Entrevistas

Entrevista a Max Aguirre: “El humor es un salvavidas y en tiempos adversos se nota más”

Joaquín Vega

Periodista deportivo, Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UADE) y Redactor en Nexofin

En diálogo con Nexofin, el historietista define al humor gráfico, comentó detalles de su tira Genio y Figura en el diario La Nación y su introducción al mundo de la música.

martes 14 de abril de 2020 - 1:25 pm

Desde finales de los años 80, Max Aguirre se viene desempeñando como artista y trabajando como ilustrador, creativo en agencias de publicidad y director de arte, entre otras cosas.

Es la mente de la tira Alina y Aroldo, serie que fue publicada en la revista infantil Billiken.

Como historietista, el oriundo de Hurlingham tiene libros publicados en solitario: “Los Resortes Simbólicos” (Ed. Domus), “Jim, Jam y el otro” (Ed. Sudamericana), y tres antológicos: “HR Historietas Reales” (Ed. Domus), “Monstruo” (Ed. Belerofonte), “Traición” (Ed. Loco Rabia) y más de diez como ilustrador entre los que se destacan: “Los caprichos del chef” (Ed. Lea), “Los dos veranos” (Ed. Sudamericana), “La tormenta en el año del conejo” (Ed. Sudamericana), “La saga de Pilo Montaliú” (Ed. Norma Kapelusz), y “Pequeño papá ilustrado” (Ed. Sudamericana).

En diálogo con Nexofin, el historietista define al humor gráfico, comentó detalles de su tira Genio y Figura en el diario La Nación y su introducción al mundo de la música.

Nexofin (N): ¿Cómo definirías al humor gráfico?

Max Aguirre (MA): Creo que es síntesis, ritmo y un poco de pensamiento lateral puesto al servicio de no perder la capacidad de reír, sonreír o pensar.

Una buena cabecera de playa para poder hablar de cosas que a veces o no se saben o no se quieren abordar.

N: ¿Por qué pensás que la Argentina tiene una historia tan rica dentro del género?

Creo, no puedo asegurarlo, al menos por lo que sé y he leído, que durante la primera mitad del Siglo XX hasta inclusive los 60s, Bs. As. fue una de las capitales occidentales de la cultura aplicada.

La cultura popular de alta calidad ocupaba la centralidad de la industria del entretenimiento y además era fomentada y apoyada por políticas públicas y el humor gráfico y la historieta eran parte troncal de esa industria, entonces sucedió que así como muchos ilustradores ingleses se mudaron a New York a fines del siglo XIX y principios del XX, acá también vinieron y se sumaron españoles e italianos.

Eso sin dudas es el germen originario de una tradición que tuvo momentos de tal prestigio y talento que figuras de la talla de Uderzo, Disney o Pratt, eligieron venir a Argentina por cuestiones de interés ligado al arte del humor gráfico y la historieta.

Tal vez ahí está la razón original de esa historia tan rica que hoy ostenta esta disciplina que seguimos intentando hacer hoy por hoy, algunos.

N: ¿Quiénes son los autores que leías, antes de trabajar sobre tus dibujos?

¿Mis influencias primeras? Bueno, eran muchos, pero con el tiempo y como suele ser una pregunta frecuente, logré depurar la lista a los que de una u otra manera fueron como saltos cuánticos de información.

Esos que al verlos por primera vez se me voló tanto la cabeza que me acuerdo hasta en dónde estaba, cómo estaba vestido o a qué olía el aire.

Sin dudas en humor gráfico: Quino, Fontanarrosa, Caloi, Watterson y Schultz. En historieta: Hugo Pratt, Mandrafina, Altuna, Muñoz, Chaland, Franquín y Uderzo.

Ahora, luego, ya publicando y adulto fui descubriendo algunas influencias muy cruciales para mi estilo actual, muchos son contemporáneos y algunos incluso amigos: Tute, Liniers, Charles Berberian, Paco Roca, Frederik Peeters, Manu Larcenet, Darwyn Cooke o Lewis Trondheim, por nombrar algunos.

