Opinión

Escritos tóxicos en redes sociales: ¿cómo defendernos de esa agresión?

Bernardo Stamateas

jueves 30 de abril de 2020 - 2:31 pm

Columna publicada originalmente en La Nación

 

¿Por qué algunas personas agreden a través de las redes sociales de manera anónima? Porque ese anonimato les permite sentir seguridad y, al percibirse como invisibles, adquieren una postura desafiante para agredir al otro.

¿Qué sucede con esos comentarios y envíos anónimos que son agresivos? Analicémoslo:

1. Su anonimato es un disfraz para ocultar su temor. El mensaje es: “Mi anonimato es mi escudo; no quiero que te des cuenta de que tengo miedo de exhibirme y decir quién soy. Quiero que veas mi agresión, pero no quiero que sepas quién soy yo”. Podríamos decir que es como un ataque dirigido a sí mismo, a su propia identidad.

2. No está seguro de lo que ha escrito. Quien agrede sin dar su nombre y apellido deja un margen de inseguridad, para expresar indirectamente: “Esto es lo que yo pienso y siento pero, como no estoy del todo seguro, no revelo mi identidad”.

3. Es incapaz de negociar. Cualquier persona que tiene una diferencia con otra busca la negociación, el diálogo. Sin embargo, aquí lo que la persona expresa es su dificultad para poner en palabras lo que piensa y buscar una solución creativa. Entonces recurre a una catarata de agresiones y/o ironías, mostrándose mejor que los demás, todo lo cual esconde un gran temor y cobardía.

4. Expresa su odio. Las agresiones verbales buscan aniquilar, “matar”, destruir al otro. En lugar de lanzar una piedra, el agresivo arroja una palabra. Cuando uno se acerca a un león, el instinto del animal no tiene censura. Por eso, automáticamente nos va a atacar. De igual modo, el anónimo violento demuestra su instinto sin censura. No busca una respuesta ni un espacio para el diálogo; solo busca agredir y provocar dolor. Su mensaje es: “Deseo que veas que soy poderoso”.

Te invito ahora a observar qué es lo que sucede en el mundo interior de una persona agresiva:

En primer lugar, nunca conecta con su fondo yoico

El anonimato es una manera de expresar: “Me da vergüenza decirte que te quiero matar”. Está resentido, siente angustia y no la puede resolver. Por esta razón, disfraza su identidad y de este modo niega su “instinto” de rasgos psicopáticos. Lo hace público porque tiene la intención de que los demás lo lean o se enteren. Su dolor interno es grande, pero necesita expresarlo aún mucho más hacia lo externo, hacia lo público.

¿Qué ocurre con el receptor de la agresión?

Básicamente quien recibe un mensaje anónimo vía mail, en Facebook, Twitter, Instagram, o cualquier otra red social, está frente a alguien que, tal como mencionamos, al sentirse anónimo e invisible, juntó valor para expresar todo su resentimiento por los conflictos no resueltos. Quien recibe el golpe básicamente siente dos emociones: angustia y bronca.

La angustia se debe a lo imprevisto, a lo no esperado. Cuando un boxeador sube al ring sabe que algunos de los golpes de su contrincante lo pueden noquear; sin embargo, en este caso, el anónimo aparece de forma imprevista expresándose con una gran carga de odio.

Luego, viene la bronca y el deseo de replicar. Como decía el viejo tango: “Rencor, mi viejo rencor”. Debemos cuidarnos de no acumular enojos, pues con el tiempo dicha acumulación adquiere la fuerza de un resorte.

Entonces, ¿qué deberíamos hacer frente a estas situaciones?

a. No tomarlo de manera personal. Cuando uno lo enfrenta de manera irreflexiva, comete un error. Una cosa es proponer, corregir o aportar y otra cosa es agredir. La agresión no busca la reflexión sino únicamente lastimar al otro. Por eso, debemos bloquear al agresor evitando reflexionar sobre su agresión.

b. Darle una respuesta elegante. Podemos decirle: “Lamento que pienses eso; lo voy a tener en cuenta, pero no opino lo mismo”. Debe ser una respuesta que desarme al agresivo. O sencillamente, en la mayoría de los casos, lo ideal es no responder y mantenerse indiferente. Es decir, menospreciar (darle menor precio) a quien busca herirnos.

La antigua frase bendecir al que te maldice no es sino una actitud donde uno demuestra que: “Yo no voy a entrar en tu juego, ni en tu escalada de violencia, ni en la batalla que vos elegiste. El conflicto es tuyo; mi camino es el del amor”.

Dijo San Agustín: “Lo que amemos permanecerá; lo demás serán solos cenizas”.

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