Coronavirus

El gataflorismo no respeta la cuarentena

Javier Calvo

Periodista. Jefe de redacción de Diario Perfil. Es también panelista del programa Animales Sueltos (América)

domingo 10 de mayo de 2020 - 10:00 am

Columna de opinión publicada originalmente en el diario Perfil

 

Si se flexibiliza el aislamiento, nos vamos a contagiar todos. Si se mantiene cerrado, nos volveremos locos o nos matará la angustia de no tener ingresos. Si se reabre el Congreso para sesionar cara a cara, son unos irresponsables. Si los legisladores trabajan y votan por videoconferencia, se atenta contra la república. Si se le pagan intereses al FMI, son hipócritas. Si se endurecen con los bonistas, defaulteadores seriales.

En las últimas horas y días asistimos a un espectáculo casi angustiante sobre que nada nos viene bien. ¿Será el microclima del círculo rojo y mediático? ¿Serán las emociones alteradas ante una pandemia mundial inédita con efectos imprevisibles? Es posible.

Lo cierto es que este “gataflorismo”, que no es nuevo ni exclusivo de estas latitudes, va más allá de las ya remanidas grietas políticas, aunque alimentan una exasperación tan nociva como innecesaria sobre todo en estos tiempos.

Semejante sistema de insatisfacción se nutre fundamentalmente de la letra “o”. Implica una elección confrontativa. Salud “o” economía, por ejemplo. Presos hacinados “o” presos liberados. No hay matices ni debates constructivos posibles. Empeoramos en vez de mejorar.

Este proceso clásico se retroalimenta aun en estos momentos, donde hay claras señales de que la “o” puede y da lugar a la “y”. La “y” abre la puerta a la contención y a la inclusión, en todos los aspectos imaginables, sin que ello signifique imponer pensamientos únicos ni cerrar discusiones que aportan.

Un gran ejemplo público de “y” lo volvieron a dar el viernes Alberto Fernández, Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof. Sumen a gobernadores e intendentes peronistas, radicales, de fuerzas locales y del PRO en todo el país. Toda la dirigencia política trabajando codo a codo y coordinadamente para atravesar la pandemia.

Sumen a representantes empresariales y sindicales, en diálogo permanente para que la tradicional puja por la distribución de la riqueza no empantane los esfuerzos de supervivencia.

Sumen a economistas de diferentes pensamientos, aunando ejes en común detrás de la posición argentina para renegociar su deuda. Hacen más ruido los tuiteros y los desaforados, como siempre, pero no necesariamente son más importantes.

Podrán decir que soy un soñador, diría Lennon. Pues no, pongámosle algo de tónica: seguramente todas estas muestras de acompañamiento, comprensión, tolerancia y razonabilidad son disparadas más por el miedo que por el amor. Aun así, acaso el pánico sea la única plataforma desde la que Argentina no solo consiga números ejemplares en su lucha antiviral, sino también en darse la chance de empezar a armar un modelo serio y sustentable de desarrollo. Ojalá.

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