Opinión

Más tensiones en la coalición gobernante

Javier Calvo

Periodista. Jefe de redacción de Diario Perfil. Es también panelista del programa Animales Sueltos (América)

La más evidente de todas volvió a ser generada por el gobernador Axel Kicillof. La posibilidad de un default bonaerense definitivamente no resulta una estrategia acordada con el gobierno nacional

lunes 27 de enero de 2020 - 12:10 pm

Columna publicada originalmente en Perfil

En cumplimiento de las peores pesadillas del antikirchnerismo, CFK volvió a ejercer el Poder Ejecutivo y lo volverá a hacer en unos días, por los viajes de Alberto F a Israel y Europa. Pese a la excitación evidente de ciertos medios y periodistas, no firmó ningún decreto, no pisó la Casa Rosada y tampoco tiene pensado hacerlo.

Sin embargo, este modo ultracauteloso de la vicepresidenta de desalentar los fantasmas de un supuesto doble comando no logró obturar las incipientes tensiones internas dentro del frente oficialista.

La más evidente de todas volvió a ser generada por el gobernador Axel Kicillof. La posibilidad de un default bonaerense definitivamente no resulta una estrategia acordada con el gobierno nacional, como se intentó establecer desde alguna usina servicial. Y causó inquietud en el equipo económico presidencial, que intenta avanzar en la negociación con los acreedores.

El ministro Martín Guzmán se va a Estados Unidos como parte de la aceleración de las tratativas. Fue quien más se opuso (no el único, claro) a algún tipo de salvataje a Buenos Aires y otras provincias en problemas con el pago de sus deudas. Wado de Pedro, desde el Ministerio del Interior, trató de mediar y disponer de ayudas financieras indirectas. Fue en vano. Y Kicillof le tomó la patente a Guzmán.

Estos cortocircuitos (y otros menos visibles) convencieron al Presidente de subir al gobernador a su periplo exprés a Israel. Hay intendentes y legisladores peronistas bonaerenses que hacen llegar sus quejas casi a diario a Balcarce 50.

Fuentes oficiales relatan que Alberto habló mucho con Kicillof y le dio algunos consejos a lo largo de las horas que compartieron en este viaje. La mirada hacia el mandatario provincial aún es piadosa: va de la ingenuidad a la inexperiencia. De esas conversaciones no queda claro si se tocó el tema seguridad.

El ministro bonaerense, Sergio Berni, planteó discordias con su par nacional, Sabina Frederic. Y no reconoce siquiera al gobernador como su superior, sino que prefiere reportar directamente a su jefa espiritual, Cristina. Las chispas internas no se limitan a Kicillof. La visita a Israel y, sobre todo, la reunión del Presidente con el primer ministro Benjamin Netanyahu motivaron ciertos resquemores en sectores del kirchnerismo.

La incomodidad obedece a la oportunidad de la cita, en medio del resurgimiento de la polémica en torno a la muerte de Nisman y la presunta responsabilidad de Hezbollah en el atentado contra la Amia, hipótesis siempre sostenida por el ex fiscal y las autoridades israelíes. En la misma línea, pero más pública, el ex ministro kirchnerista Julio De Vido –con detención domiciliaria– impugnó la postulación del juez Daniel Rafecas como nuevo procurador general de la Nación, impulsada por el propio Presidente.

Más allá de viejas cuentas pendientes entre ellos de cuando uno era ministro y el otro jefe de Gabinete, y se detestaban, De Vido expuso las diferencias en el Frente de Todos sobre la actitud de Alberto F con la Justicia y con lo que ellos llaman “presos políticos”.

Abogado y profesor de Derecho Penal en la UBA, Fernández fue cauteloso con el término y prefirió referirse a “detenidos políticos”, incluso en el caso de la jujeña Milagro Sala, por quien días atrás reclamó que la consideren presa política el mismísimo ministro De Pedro.

Otra chispa la encendió la flamante titular de Radio y Televisión Argentina, la periodista Rosario Lufrano, a quien no se le ocurrió mejor idea que hacer un discurso belicoso en la sede de la TV Pública, con transmisión en vivo desde la señal. Su tono contrastó con la pluralidad declamada por su superior, el secretario de Medios Francisco Meritello, durante el mismo acto. Meritello, incómodo, debió luego salir a reforzar la idea de que no vuelve el periodismo militante K a los medios públicos. Otros y otras integrantes del elenco comunicacional oficial mascullan puertas adentro por el flaco favor de Lufrano. “Estamos bajo sospecha y ella las alienta”, fue lo más suave que se oyó.

En el entorno presidencial dicen que estas desavenencias son lógicas y que Fernández sabe conducirlas y contenerlas. Puede ser. Pero lucen riesgosas ante los enormes desafíos que tiene por delante el Gobierno. Sin que haga falta que Cristina estampe su firma en un decreto o vaya a la Casa Rosada.

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