Psicología

Por qué se nos cierra el estómago frente a ciertos estados de ánimo

Qué genera ese nudo en el estómago cuando estamos tristes o preocupados

miércoles 20 de mayo de 2020 - 7:25 am

Disgustos, preocupaciones y pensamientos negativos en muchas ocasiones quitan el apetito. Esta circunstancia está directamente relacionada con nuestro mecanismo fisiológico de respuesta ante el estrés y las hormonas que intervienen en este.

En un primer momento el cuerpo reacciona ante una posible amenaza segregando adrenalina para prepararnos para la acción; esto inhibe la sensación de apetito y moviliza la grasa en el organismo. Por el contrario, si el estrés se mantiene en el tiempo, prima la segregación de cortisol (conocida como la hormona del estrés), lo que aumenta la sensación de apetito.

La sensación aguda de estrés provoca la inhibición de apetito y otros síntomas físicos como la hiperventilación, opresión en el pecho y la contracción del diafragma, lo que genera el conocido “nudo en el estómago”.

Cuando esa preocupación pasa, y, si no hay ninguna enfermedad de base, el apetito vuelve solo. El cuerpo sabe regularse y cuando superamos esa preocupación y se reduce la ansiedad, el apetito suele volver a ser el habitual de forma más o menos rápida.

Como pauta general, cuando tenemos poco apetito sería recomendable comer más veces (5 o 6 al día) menos cantidad. Nos costará menos hacer tomas pequeñas que ingerir más cantidad en una sola comida.  Cuando estamos bajos de ánimo tendemos a comer alimentos ricos en azúcares y grasas para compensar esa ansiedad. Lo ideal sería comerlos que nos apetezcan, ya que nos costará menos comerlos, pero intentar que sean nutritivos.

Podemos recurrir a frutas que nos gusten, frutos secos, o chocolate negro. En las comidas principales priorizar alimentos frescos y fáciles de comer como ensaladas, huevos, pescados ligeros o cremas calientes o frías.

¿De qué podría depender que con los disgustos algunos dejen de comer y otros coman más de la cuenta? En principio, de cuál sea el estímulo y también de la respuesta del paciente. En alguien que gestione muy bien sus emociones no se tienen por qué producir ninguno de los dos extremos, puede experimentar cambios ligeros en el apetito, pero todo dentro de unos parámetros normales.

En primer lugar, sería recomendable optar por la relajación a través de ejercicios como la respiración diafragmática, que ayuda a disminuir la ansiedad y relajar el “nudo en el estómago”. Posteriormente, conviene hacer ejercicio moderado, evitar ejercicios de cardio intenso, ya que puede generarnos más sensación de presión en el pecho y ansiedad al subir las pulsaciones. Por eso, es aconsejable practicar danza, Pilates o yoga.

Fuente: Cuidate Plus

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