del país y muchos jóvenes deciden emigrar en busca de trabajo. Pero la cuestionada Ley de Lemas hace maravillas. La elección se convierte en una gran interna de los distintos dirigentes del peronismo y Gildo, cuando termine su mandato, habrá cumplido 28 años como gobernador.

Entre 2009 y 2010, Insfrán reestructuró la deuda provincial con la asesoría de una consultora llamada The Old Fund. Formosa pagó entonces más de siete millones de pesos (unos dos millones de dólares) mientras el ministro de economía era Amado Boudou. La Justicia los sigue investigando porque considera que una parte del acuerdo podría haber beneficiado el patrimonio del vicepresidente que fue preso por la causa Ciccone.

Es cierto que Formosa no tiene víctimas del coronavirus. Es el dato que destacó Alberto en su visita. Con una catarata de elogios intenta construir un vínculo que le permita equilibrar junto a los gobernadores la fortaleza política que Cristina consolida en el Congreso y en la provincia de Buenos Aires. Tendrá que ser más convincente con Gildo. El hombre sólo espera por su séptima reelección y ya ha visto pasar demasiados presidentes como para rendirse ante un simple piropo de circunstancia política.

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