Opinión

Nueva fase, nuevos interrogantes

Carlos De Angelis

Sociólogo. Es docente y especializado en opinión pública. Colabora con artículos periodísticos en distintos medios.

El virus se replica en los sectores más pobres de la población, lo que es un ingente desafío para la nueva etapa de descompresión

lunes 11 de mayo de 2020 - 7:45 am

Columna publicada originalmente en Perfil

En el devenir de los días de cuarentena frente a la pandemia por el Covid-19 cada argentino se sintió un poco como Giovanni Drogo, el protagonista de la magistral novela del italiano Dino Buzzati: El desierto de los tártaros. Drogo, un militar de bajo rango, fue destinado a guarnecer una fortaleza en una frontera amenazada por una invasión temible pero que se retrasaba en el tiempo.

Transformaciones. Al igual que lo que le sucedía a Drogo, las dudas y la ansiedad se fue apoderando de buena parte de la población en un proceso inevitable en el transcurso de un evento de esta característica. El problema es que en Argentina la preocupación que generó la infección se solapó con la preocupación por la situación económica precedente al coronavirus y que se instaló fuertemente desde los inicios de la gestión de Mauricio Macri.

Como se recordará, la mayor inquietud durante los ocho años de presidencia de Cristina Kirchner fue la seguridad, pero que pasaron a partir de fines de 2015 a las categorías inflación-empleo-salario. Esto no cambió hasta el presente, y si excepcionalmente la pandemia se transformó en el primer problema hace un mes, hoy retrocede frente a la cuestión económica.

La novedad finalizando la tercera fase de la administración del aislamiento fue el surgimiento de algunas voces potentes en los medios de comunicación y redes sociales que comenzaron a señalar una causalidad unívoca entre cuarentena y detención de la actividad económica. El pedido de un levantamiento inmediato del confinamiento comenzó a ser demandado por empresarios, economistas y algunas figuras políticas opositoras bajo el razonamiento de que el aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) es la causa primordial del deterioro económico del país.

“Morirse de coronavirus o morirse de hambre” fue la dura consigna planteada. Parte del subtexto de este razonamiento apunta a diluir las responsabilidades del gobierno anterior en la materia (buscando mostrar por ejemplo que el déficit fiscal estaba controlado y que ahora habría detonado), para luego mostrar que Alberto Fernández no tendría claro el rumbo económico: la frase “se enamoró de la cuarentena” apunta a mostrar ese presunto déficit en materia de política económica.

No se puede dejar de señalar que la relación cuarentena-recesión se asienta en el hecho empírico de la poca espalda para sostener durante un largo tiempo de inactividad casi total no ya de los comercios minoristas, sino de las grandes empresas. Esto responde a diversos factores, uno de los cuales no es menor, como la inexistencia de crédito y un mercado de capitales adonde acudir, pero también expresa la poca capitalización de las empresas, y frente al hecho de que les va mejor a los empresarios que a sus empresas.

Infectólogos del mundo, uníos. El otro frente de críticas que se abrió (y de alguna forma inesperada) fue la presencia imperante de los médicos infectólogos y epidemiólogos en las decisiones de gobierno. La infectología era una rama de la medicina hasta ahora prácticamente desconocida para el gran público. Sin embargo, se constituye como panel asesor con marcado poder para sugerir el camino a seguir. En muchos países pasó lo mismo, en España, por ejemplo, los miembros del comité de expertos se transformaron en un secreto de Estado, y este secreto, en un debate en sí mismo.

En la Argentina, Alberto Fernández puso de relieve la importancia del “expertise” de este grupo, contrastándolo con su “simple” saber de abogado. De hecho, en la conferencia de prensa del viernes a la primera fila de la política, formada por el propio presidente, Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta, se le sumó una segunda línea formada por los médicos Mirta Roses y Pedro Cahn (el gesto adusto del último se transformaría en un dato en sí mismo).

La relación entre saber y poder es quizás el mayor aporte de Michel Foucault para comprender cómo determinados discursos se transforman en verdaderos en un tiempo histórico determinado. En este sentido se puede contrastar el tipo de saber (o la proyección social) que produce un empresario contra el que genera un investigador médico. Mientras que el empresario tendría como finalidad ganar dinero, el fin del científico sería forjar un conocimiento universal. Si bien “ganar dinero” no es sencillo, pues requiere capacidades como el dominio de determinado mercado y la articulación de los medios materiales para satisfacerlo, el fin lucrativo es visto con desconfianza por gran parte de la sociedad argentina. El imaginario popular coloca físicamente a los empresarios en un campo de golf negociando por sus intereses y haciendo lobby.

Por el contrario, al científico se lo ubica pasando largas horas de su vida entre pipetas de laboratorio con un fin humanitario. Por supuesto son imágenes cristalizadas, la industria moderna se nutre de los descubrimientos científicos, y muchos científicos (incluso infectólogos) se han convertido en exitosos empresarios.

Dualidades. Va de suyo que sin empresarios invirtiendo y asumiendo riesgos, la posibilidad de superar el estancamiento ya crónico de la economía argentina es mínima. Pero la disputa es política, y de proyecto de país divergente: Macri definió a su tiempo que su gobierno se basaría en CEOs: empresarios y gerentes, buscando llevar la (supuesta) eficacia del sector privado al sector público. No iba a repetir el camino clásico del neoliberalismo de los 90 en el sentido de privatizar las funciones del Estado, sino buscó incorporar otra lógica a la gestión de lo público. Fernández, a poco de asumir, definió a su gobierno como de “científicos” y frente a esa imagen desinteresada de bienes materiales no dudó en elegir entre la salud y la economía la primera: el Estado como gestor del “cuidado” de los argentinos.

Pero la conducción política se hizo cargo de ciertas críticas, descomprimiendo el aislamiento para gran parte del país que podrán volver a las actividades productivas bajo ciertos protocolos. No obstante, el virus está al acecho y comienza a replicarse en los sectores más pobres de la población, en un ingente desafío para la nueva etapa de descompresión.

COMENTARIOS