Alimentación

Cómo darse cuenta en qué estado está una palta

Consejos para disfrutar al máximo del sabor y beneficios de este alimento

sábado 25 de abril de 2020 - 7:56 am

Aunque existen diversas variedades de paltas, la forma de medir su madurez es la misma: tacto y color, color y tacto. El orden de los factores no altera el producto, pero son estos los dos detalles que miden si está en su punto sin tener que abrirla.

Lo único que hay que tener en cuenta sobre las variedades son sus características concretas porque, por ejemplo, el hass tiene la piel más rugosa y marrón oscura que el resto. Pero a la hora de la verdad, las pruebas que tenés que hacer son las mismas: prestar atención a su color y apretarla ligeramente con las manos -protegidas con guantes aunque sea una fruta con piel-.

El color es un muy buen indicativo, sobre todo en el caso en el que esté verde, síntoma inequívoco de que le faltan días de maduración antes de alcanzar su estado óptimo. Podés comprarla así sin miedo a que no madure porque en vez de seguir madurando, se pone fea a las pocas horas.

Es un poco más complicado diferenciar por el color si está todavía en plenitud o ya pasada, para esto hay que presionarla ligeramente con las manos. Si cede un poco, está lista; si se aplasta con demasiada facilidad, es una muestra de inconsistencia que está ligada a una madurez excesiva. Por lo tanto, evitá estas últimas ya que de lo contrario solo podrás salvarlas si las machacás de una forma similar a cuando se prepara guacamole.

Al abrirla, el punto de maduración se mide por el color y por cómo salga el hueso. Si este se despega casi sin ayuda, es una excelente señal, de igual forma que lo es que la carne presente una apariencia mantecosa y sin manchas marrones, que indican normalmente que está un punto pasado. Esto también podría ser consecuencia de un golpe, pero es más habitual lo primero.

Para abrirla, manipularlo lo menos posible. Hacelo con un cuchillo cortando alrededor de toda la pieza a la altura del centro en sentido horizontal. Te quedarán dos mitades, en una de ellas el hueso. Si este no sale solo, clavá la hoja de un cuchillo en él y balancealo ligeramente hasta que se despegue. Para separar la carne de la piel, lo mejor es una cuchara pequeña, porque se adapta muy bien a la forma.

Fuente: Mía

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