Psicología

Cómo controlar el estrés al volante

Consejos para que manejar no se vuelva contraproducente para tu cuerpo y tu mente

martes 25 de febrero de 2020 - 7:12 am

Los atascos, las condiciones meteorológicas, conducir de noche, con niños, zonas inseguras, por puentes o túneles o por autopistas o autovías son las situaciones que más estrés producen durante la conducción. A mayor cantidad e intensidad de momentos estresantes mayor es la gravedad de los accidentes.

Conducir estresado puede hacer que se deje de prestar atención a información y a señales importantes, además de responder de manera agresiva hacia otros.

Suelen asociarse con una conducción en estado de estrés pensamientos negativos como “cualquier día tengo un accidente”, “los demás cada vez conducen peor”, “no voy a llegar a tiempo y me van a despedir”, etc. Otros comportamientos como pasar semáforos en amarillo casi en rojo por ganar unos minutos, impacientarse con los conductores que van a un ritmo más calmado o reaccionar un poco más justo ante un imprevisto (frenar bruscamente) también son indicadores.

A veces, el estrés no se manifiesta en forma de pensamientos o sentimientos sino como síntomas físicos: variar la postura, notar tensión en alguna parte del cuerpo o cambios en el ritmo de respiración. Se puede acumular tensión en diferentes partes del cuerpo como en las cervicales, los brazos y la espada entre otras. Además, si se aguanta la respiración de manera inconsciente pueden aparecer bostezos y suspiros; y si se respira de manera rápida y superficial, podrían aparecer mareos o llegar a hiperventilar.

Para hacer frente a este tipo de comportamientos, lo primero que hay que hacer es ver si están relacionados con el tráfico o están causados por otros factores como la familia o el trabajo. Tras esto, es importante darnos cuenta de cómo se manifiesta el estrés y qué tipo de síntomas aparecen en nuestro cuerpo.

– Físicos: aumento de la tensión muscular, respiración superficial y rápida, pulso elevado, mareos y manos y pies fríos, boca seca, malestar estomacal, diarreas, cambios de peso y disminución de la líbido.

– Congnitivos: dificultad para mantener la atención, tendencia a equivocarse más, disminución de la memoria y aumento de las preocupaciones.

– Conductuales: se presentan conductas agresivas, insomnio, aumento del consumo de alcohol, tabaco o drogas y desmotivación.

Si no te queda más remedio que seguir usando el coche, lo mejor es seguir una serie de consejos para prevenir o disminuir las reacciones físicas y mentales:

– Aprender a gestionar el tiempo.

– Aumentar la inteligencia emocional. Saber identificar las emociones y aprender a regularlas, poner en práctica la empatía con los demás conductores y peatones.

– Construir rituales de bienestar. Después de una situación de estrés es necesario un periodo de recuperación. Practicar alguna actividad como leer, hacerse un masaje o salir con los amigos.

– Realizar ejercicio físico. Es beneficioso para el cuerpo y ayuda a despejar la mente.

– Llevar una alimentación variada y sana. Es importante hidratarse y hacer comidas ligeras a la hora de conducir. Si no se come lo suficiente, no tendremos energías para mantener la atención que requiere conducir, y si se come demasiado, una parte de energía se concentrará en la digestión.

– Levantarse con tiempo suficiente y no con la hora justa para afrontar tranquilamente cualquier imprevisto de camino al trabajo. No marcar una hora de llegada establecida para evitar impacientarse.

– Dormir las horas necesarias, evitar el consumo de alcohol, tabaco, otras drogas o fármacos, tener especial cuidado con los estimulantes como el café o el té, escuchar música relajante en el coche y mantener un estilo de vida saludable.

Fuente: Cuidate Plus

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