Psicología

Cómo reconocer los síntomas de la ansiedad

Qué diferencia hay entre ansiedad y sufrir una crisis

jueves 28 de mayo de 2020 - 7:42 am

Los humanos están preparados para activarse ante cualquier situación de peligro. El corazón late más deprisa, hiperventilamos y tensamos los músculos para salir corriendo y preservar la vida. La motivación fisiológica es prepararnos para la huida. Cuando se trata de un peligro real, se llama una respuesta de ansiedad positiva; pero cuando no lo es, el cuerpo se ha preparado para una situación peligrosa, cuando en realidad este peligro solo existe dentro de la cabeza, y se imagina que algo va a salir mal o apaercen pensamientos catastrofistas.

Está, por lo general, relacionada con las interpretaciones que hacemos de las situaciones que vivimos, y las ideas potencialmente irracionales que puedan derivarse de ellas. Sentirla de forma ocasional es algo normal, pero cuando se da de forma recurrente, sintiendo preocupaciones y miedos intensos, excesivos y persistentes en muchas situaciones cotidianas, nos podemos estar refiriendo a un trastorno de ansiedad.

Que en estos momentos tengamos un poco de ansiedad es previsible, porque nos encontramos en una situación extrema que nunca antes habíamos vivido. Tener un poco de miedo ayuda a ser precavidos. El problema es cuando se pasa a una situación de pánico, y hacemos cosas que no nos evitarían un contagio, como hacer acopio masivo de comida, cuando nadie nos ha dicho que se vaya a acabar.

A nivel físico, se manifiesta a través de una cierta taquicardia y una sensación de ahogo o asfixia, como si no llegara suficiente aire a los pulmones; y una sensación de flojedad y de cierta angustia o miedo. Si no los gestionamos bien, pueden derivar en dolores de tipo somático (de cabeza, de estómago, etc.).

Generalmente, cuando estamos inmersos en una crisis, tenemos unas ideas irracionales que tienden a magnificar las situaciones y a proyectar una serie de escenarios que en la mayor parte de las veces serán mucho peores que lo que va a llegar a pasar.

Resulta esencial diferenciar entre ansiedad y crisis de ansiedad. Cuando, en un determinado momento, el nivel de ansiedad sobrepasa de tal manera que, a nivel físico, genera una sensación de pánico con unos síntomas similares a los del infarto, hasta el punto de que puede confundirse con él, estamos ante una crisis. Se considera que ha sufrido una crisis cuando concurren cuatro o más de los siguientes síntomas:

– Palpitaciones o elevación de la frecuencia cardiaca (taquicardia).
– Sensación de ahogo, con respiración rápida.
– Opresión en el pecho.
– Miedo o pánico.
– Sudoración o escalofríos.
– Temblores.
– Náuseas o molestias abdominales.
– Mareo o incluso desmayo.
– Sensación de irrealidad.
– Sensación de entumecimiento u hormigueo.

Para controlarla, tratar de normalizar la respiración, inspirando por la nariz y expirando por la boca rítmica y pausadamente, y tomarse el pulso mientras tanto. Si presenciamos que alguien la sufre, es importante empatizar y hacerle ver que entendemos por lo que está pasando y no pedirle inútilmente que se tranquilice.

Una parte importante para tratarla está relacionada con técnicas de relajación y manejo del estrés, como pueden ser una relajación muscular progresiva, una respiración diafragmática o determinadas técnicas de mindfulness. Hacer actividades y deporte también ayuda.

Es necesario trabajar con los pensamientos, con esas ideas de tipo irracional que provocan una respuesta de ansiedad o con las interpretaciones tan negativas que hacemos de las situaciones. No se puede cambiar la situación, pero sí la interpretación que se hace de ella.

No todos responderán igual a determinadas técnicas, y estás dependerán de diferentes factores. Si se prolonga a lo largo del tiempo, puede degenerar en un trastorno del estado de ánimo (la depresión).

Fuente: Eroski consumer

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