Como verás, incluso depurando, la lista es larga.

N: ¿Cuánto te lleva hacer un Genio y Figura?

Todo el tiempo si tomo en cuenta que estoy todo el tiempo pensando en cazar ideas, no de modo consciente, pero siempre estoy como en alerta, como un back cerebral.

A veces estoy escribiendo un chat como éste, o hablando por teléfono, o charlando con amigos o mirando la tele o leyendo o veo en la calle algo y pienso “acá hay una tira” y me lo anoto.

El trabajo mecánico del dibujo y coloreado y letreado y demás, eso serán, trabajando con comodidad y holgura algunas horas, pero es como la punta de iceberg de todo lo otro que pasa, ya te digo, sin parar 24×365.

N: En ese sentido, ¿tenés alguna rutina?

Sí, tengo una rutina, trabajar en casa en soledad, obliga, o al menos a mí me obliga a ser lo más estricto posible en eso, porque cuando vos decís que trabajás en tu casa, la gente automáticamente dice “¡Ah! Yo si laburara desde casa como vos, estaría siempre en pijama y despeinado, relajado total” .

Si uno asume ese plan, el desbarranco sucede casi de inmediato, por lo tanto, yo, digamos que lo que hago es que me voy a trabajar pero a mi casa, sin salir, me levanto, me baño y me visto como para irme a la calle, preparo mates, alguna tostada de desayuno, tomo mates pensando la idea o las ideas.

Cuando lo tengo más o menos resuelto, renuevo mate y agua en el termo, contesto mails, esas cosas operativas de la vida de todo el mundo, home banking esas cosas para las que soy un desastre, después a veces peloteo alguna duda con amigos como Tute por chat, a veces me dedico un rato a chatear con amigos improvisando las respuestas en cuartetas o décimas de rima consonante para calentar el bocho.

Si, así de estrafalario como suena; ahí arranco a trabajar en la tira, todo el trabajo mecánico y tipo 15hs. más o menos la mando al diario por mail.

Después de ese momento que siempre requiere de tensión y concentración, relajo un poco, me permito tocar un algo en la guitarra, armar canciones, pensarlas, batallar con mis incapacidades musicales.

¡Bah! el patio de recreos creativo, digamos, tal vez miro un capítulo de una serie, una hora, hora y poco, no más y ahí arranco a trabajar o en alguna otra tira, si tengo la idea ya conmigo, o me aboco a otros trabajos o proyectos de historieta o ilustración, pero, salvo que tenga algún retraso o trabajo a terminar si o si, corto como muy tarde a las 20hs.

Ahora soy bastante diurno en el trabajo y trato de no quedarme trabajando de noche, pero durante años era larguero y terminaba siempre a las mil y quinientas de la madrugada y el día se me iba corriendo poco a poco.

Hoy, si bien no soy madrugador, desarrollo la rutina diaria de forma diurna y si se quiere reiterada, día a día como cualquier persona en su trabajo.

N:¿Cómo nació la idea de crear esos personajes?

Surge de casualidad absoluta. Yo hacía una tira que se llamaba “Jim, Jam y el Otro”; la hice más de 10 años si cuento los años antes de llegar a La Nación y los que publiqué en el diario y en algún momento empecé a sentir una fatiga, una reiteración, un agotamiento del espacio, en ese momento y como un acto reflejo, o un lugar conocido, por haber hecho una historieta autobiográfica llamada “Los resortes simbólicos” durante muchos años en un blog llamado “Historietas Reales”, me puse como personaje, yo me reía y decía que era el interventor de la tira hasta tomar alguna decisión definitiva.

