Coronavirus

Coronavirus: la psicosis argentina

Andrea Gentil

Docente. Editora de Ciencia, Medicina y Tecnología en Revista Noticias.

Cómo se prepara el país para enfrentar la epidemia. Mitos y verdades. La era de la infodemia

martes 3 de marzo de 2020 - 5:09 pm

Artículo publicado originalmente en Revista Noticias

Entre el 12 y el 19 de diciembre del año pasado una ciudad de China comenzaba a notar la existencia de personas que enfermaban con síntomas similares a los de una neumonía, pero más fuertes. El 31 de diciembre las autoridades de salud chinas informaban a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que estaban frente a un virus hasta entonces desconocido pero emparentado con dos que ya habían provocado muertes en años anteriores, en brotes ocurridos en 2002 y en 2012. Apenas una semana más tarde, el agente causal era identificado como un nuevo coronavirus. En un planeta hiperglobalizado e hiperconectado, el coronavirus abandonaba China para dispersarse por buena parte del planeta.

Al cierre de esta edición, 82.550 personas enfermas a causa del coronavirus SARS-Cov-2 : 2.810 de las cuales, fallecieron. Nada menos que 51 países han confirmado casos, en lugares tan dispares como Canadá y Nepal, Egipto y Estonia, Algeria y Australia. América latina, junto con África, fueron los últimos continentes en tener personas contagiadas, hasta que Brasil informó un caso, en la semana que acaba de pasar.

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Aunque la tasa de letalidad (o sea, la capacidad de matar) del coronavirus es baja (no llega al 2%, y va en disminución) los niveles de miedo social, estigmatización y noticias falsas que genera son proporcionalmente inversos al daño que causa. Contamos de a uno los contagiados, en un goteo casi doloroso, y cada país que se agrega a la lista de infectados parece una amenaza directa a la integridad personal. Sin embargo, la gripe estacional, la que llega cada año, enferma mucho más y causa entre 290.000 y 650.000 defunciones al año.

La evolución del brote del nuevo coronavirus fue tan veloz que la OMS lo declaró, el 30 de enero, como una “emergencia de salud pública de importancia internacional” y emitió un conjunto de recomendaciones temporales. Ninguna incluía restricción de viaje o de comercio y, aún así, hubo países que cerraron fronteras con China y cancelaron vuelos.

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A pesar de la expansión del virus hacia otros territorios, la última semana de febrero el organismo internacional aclaró que aún no se está frente a una pandemia. Su Director General, Tedros Adhanom Ghebreyesus , fue contundente: “Nuestra decisión acerca de si usar la palabra pandemia para describir a una epidemia está basada en hechos como la distribución geográfica del virus, la severidad de la enfermedad que causa y el impacto que ejerce sobre toda la sociedad. Por el momento no estamos viviendo una dispersión global descontrolada del virus y no hay enfermedad grave o decesos a gran escala”. Pero agregó: “¿Tiene este virus el potencial de convertirse en pandemia? Sí, absolutamente. ¿Estamos en pandemia ya? Desde nuestro punto de vista, no todavía”.

Mientras tanto, y porque la expansión del coronavirus sigue creciendo (mientras que en China su pico parece estar decayendo, tanto en nuevos casos como en fallecidos), en la Argentina se acaba de ajustar el protocolo para el manejo frente a casos sospechosos de nuevo coronavirus. A fines de enero, cuando el primer protocolo fue anunciado, la distribución del virus era más acotada y la distribución interhumana fuera de China no era sostenida. A estos factores se suman que la Argentina está en verano (el virus se está esparciendo por zonas que ahora están en invierno), no cuenta con vuelos directos desde y hacia China y queda geográficamente lejos de lo que en ese momento era la zona principal de circulación del virus (apenas el 1% de los enfermos estaban fuera del país asiático). Todo esto la convertía, de acuerdo con la OMS, en un país de bajo riesgo. Sin embargo la expansión del virus a países como Italia, adonde en estos momentos hay más de 660 enfermos, 17 fallecidos y 3.000 personas testeadas en busca del coronavirus, modificó las pautas, sobre todo porque cada semana llegan doce vuelos provenientes del país europeo.

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Entre la alerta y el pavor. Cada persona reacciona como puede y cada país adapta medidas de prevención según sus propios criterios. Y así es como Japón cierra escuelas dos semanas antes de que comiencen las vacaciones de primavera. Arabia Saudita suspende de manera temporal la entrada a los peregrinos que visitan la mezquita del profeta Mahoma y los lugares sagrados del Islam en La Meca y Medina, así como a turistas de países afectados por el virus. En las noches de Teherán, capital de Irán, el país con el brote de coronavirus más importante de Oriente Medio con 245 casos y 26 muertos, cientos de operarios se dedican a desinfectar autobuses y trenes. En Italia, el gobierno permite que las empresas y los empleados opten por hacer teletrabajo hasta el 15 de marzo. En China, se impuso una cuarentena forzosa a 60 millones de personas y ya hay estudios que tratan de dilucidar qué efectos tendrá eso sobre la psiquis de los afectados. Hace pocos días, un crucero que se dirigía a México fue rechazado en Jamaica y en las Islas Caimán por temor a que llevara enfermos por coronavirus.

