Opinión

¡Macri vuelve al fútbol!

Jorge Fontevecchia

Cofundador de Editorial Perfil, CEO de Perfil Network.

El ejercicio de la presidencia es una tarea extenuante que consume energía cognitiva del más dotado, y quien deja la presidencia, como los buzos expuestos a la presión de altas profundidades, precisa pasar por una cámara de descompresión antes de salir a la superficie

domingo 2 de febrero de 2020 - 9:40 am

Columna publicada originalmente en Perfil

Daba pena ver a De la Rúa en 2002, cuando había dejado de ser presidente. Pero De la Rúa había renunciado y estaba enfermo. Quedaba el consuelo de que los argentinos habían elegido a otra persona para la presidencia que luego se incapacitó.

Pero ver a este minusvalorado Macri, por momentos disociado de la realidad, siendo un ex presidente sano que no padeció una salida abrupta de su presidencia, duele mucho más. Porque este Macri es el que volvió a ser votado por más del 40% de los argentinos hace pocos meses y solo por el 8% de diferencia no es el actual presidente.

El ejercicio de la presidencia es una tarea extenuante que consume energía cognitiva del más dotado, y quien deja la presidencia, como los buzos expuestos a la presión de altas profundidades, precisa pasar por una cámara de descompresión antes de salir a la superficie.

Quizás este Macri no sea el verdadero sino uno atontado por el estrés postraumático y le falte aún atravesar un proceso de recuperación de su capacidad de percibir la realidad. Pero en cualquier caso su aparición en Villa La Angostura frente a militantes del PRO local fue penosa.

Días después, en los argumentos de su satisfecha aceptación de la designación como presidente de la Fundación FIFA, pareciera confirmar que el fútbol es más importante en su vida que la política, lo que no está nada mal para quien no pretenda ser presidente de un país. Presidir la Fundación FIFA pareciera atraerle más que conducir la oposición y encabezar la representación de más del 40% de argentinos que lo votaron en octubre. Probablemente la mejor forma en que Macri pueda contribuir a la oposición sea manteniéndose ocupado en un tema menos complicado que la política, teniendo la excusa para estar fuera de la Argentina buena parte del tiempo cumpliendo algún deber y no paseando para escapar del agobio de las críticas.

Aunque para Jaime Duran Barba todos los estudios de opinión pública dan que Macri sigue siendo la figura más reconocida de la oposición y que ningún otro candidato lo superaría en cantidad de votos para cualquier cargo que sea disputado electoralmente en 2021. Paralelamente, no habría que interpretar que los dichos sobre que Cristina Kirchner era la “mujer más brillante de la historia de la política argentina” impliquen algún cambio de postura de Duran Barba.

Hace unos años ya había armado revuelo diciendo que “Hitler era un tipo espectacular”: para él la cualidad de extraordinario, por definición, es estar fuera del promedio de la campana de Gauss y no es necesariamente una virtud. Para él se puede ser brillante o espectacular y al mismo tiempo malévolo. No cree, como los antiguos griegos, que “no existe el mal sino la ignorancia” porque el conocimiento finalmente lleva inexorablemente al bien.

Por el contrario, Macri luce como una forma de banalidad del mal, un mal tonto, inconsciente, del que ignora que ignora y de la torpeza. La misma de quien en 2015 decía que la inflación era muy fácil de resolver y dice, con liviandad, lo que se le pasa por la cabeza o los asesores le dijeron que repitiera, con más facilidad para hacerlo que un político profesional, quien tendría inhibiciones frente a lo que le pareciera un disparate o conciencia de aquello que se le transformaría en un bumerán.

Macri, en la Fundación FIFA, podrá ser más competente que como jefe de la oposición. También podría ser una muy buena noticia para el país que volviera al fútbol y se alejara de una profesión que no ha logrado dominar. El rechazo que generó su designación en la Fundación FIFA en los presidentes de clubes de fútbol local refleja otro problema: creer que para un ex presidente es un premio ir a dirigir la Fundación de la FIFA (que lo deja en carrera) es fruto de la misma errada suposición de que, porque alguien dirigió con éxito un club de fútbol, podría ejercer con éxito las mayores responsabilidades de la función pública.

Macri fue presidente de Argentina tanto por haber sido un buen jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires como por haber sido un exitoso presidente de Boca. La misma perspectiva hizo que Matías Lammens obtuviera el 35% de los votos para jefe de Gobierno de la Ciudad en octubre pasado, después de haber presidido San Lorenzo. El resultado electoral de Lammens es el mejor que haya obtenido algún opositor en la Ciudad de Buenos Aires desde 2003.

Matías Lammens contó en privado que Macri, quien lo había tentado antes para ser candidato del PRO, le dijo que era mucho más fácil conducir el país que conducir Boca.

No sorprende porque, en el día a día, era muy común que apelara a metáforas futbolísticas para explicar situaciones de la conducción nacional o la batalla política, cuando las metáforas futbolísticas resultan una muy insuficiente forma de representar las fuerzas de la acción política. Pero, probablemente, sí pueda funcionar al revés y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, haya elegido mucho mejor al presidente para su fundación que los argentinos al de nuestro país.

El legislador porteño del Frente de Todos Claudio Morresi presentó en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires una propuesta de repudio al nombramiento de Macri en la FIFA. Quizá tenga razón: tener a Macri conduciendo la oposición facilitaría la vida del Frente de Todos.

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