La muerte de Bonadio

Así pasó los últimos días el juez Claudio Bonadio

El magistrado murió en la madrugada del 4 de febrero después de un año de pelear contra un cáncer cerebral

viernes 21 de febrero de 2020 - 2:34 pm

Una semana antes de morir, el 28 de enero, el juez Claudio Bonadio se desvaneció en su casa y preocupó a toda su familia. El cáncer cerebral que había intentado ocultar durante casi un año, hacía estragos y lo llevaba lentamente a su muerte, que ocurriría apenas siete días después, en la madrugada del 4 de febrero.

Hacía un tiempo que la afasia no le permitía hilvanar palabras de una manera coherente y transmitir lo que pensaba. Para tratarse y sin dar detalles decidió tomarse unas vacaciones: algunos dijeron que era por estrés y otros por el cáncer cerebral, que el propio Bonadio tuvo que empezar a comentar a sus colegas.

En el FLENI adonde se atendió aquel 28 le dieron los últimos detalles del tumor: tenía un glioblastoma multiforme que le habían diagnosticado en mayo del año pasado, le provocaba una paresia facio-braquio-crural con efectos tanto el lado derecho del cuerpo como el izquierdo, lo que implicaba una disminución de la fuerza de sus músculos con limitación del rango de movimientos, según el informe médico al que accedió Noticias.

Cómo comenzó todo

La salud de Bonadio comenzó a deteriorarse en enero de 2019, cuando percibió que tenía problemas de visión en su ojo derecho. Decidió consultar a un oftalmólogo que advirtió la seriedad del caso. Le indicó que se hiciera unos estudios más complejos y de ahí surgió un diagnóstico más preciso, aunque no definitivo. El informe decía que tenía una “lesión ocupante en la región occipital izquierda”. Se trataba de un tumor pegado al cerebro. Desde aquel día nada volvió a ser igual. Los médicos recomendaron hacer más estudios y programar una operación. Así fue como se llegó hasta mayo en el más celoso de los secretos. Apenas un puñado muy pequeño de familiares y amigos tenían detalles de la salud del juez. Cuando pidió licencia para operarse, Bonadio tuvo que blanquearlo con mucha más gente y el dato se filtró.

En los días posteriores a la cirugía, la falta de información y la grieta política que atravesaba la propia actuación del juez hizo que comenzaran a circular versiones encontradas. Desde los medios más afines al kirchnerismo se habló de inmediato de un tumor, pero con algunas imprecisiones. Desde los medios más duros con Cristina Kirchner se habló de un simple quiste e incluso se dijo que solo sufría estrés. En esos relatos, vale aclarar, sólo estaba expresada la palabra del propio Bonadio y su entorno, quienes escondían el verdadero diagnóstico.

Su situación era tema de Estado, porque se había convertido en el primero en pedir la prisión preventiva de Cristina Kirchner y tenía en sus manos la causa de los cuadernos del ex chofer Centeno, el expediente que sacudió al kirchnerismo y gran parte del establishment empresario. La salud de Bonadio era relevante porque se había convertido en el motor de los expedientes que tenían como protagonista a la actual vicepresidenta. Su estado físico y mental era materia de especulación y si Bonadio tenía una recaída era probable que las causas también la tuvieran.

Dramas de un país con instituciones débiles.

Por entonces, el verdadero estado de salud del juez era una incógnita, hasta que esta revista accedió a su historia clínica. En aquel documento constaban los detalles del presente y el pasado de la salud del juez. Incluso los antecedentes familiares. Y con una particularidad: por la alta exposición pública del magistrado, estaba registrado con el nombre “Claudio Pasquinetti”. Utilizaba su apellido materno.

En esa historia clínica se contaba que el sábado 4 de mayo de 2019 le realizaron una “exéresis del tumor”. Se lo habían quitado. Para llegar hasta el cerebro, tuvieron que raparle la cabeza y abrirle una parte del cráneo. La cirugía fue llevada adelante por los doctores Andrés Cervio y Santiago Condomi Alcorta, quienes trabajaron con un microscopio, un cavitador ultrasónico y un neuronavegador, según el informe médico. Una vez extraído el tumor, se hizo un estudio anatomopatológico intraquirúrgico que dio como resultado que se trataba de un glioblastoma multiforme. Ese sábado se reveló la gravedad del caso: el tumor estaba pegado a la hoz del cerebro, una membrana que separa al hemisferio derecho del izquierdo, y, según los especialistas, cuando los tumores se anclan en esa zona, los diagnósticos son los peores. Y lo fue.

Bonadio decidió seguir adelante. Se compró una boina y volvió a trabajar el 23 de mayo. Ese día subió las escalinatas de Comodoro Py y entró a su juzgado de buen humor dispuesto a darle un cierre a la mayor parte de las causas que tenía a su cargo. “Los registros sobre mi muerte eran exagerados”, bromeó.

Los abogados que litigaban en su juzgado comenzaron a notar una aceleración inusual en diferentes expedientes. Ese mismo día elevó a juicio oral una causa contra Cristina Kirchner por tener en su poder un original de una carta que le envió San Martín a O’Higgins. Dos semanas después la procesó en una causa derivada de los cuadernos conocida como “Corredores viales”, un expediente colateral que se inició a partir de la declaración del ex titular del Órgano de Control de las Concesiones Viales (OCCOVI), Claudio Uberti, quien dijo que recolectaba coimas de esas firmas.

En julio, en plena campaña electoral, citó a declarar al entonces candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, por la causa del Memorándum con Irán. Al mes siguiente inició el proceso de elevación a juicio oral de la causa Cuadernos y un mes después elevó sólo un tramo. Esto fue producto de que la Cámara Federal no había avalado todos los procesamientos del juez. Es probable que esta situación dé pie para que el expediente entre en un extenso letargo judicial (ver recuadro).

Bonadio continuó yendo a trabajar a pesar de que su debilitamiento físico se volvía evidente. En diciembre, entre la Navidad y el inicio de la feria Judicial, el fiscal Carlos Stornelli fue a visitarlo. Para ese entonces ya recibía a muy poca gente. Apenas lo podía ver Mónica, su fiel secretaria privada. Stornelli lo encontró desmejorado. “El físico le estaba jugando una mala pasada, pero seguía trabajando”, dijo el fiscal.

Durante la feria su estado empeoró y falleció el 4 de febrero.

Fuente: Noticias

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