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En las redes sociales, el hashtag #NoSoyUnVirus se impuso durante días, pidiendo por la no discriminación de las personas de origen asiático como posibles portadores del temido coronavirus.
Medidas locales. El virus SARS-Cov-2 puede provocar una enfermedad respiratoria muy severa, a la que se bautizó como COVID-19. Detectar a las personas que tienen síntomas es la meta del protocolo puesto en marcha por el Ministerio de Salud de la Nación, para lo cual se pidió la colaboración a las empresas de transporte aéreo, naval y terrestre. Eduardo López, infectólogo y jefe del Departamento de Medicina del Hospital Ricardo Gutiérrez, resume el procedimiento: “Los individuos que vengan de Italia van a tener un tratamiento especial, consistente en que el avión va a aterrizar en un lugar más alejado de lo habitual, van a subir los médicos de Migraciones, el personal de salud de la Dirección de Fronteras y les van a hacer un interrogatorio, una entrevista y, eventualmente, les tomarán la fiebre. Si una persona es un caso sospechoso va a ir a unos containers que actuarán como aislamiento, hasta que la persona sea llevada hasta el Hospital de Ezeiza”.

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Para López, estas medidas son más efectivas que el autocontrol de síntomas, al que se recurrió en un primer momento. “El ejemplo más claro de que no se puede confiar en el autocontrol es la señora de la secta religiosa en Corea del Sur que fue a China, volvió con el coronavirus y participó de una ceremonia religiosa en la cual contagió a muchísima gente. En una epidemia, todas las medidas son pocas. Lo que uno tiene que lograr es minimizar el riesgo y, de alguna manera, comprar tiempo”.

Muchas personas se preguntaron estas semanas por qué en la Argentina no se utilizan escáneres térmicos en los aeropuertos. “El control de temperatura de rutina a todos aquellos que arriben al país es una estrategia que tiene moderada eficacia y ha demostrado poco impacto durante la pandemia de influenza. La sensibilidad reportada para prevenir influenza en aeropuertos fue baja, de entre 1,1% y el 6,6%”, advierten desde el Ministerio de Salud. Y es que, además, una persona que esté incubando la enfermedad es afebril.

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Si a esto se le suma el hecho de que las investigaciones sobre el coronavirus ya detectaron a personas que diseminan el virus sin tener ningún signo de enfermedad, se hace cada vez más difícil detectar a quienes sí pueden estar contagiando.

Es mucho lo que todavía no se sabe, o lo que cambia con el correr de los días: primero se pensaba que el período de incubación era de 14 días, pero ahora se sabe que puede ser de 21 días y hasta de más. Tampoco se entiende por qué el virus ataca principalmente a personas adultas mayores (la mayoría, con enfermedades preexistentes como diabetes, trastornos cardiovasculares, asma) y muy poco a chicos (con lo cual, cerrar escuelas no parece realmente efectivo) y no hay medicamentos ni vacunas que sean específicos para tratar la enfermedad, y mucho menos prevenirla.

Coronavirus: ¿cuál es la diferencia entre una epidemia y una pandemia?

Infodemia cotidiana. Con el coronavirus todo es muy cambiante, vertiginoso, diario. Y de eso, además, se está alimentando la infodemia (o epidemia de información falsa) que circula, especialmente, en las redes sociales. Que el virus fue creado hace años en un laboratorio; que el gobierno de los Estados Unidos (o de China, según en qué redes se distribuya la fake news) creó y patentó una vacuna contra el coronavirus; que el aceite de orégano es eficaz para tratarlo; que el virus puede ser controlado a base de alguna dieta; que hay dos o tres veces más casos que los declarados por los gobiernos y los organismos internacionales de salud. La lista es muy larga. El pánico es su alimento y, al mismo tiempo, su consecuencia.

Así es como la demanda de equipos de protección personal, como barbijos, había aumentado ya a principios de febrero unas cien veces y los costos se habían disparado a alrededor de 20 veces su precio habitual. Cuando, aseguran los expertos, el barbijo solo protege a quien está frente a una persona enferma de COVID-19 a menos de dos metros de distancia.

¿Qué pasará de aquí en más? Lo más probable es que el virus llegue a más países aún. “Hay que diferenciar lo que es caso esporádico de circulación viral plena. Una cosa es contar con casos esporádicos, que es muy probable tengamos en la Argentina, sin llegar a tener circulación del virus en la comunidad”. A estas alturas de la epidemia, lo que se busca es controlar lo más posible su dispersión y ganar tiempo, mientras se desarrolla la vacuna que prevenga el contagio o el medicamento que cure la enfermedad.

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