Domingo de los 4 Papas

La enfermera que guardó la sangre del nuevo santo Juan Pablo II

La camiseta con manchas producto del atentado que sufrió en mayo de 1981 cuando recibió cuatro disparos en la Plaza de San Pedro, es custodiada hoy por monjas italianas

domingo 27 de abril de 2014 - 7:34 am

Dentro de una capilla ubicada en las orillas de Roma, una monja abre con una llave un panel de madera en la pared y queda al descubierto un nicho escondido.

Detrás del cristal y sujeta con puntadas en un respaldo se encuentra una reliquia del santo sufrimiento: la camiseta manchada de sangre que Juan Pablo II llev aba puesta el día que el turco Mehmet Ali Agca disparó contra el papa cuatro veces mientras éste entraba en la Plaza de San Pedro.

La prenda de mangas cortas y con el hoyo de la bala lleva las iniciales “JP” que le cosieron en hilo de algodón rojo en la etiqueta las monjas que le lavaban la ropa. Algunas roturas se ven del cuello a los costados y las hizo el personal de emergencias que desgarró la camiseta de Juan Pablo II al acudir presuroso a salvar la vida del pontífice de 60 años.

La vestimenta es una de las más notables de las que han surgido en la interminable lista de reliquias de Juan Pablo II, que será declarado santo hoy, en la misma plaza donde un turco intentó asesinado a tiros el 13 de mayo de 1981.

Las reliquias de Juan Pablo II están en auge desde la beatificación del amado papa en 2011, y adquieren una importancia y veneración cada vez mayor antes de que lo canonicen el próximo domingo.

disparan a juan pablo ii

El fenómeno fue impulsado por el confidente y secretario de mucho tiempo de Juan Pablo II, el polaco Stanislaw Dziwisz, que ha distribuido las reliquias entre las iglesias que las solicitan.

El Vaticano también ha tenido una participación en la fiebre por esos objetos al romper sus propias reglas para permitir la veneración mundial de las reliquias de Juan Pablo II apenas fue beatificado sin esperar a que éste se convirtiera en santo.

La famosa camiseta fue descubierta por la enfermera jefa en la sala de operaciones de la Policlínica Gemelli de Roma cuando ella limpiaba el piso.

“Ella comprendió que la camiseta podría ser importante”, dijo la hermana Amelia Cicconofri, quien a petición exhibe la prenda en la iglesia de Regina Mundi. “La enfermera la recogió, la envolvió en una toalla y la conservó en el clóset de su casa”, agregó.

La enfermera Anna Stanghellini, que vivió sus últimos años en el convento de la iglesia, donó la camiseta a las monjas del lugar, legando un testimonio gráfico y tangible del sufrimiento físico de Juan Pablo II.

 

Fuente: La Nación

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