Psicología

Cómo afectan las emociones de la madre en el desarrollo del bebé

Cómo repercute tanto durante la gestación como en la lactancia

miércoles 19 de febrero de 2020 - 7:04 am

El estado emocional propio incide en las personas que nos rodean. De igual manera, las emociones de una madre a su bebé le afectan. Durante los nueve meses de embarazo van a afectar a cómo se desarrolle pero, sobre todo, van a afectar durante el periodo de lactancia.

Los malos hábitos como el alcohol o el tabaco, una mala alimentación o el abuso de café son perjudiciales mientras sucede el embarazo. Las emociones de la madre son un gran regulador de la fisiología de ella y del bebé.

Las que son positivas, por ejemplo, generan una atenuación del sistema cardiovascular y una activación y refuerzo del sistema inmune. En cambio, cuando abundan las emociones negativas, segregamos hormonas tóxicas, el corazón se nos acelera y se deprime el sistema inmune, lo que nos deja más vulnerables ante las enfermedades.

Esto no quiere decir que el embarazo consista en percibir siempre emociones positivas. No estamos libres de experimentar emociones negativas. Sabemos que la placenta protege al bebé de las emociones negativas. El problema surge cuando se cronifican y la madre no es capaz de sentir el bienestar y la felicidad. Está claro que el estrés o la ansiedad en su justa medida no son malos, pero prolongados en el tiempo son perjudiciales para ambos.

En este periodo es crucial una adecuada regulación emocional de la madre. Si está experimentando emociones como la tristeza durante mucho tiempo, esta va a afectar a la producción de prolactina y oxitocina, encargadas de producir la leche en el periodo lactante. Así, los cambios en el sistema endocrino no sucederán de manera adecuada.

Otro ejemplo sería el estrés prolongado. En esos momentos, el organismo segrega una serie de hormonas como el cortisol, que nos preparan para la huida, la lucha o la congelación.

Cuando se disparan estas hormonas, se detienen las funciones que el cuerpo considera menos importantes para lidiar con esa situación, como las funciones del sistema digestivo y las del sistema inmune. Por tanto, esto va a afectar de forma negativa a las funciones del aparato digestivo y puede hasta disminuir la capacidad del organismo ante la aparición de una afección.

Estas hormonas que se encuentran en la leche materna pueden, a través del plasma sanguíneo, transmitirse al bebé. De este modo, puede provocar un enlentecimiento en su maduración neuronal e inmunológica, y una mayor dificultad para ganar peso, ya que ambos sistemas no se encuentran funcionando de manera adecuada.

Fuente: Eres mamá

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