Economía

Reestructurar la deuda o tener un plan, ¿qué va primero?

Annabella Quiroga

Periodista

La semana pasada el ministro Martín Guzmán estuvo en Nueva York y se reunió con grupos de acreedores

domingo 2 de febrero de 2020 - 2:44 pm

Columna publicada originalmente en Clarín

El Gobierno armó un cronograma de reestructuración de la deuda que tiene como meta cerrar trato con los acreedores a finales de marzo. Pero todavía no dio detalles de cuál será la propuesta de canje que presentarán ni definió de dónde saldrán los recursos para pagar cuando llegue el momento. Para los analistas, que no haya aún un plan económico definido que incluya cuál será la meta de superávit fiscal o la expectativa de crecimiento del PBI es un elemento que desalienta a los bonistas y que puede jugar en contra a la hora de negociar.

La semana pasada el ministro Martín Guzmán estuvo en Nueva York y se reunió con grupos de acreedores. Pero en esos encuentros no dio detalles del esquema económico que implementarán ni de la propuesta de canje en sí. A su regreso, el ministro difundió el cronograma de sostenibilidad de la deuda y ratificó que buscan cerrar trato en 8 semanas. Respecto del plan en sí, el cronograma apenas establece que Guzmán presentará en la segunda semana de febrero “los lineamientos del análisis de sostenibilidad” ante el Congreso. Desde el Gobierno indicaron que no habrá que esperar demasiadas precisiones en esa presentación. “Los datos macroeconómicos se irán trabajando en paralelo en el proyecto de Presupuesto 2020”, que aún no tiene fecha.

El propio Fondo Monetario, que tiene status de acreedor privilegiado, la semana pasada decidió no incluir a la Argentina en su informe de actualización de proyecciones para la región. El país se quedó afuera porque el organismo considera que por el “entorno de incertidumbre” no es posible hacer pronósticos. En 10 días estará llegando al país una misión del FMI con el objetivo de avanzar en un nuevo acuerdo que le dé un paraguas a la renegociación con los bonistas y a la vez establezca las bases para definir cómo y cuándo el país le devolverá al organismo los US$44.000 millones que recibió durante la administración de Mauricio Macri y que —según el trato original— deberían pagarse en 2022 y 2023.

“Ante una reestructuración lo que el acreedor quiere saber es: ¿cómo me vas a pagar?”, dice Miguel Kiguel, quien fue subsecretario de Finanzas en los 90. “Hace falta conocer la visión del Gobierno acerca de cómo va a ser la economía de acá a 4 años. Cómo van a ser las cuentas fiscales y cuáles son las medidas para crecer. Además de conocer los plazos y condiciones del canje, los acreedores quieren saber qué esfuerzos va a hacer la Argentina para pagar”. Del lado del FMI, lo que Kiguel espera es que al menos haya algún guiño en el que el organismo dirigido por Kristalina Georgieva, con quien el ministro Martín Guzmán va a reunirse esta semana en Roma, diga “el esfuerzo fiscal nos parece razonable”. Para el director de EconViews “esa sería una señal fuerte para los acreedores. A mediano plazo Argentina va a tener que tener un superávit primario del 1% del PBI. Nadie habla de tener esos resultados en 2020, pero lo que se va a mirar es que se vaya en la dirección correcta y se acerque a esos niveles”. ¿Es posible cumplir con el cronograma que armó Guzmán y que prevé cerrar el acuerdo para fin de marzo? “Es un programa realmente muy agresivo. Tiene que ir todo bien para cerrar en esa fecha. El cronograma de Guzmán se puede cumplir si Argentina es extremadamente generosa con la quita de intereses. En ese caso los bonistas agarran con las dos manos”, señala Kiguel. “Pero si negocia una quita mayor, y empieza a haber cierta discusiones, tal como está pasando en la provincia de Buenos Aires, eso puede llevar un poquito más de tiempo”. ¿Una oferta generosa sería a la vez una oferta sostenible? “Creo que una oferta extremadamente generosa no sería sostenible. No conviene hacer una oferta en la que de acá a dos tres años tengamos problemas de vuelta”. Aun así, Kiguel cree que el acuerdo podría cerrarse “en algún momento del segundo trimestre”.

