Analisis

El campeón de las estadísticas: Boca, de fondo blindado y balas certeras

Por: Joaquín Chomicki

Equipo de escuderos y señores del gol: con números para el recuerdo y pese a cambios de timón, el Xeneize tuvo como punto en común el trabajo de conjunto al servicio de los más dotados

El campeón de los extremos. Boca Juniors consiguió una nueva Superliga Argentina en base a marcas extraordinarias en la trinchera y precisión de francotirador para matar los partidos. Miguel Ángel Russo logró la síntesis definitiva entre la capacidad goleadora del equipo de Guillermo y la solidez defensiva de Alfaro.

Ningún club recibió menos goles en un campeonato en casi diez años. La mitad de los que le convirtieron al sobrio Racing de Coudet y un tercio de los de las últimas tres consagraciones azul y oro. El último en superar ese número había sido también el cuadro boquense, campeón invicto en 2011 con solo 6 goles recibidos, aunque porcentualmente están casi igualados.

Sin ser un conjunto caracterizado por excesivo juego brusco, ya que quedó octavo en la tabla de faltas cometidas, noveno en tarjetas amarillas, quinto en rojas y sin penales en contra, encontró una pareja central que se hizo escudo: Lisandro López y Carlos Izquierdoz. Licha fue gambeteado apenas 0.2 veces por partido y el Cali completó 5.3 despejes promedio. Entre ambos, ganaron el 72% de las pelotas aéreas, su fuerte. Para graficar, la zaga central subcampeona de Lucas Martínez Quarta y Javier Pinola promedió un 57% en juego de cabeza.

No obstante, la verdadera clave estuvo un poco más atrás. Lo de Esteban Andrada fue inédito. Al hombre de las 14 vallas invictas de 20 posibles le tuvieron que rematar ¡37 veces! para poder hacerle un gol, casi veinte más que a cualquier otro arquero de la Superliga. Nobleza obliga, Marcos Díaz lo reemplazó cuando las papas quemaban y solo concedió un tanto en 270 minutos, con atajadas que significaron puntos.

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Los laterales cambiaron con el entrenador y con la postura frente al arco contrario, pero la modificación más redituable estuvo en el mediocampo. Tras el paso poco afortunado de Daniele De Rossi y el bajón futbolístico de Iván Marcone, Russo apostó por el menos pensado, Jorman Campuzano. Con orden y serenidad, el colombiano fue el eje del elenco en el último tramo, sumó un 85% de efectividad de pase y directamente no tuvo errores que llevaran a una situación de gol rival.

Por los costados, técnica en velocidad. Eduardo Salvio mostró su jerarquía como partícipe de nueve goles (6 anotados y 3 asistencias) en 17 cotejos, completó el 57% de los regates intentados y dos disparos al arco por juego. Sebastián Villa, la revolución de 2020, sumó 2 goles y 2 asistencias en los últimos cinco encuentros y generó más ocasiones que ningún otro.

Arriba, la estrella que no se apaga. Carlos Tevez pasó de estar relegado con Lechuga a recuperar el nivel con el nuevo DT. Participó de un tanto cada 95 minutos, con 9 convertidos y 2 otorgados; pero seis de esos gritos y ambas asistencias fueron en los últimos seis encuentros, incluido el que le dio el trofeo ante Gimnasia. Ramón Ábila jugó en promedio 40 minutos por fin de semana y se las arregló para gritar en cinco oportunidades.

El conjunto de La Ribera intentó 283 tiros en todo el torneo, 107 menos que River Plate, pero necesitó solo de 8.08 para romper la red, mientras que su clásico 9.53. En total marcó 35 tantos, pero con Russo remató 80 veces en 7 fechas y convirtió 15; o sea, más de 2 por encuentro producto de apenas 5.33 intentos al arco para llegar al gol.

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