Psicología

Cómo reconocer la depresión en los adolescentes

Qué caracteriza a estos trastornos en esta edad

jueves 19 de marzo de 2020 - 7:19 am

Los jóvenes y adolescentes también pueden padecer trastornos depresivos. Pueden afectar al rendimiento académico y a la asistencia escolar y exacerbar el aislamiento y la soledad, incluso, en el peor de los casos, conducir al suicidio.

No detectar o tratar la depresión a tiempo es un claro factor de riesgo para que a corto, medio y largo plazo aparezcan otros trastornos mentales, especialmente por uso de sustancias (incluyendo la dependencia de nicotina) y las adicciones comportamentales (móvil, videojuegos, etc.).

Su no abordaje empeorará el curso de otros diagnósticos concurrentes, tal y como pueden ser los trastornos de la conducta alimentaria y a nivel de patologías somáticas, la depresión mayor empeora el curso y abordaje de otras patologías como la diabetes tipo 1 o se erige en un factor de riesgo para presentar obesidad y, con ello, diabetes tipo 2.

A corto plazo puede derivar en fracaso escolar o embarazos no deseados, pero a medio y largo plazo, esto puede derivar en desempleo, menor estatus económico, esperanza de vida menor (tanto por incremento de patologías médicas concurrentes como por el suicidio consumado.

El desánimo social, futuros laborales inciertos, cambios en las relaciones sociales, sentimentales y culturales son algunos elementos asociados a la aparición de la depresión en el joven y adolescente.

Además, componentes como ser bueno en los estudios, en las relaciones sociales o cumplir con los estándares marcados se configuran en la mente como criterios de éxito o fracaso y esto determinará, en muchos casos, sus respuestas emocionales de satisfacción e insatisfacción.

Aunque no existe un perfil concreto tendente a la depresión, hay personalidades o signos que pueden hacernos sospechar de que algo pasa. Las personas responsables, con baja autoestima, exigentes, perfeccionistas, con un elevado sentido del deber y de respeto, minuciosos, baja tolerancia al fracaso y con planteamientos vitales muy rígidos tienen un mayor riesgo.

Además, suelen dar mucha importancia al control, por lo que les gusta saber lo que ocurre en cada momento, adoran la rutina, detestan la improvisación o las sorpresas y sufren si sienten que no controlan algún aspecto de sus vidas.

Si hablamos de un prepúber (antes de los 11/12 años), la presencia de somatizaciones (cefaleas tensionales), la ansiedad de separación de los referentes o la fobia escolar pueden ser indicadores de que algo está pasando.

Si hablamos de adolescentes, algunos signos evidentes serían irritabilidad (con o sin alteraciones de conducta notables), la tendencia al aislamiento, el abandono de actividades sociales, una disminución del rendimiento escolar, la presencia de somnolencia diurna (por insomnio nocturno), la normalización de los comentarios sobre los deseos de morir explicados como una opción libre, responsable y propia de cada individuo, etc.

Sentimientos como la tristeza o la infelicidad, el desinterés o la irritación son elementos con los que se convive habitualmente, por eso, no todo este tipo de comportamientos o actitudes debe considerarse como un indicio de algo sino que los procesos depresivos deben pasar por la confluencia de varios de estos estados de ánimo negativos y, además, estar mantenidos en el tiempo (a partir de dos meses).

Además de estos rasgos y de estas caracteríticas, estas son una serie de factores de riesgo asociados:

– Ser mujer (vs hombre).

– Vivir en un ambiente familiar poco cohesionado.

– Tener antecedentes de depresión mayor en los progenitores.

– Vivir situaciones objetivamente traumáticas y/o está sometido a situaciones de estrés crónico.

– Presentar de base otros problemas (neuro) psiquiátricos (trastornos del aprendizaje, autismo, trastorno por déficit de atención, etc).

Tras la detección de un posible problema de depresión, el siguiente paso es adoptar medidas y aplicar el tratamiento más indicado en cada caso. En menores prepúberes, el tratamiento de elección es la psicoterapia, que debe incluir algún tipo de intervención familiar y, a ser posible, en coordinación con la escuela.

En adolescentes, el tratamiento habitual será combinado, es decir, psicoterapia y psicofarmacología. En cuanto a la primera, suele hacerse en formato individual, apoyado adicionalmente en asesoramiento familiar. El uso adicional de psicofármacos (antidepresivos), se recomienda sobre todo en depresiones mayores moderadas-graves.

También es importante tener hábitos de vida saludables. Mantenerse activo es uno de los principales protectores de las respuestas depresivas. La respuesta fisiológica que genera un ejercicio moderado es mucho más eficaz y duradera que la que ejerce un fármaco y una buena práctica es una de las principales recomendaciones que acompañan al tratamiento psicológico.

Otro de sus consejos es tener relaciones sociales positivas hacia conductas saludables basadas en la confianza, cercanía o complicidad, buscar la conexión con la naturaleza o tener momentos basados en la cercanía emocional.

Fuente: Cuidate Plus

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