Así mi alter ego, en plan muy alejado de la autobiografía, se volvió el vecino de uno de los personajes anteriores, ese personaje en un momento y porque tenía que viajar y no podía quedársela, le (o me) deja su gata, Eloísa.

A partir de ahí en la tira quedamos la gata y yo y ahí empezó a pasar, empezó a funcionar la dinámica, se destrabó la búsqueda, Eloísa fue ganando protagonismo y el espacio de la tira se fue abriendo, me fue dando permisos de hacer cualquier cosa, humor de actualidad política, meta historieta, humor tierno, humor ácido, humor reflexivo o lo que sea que se me ocurra, de golpe la gata hablaba y volaba y en el edificio vivían de vecinos un Oso Polar, un Marciano y a veces los visitaba hasta Dios.

Ya en ese momento fue pertinente cambiarle el nombre y el nombre surgió de ese viejo dicho que en verdad es una crítica a cierta terquedad o inevitabilidad que a veces se tiene en lo que no se puede cambiar “Genio y figura hasta la sepultura” y además porque la palabra “genio” se ha ido vaciado tanto de contenido que uno puede hasta auto imponérsela, total, antes para ser genio tenías que desarrollar La Ley de la Relatividad.
Hoy si armás bien un Cinzano con Fernet ya te dicen “sos un genio”, así que eso fue lo que ocurrió.

N: Se pueden ver guiños a la psicología. ¿Cómo trabajás eso?

Hice muchos años terapia, creo que es como un nuevo tema del humor gráfico, un campo fértil, como un nuevo naufrago en la isla, por lo despojado y hasta a veces dramático de la situación de la sesión.

Suele ser algo muy parodiable porque uno ahí tiene que permitirse salir de la imposición sobre uno mismo y en ese laburo también se requiere de humor, porque para poder mirarse sin piedad, también uno tiene que mirarse con sentido del humor, poder reírse de uno es sanador, liberador y enseña.

Lo vivo así y además creo que todos somos en parte mucho más parecidos de lo que nuestro ego que pretende suponernos únicos e impares, nos permite pensar y es probable que esos lugares medio impresentables que todos tenemos, se parezcan entre sí y ahí hay un guiño, un puente tendido al que te lee, un decirle “¿Viste que todos estamos medio rotos iguales? Dale riámonos del desastre que también somos y salgamos del atolladero.”

N: ¿La corrección política se está cargando el humor?

Un poco, tal vez, no sé. Creo que vivimos un tiempo de linealidad y ofensa a flor de piel. Tal vez el asunto se sustenta en suponer que guardar las formas tiene implicancias directas sobre los fondos.

No sé, es un poco difícil versar sobre lo que está ocurriendo, porque tiene la dinámica del ahora y eso se mueve y mañana puede parecerme otra cosa.

Creo que en tanto y en cuanto comprendamos la complejidad del emisor, del mensaje, la distancia entre ficción y realidad, autor, personaje y que el lenguaje humorístico ofrece cuerdas diversas que lo enriquecen como la parodia, la ironía o el absurdo, no deberían sucederse equívocos.

Es un debate muy grande. Esta pregunta es casi un derivado de aquella que suele hacerse de los límites del humor y allí yo siempre opinaba que, en sí el humor no tiene límites, lo que delimita que se comprenda es la relación emisor-receptor, yo puedo hacer un chiste incorrectísimo en mi fuero más íntimo y privado, porque los receptores me conocen y saben que no encarno realmente eso que estoy diciendo, que incluso al decirlo estoy criticando lo que digo, sin embargo cuando uno publica en algún lado, el que lee tu chiste no tiene por qué saber qué pensás y entonces ahí se dan los equívocos.

Sin embargo hoy lo que a veces veo que pasa es que los equívocos suceden con receptores que saben bien desde donde uno emite y ahí es que me quedo reflexionando sin comprender muy bien o intentando comprender el porqué de ese cambio.

N: ¿Qué nace primero, el texto, el chiste que querés contar va antes que el dibujo?