Respecto de la propuesta en sí, Kiguel considera que “el plazo de gracia que se está pensando sería de 3 ó 4 años con una reducción de intereses. Eso se está viendo en el mundo como muy probable y creo que lo van a aceptar. Pero la gran pregunta va a ser cuál va a ser la quita, cuánto van a valer los bonos al día siguiente de la reestructuración. Hoy los títulos argentinos valen 45 centavos en promedio. Entonces, ¿a qué nivel tendrían que ir para que los bonistas acepten? Ahí varían los números: ¿55, 60, 70 centavos?. No sé cuál va a ser el número, pero claramente tiene que ser una mejora importante, si no no hay un incentivo para acordar”. Gabriel Zelpo, director de la consultora Seido, considera que primero debe aparecer el plan económico y en base a eso armar la negociación. “Es importante que se presente un plan consistente para que la deuda vuelva a ser sostenible. Si no sé cuál va a ser tu programa para poder pagarme, voy a buscar otra forma para cobrar. En otros palabras: ir a juicio”. “La parte fiscal va a ser muy importante. Ahí verán si son realistas los supuestos de crecimiento en una economía que está estancada hace 10 años. Es muy difícil ir al superávit fiscal este año, pero al menos deberían delinear alguna política, especialmente en términos de subsidios y tarifas”. Zelpo destaca que “si quieren un acuerdo rápido no pueden tener una quita muy significativa. Por eso creo que va a ser una oferta muy generosa. No veo un período de gracia de intereses. Un estiramiento de los vencimientos de capital es necesario, pero para intereses no lo veo factible”.

En cuanto a los tiempos, Zelpo menciona que “el acuerdo se puede alcanzar pero no para fin de marzo. Si está bien encaminado será para el segundo semestre”. Desde la consultora Ecolatina, Matías Rajnerman disiente con sus colegas y cree que la estrategia de Guzmán de no mostrar las cartas y no dar a conocer aún los ejes del plan económico es la acertada. “El plan integral se tiene que definir con los acreedores. Ellos van a tener muchísima injerencia. Si no presentan el plan no es por un capricho, es porque no lo tienen. El plan es la prenda de cambio”. El economista considera que si Guzmán define una meta efectiva de superávit, “los acreedores van a pedir endurecerlo. El acreedor va a buscar cobrar lo más rápido posible, va a intentar defender lo suyo. Si bien es cierto que no les sirve que Argentina entre en default, también es cierto que ellos tienen más tiempo que nosotros y eso nos puede hacer cerrar un peor acuerdo”. Rajnerman cree que se van a estirar los plazos. “Vamos a entrar a abril con la negociación aún en trámite. Lo importante es no apartarse mucho porque el calendario de vencimientos también te condiciona. Acá lo que se busca es evitar el default. Hay voluntad de pago y de lograr un acuerdo lógico que permita volver a los mercados en un plazo razonable de dos años”.

El objetivo es dejar de ser un paria financiero: terminar el gobierno de Alberto en 2023 con los mercado abiertos. Y no es un objetivo nada fácil”. Para Rajnerman, más que “generosa”, la oferta de Guzmán va a ser “amigable”. Esto supone un plazo de gracia de dos años y un objetivo de superávit fiscal para este año, “aunque sea tibio. Sería un esfuerzo, pero un esfuerzo mucho menor que el del año pasado. En 2019 la reducción del déficit fue de 2 puntos del PBI”. En este esquema, el acuerdo con los bonistas “podría estar cerrado entre mayo y junio. Pero si hay quita de capital, el proceso tiene que ser más largo”. “Hay que evitar que la deuda siga siendo un problema recurrente. Definir una estrategia de crecimiento, establecer cómo dinamizar la economía y encauzar la cuestión fiscal y monetaria”, plantea Daniel Marx, ex secretario de Finanzas. “Hay que volcar todo esto en un ejercicio de sostenibilidad que vaya disminuyendo las vulnerabilidades. Y que las cargas estén distribuidas de manera aceptable entre los distintos jugadores. Los acreedores saben que tienen que hacer concesiones. Saben que el contrato original es inviable y terminaría siendo peor para los deudores y también para los bonistas. Hacen concesiones en favor de tener algo mejor después que disminuya la tasa de riesgo de Argentina y le dé mayor probabilidad de cumplimiento efectivo”.

Para Marx “hay chances de llegar a un acuerdo, pero no es mágico, hay que armarlo. En principio, los bonistas tienen buena predisposición, pero cuando uno va a los detalles, hay complicaciones. El tema está en los detalles”.

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