Crimen en Villa Gesell

La vida después del calvario: cómo fue el regreso de Pablo Ventura a su rutina diaria

Luego de haber sido incriminado por el asesinato de Fernando Báez Sosa, el joven de 21 años regresó a su vida en libertad sin poder entender hasta el momento porqué le tocó atravesar semejante odisea.

viernes 31 de enero de 2020 - 3:25 pm

Cuatro días estuvo detenido Pablo Ventura en Villa Gesell. Cuatro días transcurrieron hasta que pudo recobrar su libertad. Cuatro días que seguramente se sintieron semanas, meses, años. Un día como todos los demás amaneció en su cama de Zárate, con su papá y su mamá, pero lo terminó en un calabozo improvisado de la DDI de Villa Gesell, esposado y vigilado por dos agentes de la Bonaerense que lo miraban como se mira a un asesino. Injustamente había sido incriminado por el asesinato de Fernando que tiene como principales acusados a 10 rugbiers, oriundos de su misma ciudad.

 

(Foto: Infobae)

 

El joven de 21 años no se animaba a volver al club que lo vio crecer. Con casi dos metros de altura, dedicaba toda su rutina diaria al remo, hasta el día de su detención. Hoy, y de a poco, vuelve al Club Náutico de Zárate donde todos lo conocen y donde hace lo que ama, que es remar en el cauce del majestuoso Río Paraná. Su mayor aspiración es competir en esa disciplina deportiva en los Juegos Olímpicos.

Te felicito, los felicito. Es una alegría enorme para todos. Tuvieron mucha fuerza. No te conozco pero creeme que me puso muy feliz verte en libertad”, le comenta una señora socia del mismo club. Los saludos no dejan de llegar para el joven que nada tuvo que ver en el asesinato en manada de Fernando aquella madrugada del 18 de enero. A cada paso que da, alguien se voltea a verlo. En Zárate ya es una celebridad. Su cuenta en Instagram pasó de 2 mil seguidores a 24 mil en menos de dos semanas.

 

(Foto: Infobae)

 

Es una locura”, repite el chico una vez más. Es que el joven afirma que jamás tuvo un problema con nadie: nunca estuvo demorado, ni aprehendido. “Siempre traté de mantenerme alejado de los quilombos y las peleas”, comenta. E inmediatamente, como si pensara en voz alta: “El año pasado fui a Gesell. Este año no iba a ir pero mirá si estaba allá… no estaríamos acá ahora”.

Nadie hubiese querido experimentar la situación por la que el joven atravesó. En su relato se puede comprender la desesperación del propio protagonista de no saber qué ocurría y qué había hecho, y la de un padre, que por milagro hoy puede acompañarlo en este proceso de sanación: “yo para todo esto no estaba enterado (de la muerte de Fernando). Me llevan a Campana y me empiezan a explicar. Me hablaban pero no decían nada concreto. De ahí a Chascomús y cambiaron de auto y me llevaron a Gesell. Sin saber qué había pasado. Y ahí me explicaron que me habían acusado, que yo me había fugado de un asesinato. Imaginate. Pero les dije que era imposible y respondían ‘eso lo tendrás que responder vos’”, relata Pablo sobre las primeras escenas de su pesadilla.

 

(Foto: Infobae)

 

“Fue realmente una locura. Los primeros tres días fueron un infierno. Incomunicado totalmente. Nadie me hablaba, me miraban como si fuera un asesino y eso fue horrible. Al tercer día se empezaron a dar cuenta que era buen pibe, quizá con la intuición de los policías. Yo siempre les decía que no sé qué pasó porque estaba en Zárate y me empezaron a creer. Estuve cuatro días esposado, solo me las sacaban para ir al baño. Me vigilaban las 24 horas. No era un calabozo, era como un aula de una escuela, una habitación grande, con una puerta y siempre uno o dos vigilándome 24 horas. Me acostumbré, tristemente, a ese lugar. Pero nunca pude relajarme. Sólo cuando me liberaron. Ahí recién pensé que ya estaba. Recién ahí tomé noción de qué estaba pasando en el país. Cuando me liberan ahí tomé conciencia. Tan viral se hizo esto. Me sentía shockeado. Vi todos los medios y quedé mal. Estaban todas las cámaras, se empujaban, era de noche, me rodeaban. Fue una locura, realmente”, dice de un tirón.

 

(Foto: Infobae)

 

“Cuando volví fue caer de a poco. Acá me encontré con mi mamá, algunos amigos y vecinos me recibieron y realmente me di cuenta que en Zárate me creyeron en todo momento”, comenta, y hace alusión a los diez acusados: “son pibes que nunca peleaban de a uno, siempre en grupo y contra el más débil”, suelta.

Ventura se fue de la Policía agradecido por el trato que le dieron los agentes. “Siempre fueron con respeto. Un día que mi papá estuvo a full y no me pudo llevar comida una chica policía me trajo un té con unas galletitas, yo lo valoro eso. Si bien fue muy feo, dentro de todo lo malo, no la pasé tan tan tan tan mal como podría haberlo pasado. Estoy agradecido a la DDI de Gesell”, comenta, tranquilo.

Haber estado en Zárate y tener cómo comprobarlo le valió cuatro días de prisión antes de la falta de mérito en la causa. Se especula que cuando estén los resultados oficiales de las pericias telefónicas Ventura vuelva a tener limpio su prontuario definitivamente. Por lo pronto, sólo una cuestión le inquieta y no sale de su cabeza. “Mirá, no tengo rencor ni odio, pero hasta el día de hoy me pregunto por qué dijeron mi nombre. No tengo idea, no sé por qué lo hicieron”. Nosotros como sociedad, tampoco.

 

(Foto: Infobae)

 

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