A veces nace el texto, a veces el dibujo, soy de usar mucho el texto, pero eso no quiere decir que un chiste no me surja de una idea visual.

El chiste o lo que uno quiere narrar, en historieta, o en humor gráfico, para mí está por delante de todo, el dibujo va en función de lograr dar mejor en el blanco de lo que se quiere contar, a veces se necesitará un dibujo elaborado y complejo y otras veces uno mínimo, pero lo fundamental es que sea funcional y pertinente al mensaje que se quiera decir.

N: ¿Por qué los memes nos fascinan tanto?

Creo que son y quieren ser efímeros, son efectivos, apelan mucho al receptor en cierta complicidad de sentido común de comprensión, lo que lo vuelve algo de pertenencia incluso en algunos casos generacional y porque su torpeza estética y su abolición del autor lo vuelven algo muy cercano, como en su momento lo fue el punk con esa sensación de accesibilidad, tiene eso del chiste del amigo de la oficina que recorta y pega mal fotos y se mofa de algo que todos conocen por compartir un tiempo y espacio.

Creo que todo eso junto, la pretendida no pretensión y la urgencia efímera acorde a los tiempos urgentes y efímeros que vivimos son la clave de esa fascinación.

N: Has grabado un disco de tango, ¿cómo llegás a la música?

Siento que grabé un disco de música popular; sé que para el oído no tanguero suena a tango y para el oído tanguero no, algo así como lo que dice Melingo, vista de afuera, la música argentina tiene más parentescos entre sí que la que nosotros mismos le vemos, como esos familiares que la gente los ve más parecidos de lo que ellos se perciben.

A la música no llego, siempre estuve ahí, nací en una casa de músicos populares. Tango y folcklore y entre esos músicos yo era el menos dotado, sin dudas y verlos hacer tan bien música me llevó a que, ser músico, lo deje en el terreno del berretín y que me meta de lleno en mi otro amor vocacional que es el dibujo y la historieta, para el que siempre tuve más capacidad, pero siempre hice música.

Tal vez sucedió que aquella casa se fue acallando de música, la vida es finita, el tiempo pasa y se lleva por igual para bien y para mal, todo y ahí, sentí la necesidad de recuperar aquella casa, como un intento de justicia poética contra lo inevitable, lo digo incluso en un tema del disco “Como buscar entre retazos, cajas repletas de olvido y soledad, un aroma, un recuerdo, un cielo azul, inmensidad… mi casa era mi patria y ya no está”.

Supongo por eso grabé el disco, lo salí a tocar y sospecho será el primer paso de un camino a recorrer que me entusiasma.

N: En tiempos de cuarentena obligatoria, ¿el humor se convirtió en un salvavidas?

Creo que siempre el humor es un salvavidas. Claro que en tiempos adversos eso se nota mucho más.

N: ¿Qué situaciones puntuales de esta crisis te permiten reír?

Muchas. En mis tiras creo que las muestro; el aislamiento tiene mucho que ver con lo que antes te decía de la terapia, es un lugar en donde uno queda despojado de esos decorados, excusas y chamuyos que uno se inventa para no mirarse al espejo y hoy medio que se te cayeron todas esas argucias y te toca mirarte, quieras o no, eso sumado a lo novedoso y desconocido de la situación, ofrece un cóctel explosivo y además, que mucho más que nunca antes, a todo el mundo le está pasando exactamente lo mismo

Se nota en el feedback en redes, se triplican los likes, porque a todo el mundo le pasa el encierro, el agobio, la angustia, el patetismo, el reírse, el permitirse redescubrir y redescubrirse y todo lo que conlleva esta, sin dudas, preocupante, triste e inédita situación.

También, que tenga esa cuota sombría nos obliga a reírnos, nos motoriza la necesidad del humor como esa válvula de escape, o como bien me preguntabas antes, como un salvavidas.

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