Crimen en Villa Gesell

Crónica de la detención de Ventura: cómo fueron detenidos los rubgiers y el “chiste” que involucró al detenido 11

La policía siguió los rastros por las calles de Villa Gesell; una zapatilla con sangre, un mal chiste interno de los rugbiers y un dato aportado por una vecina, fueron las pruebas suficientes para ordenar la detención de Pablo Ventura, liberado ayer.

miércoles 22 de enero de 2020 - 12:14 pm

La ciudad balnearia de Villa Gesell amaneció el sábado con la triste noticia de que un chico había muerto a golpes, en la salida del boliche Le Brique. Fernando Báez Sosa, de 18 años, había sido asesinado por un grupo de jóvenes que horas más tarde se los identificaría como rugbiers. Tras el asesinato de Fernando, los investigadores de la Dirección Departamental de Investigaciones (DDI) local realizaron un llamado telefónico para pedirle a sus colegas en Zárate una detención de urgencia a casi 500 kilómetros de distancia. Este pedido fue todo un misterio.

Fernando Báez Sosa tenía sólo 18 años.

Se trataba del detenido número 11, Pablo Ventura, un remero de 21 años que fue liberado ayer por la noche, tras cuatro días en detención. La historia comenzó cuando la Policía de la ciudad balnearia emprendió la persecución a pie por las calles de Villa Gesell y los diez rugbiers -implicados y detenidos- repitieron un mal chiste interno, horas después del crimen.

La ambulancia acababa de llevarse el cuerpo de Báez Sosa de la puerta del boliche cuando tres policias de la Comisaría 1ra de Villa Gesell salieron a pie por la calle 3, en busca del grupo que había golpeado salvajemente a la víctima. Uno de los oficiales, que se encontraba de civil, unos minutos antes le había estado practicando maniobras de RCP al joven de 19 años.

Fuentes de la investigación le confirmaron al medio Infobae que, en la que es una maniobra habitual, los oficiales se concentraron en retener, a partir del relato de testigos y de algunas de las imágenes, los rasgos del miembro más identificable. Por el pelo largo tirante hacia atrás y el rodete alto, el elegido fue Matías Benicelli.

Atentos a los rasgos de Benicelli, los efectivos comenzaron a seguir los rastros por las calles de Gesell. Al llegar a un punto ciego, una vecina de la zona aportó un dato clave que le iba a permitir a los policias continuar con la persecución: la mujer señaló que un grupo de varios jóvenes había pasado por allí a los gritos, perdiéndose en algún lugar de la calle Alameda 202, una suerte de playón de arena, un gran semicírculo rodeado de bosque, en torno al que hay unas pocas propiedades y ninguna salida. O se habían perdido entre la vegetación o una de esas casas era la suya.

Los tres policías comenzaron a golpear las puertas del vecindario. En la primera, les abrieron y entraron. Allí les exigieron a un grupo de jóvenes -que no presentaron resistencia- que les mostraran las manos y las caras. No tenían marcas de sangre, rasguños, ni moretones. No había rastros en el lugar que desentonaran o llamaran la atención. Entonces volvieron a la calle.

Y así fue el procedimiento en otras casas, de forma repetida, hasta llegar a la última que se encontraba mayormente oculta en el follaje. Es una tranquera de madera y a unos 20 metros un chalet de techo de tejas a dos aguas. Los jóvenes los vieron llegar y esta vez no hizo falta pedirles que muestren las manos o las caras: allí estaba, Benicelli, quien fue reconocido de inmediato.

Los rugbiers superaban ampliamente en número a los efectivos. Eran diez contra tres, pero los jóvenes -afortunadamente, según una fuente del caso- no presentaron resistencia. Los policías no contaban con las esposas suficientes, por lo que solicitaron refuerzos de forma inmediata, y en cuestión de segundos la Alameda se encntraba rodeada de móviles.

Una vez detenidos los rugbiers, los policías comenzaron a rastrillar la casa. Allí encontraron una zapatilla con sangre, y uno de los efectivos preguntó “¿De quién es esto?”. “De Pablo”, contestó uno de los detenidos. “Sí, de Pablo Ventura”, repitieron otros. Y así fue como el remero que estaba en Zárate era involucrado en el caso.

El “dato” que brindaron los detenidos se sumó a otro dato que aportó una vecina: La mujer dijo que más temprano había visto salir de la vivienda a un auto blanco. Pablo Ventura es dueño de un Peugeot 208 color blanco. Esta información terminó por convertir a Ventura en lo que horas después iba a ser el detenido 11 del caso.

Momento de la detención de los rugbiers.

Con esa información, el fiscal Walter Mercuri -entonces a cargo del caso- pidió la detención de Ventura que fue ordenada por el juez de Garantías David Mancinelli.

“Yo sinceramente creo que estos chicos no sabían que se había muerto el otro joven. Por eso tiraron Pablo Ventura, yo creo que lo tiraron como una broma. Ni siquiera creo que sea una malicia. Lo han dicho como una joda más, pensarían que el chico no estaba muerto. Hoy un amigo de los chicos estos me dijo que cada vez que ellos hacían alguna picardía decían: “¿Quién lo hizo? Pablo Ventura”, dijo José María, padre de Pablo, ayer a la noche cuando el joven fue liberado. Pero para eso faltarían cuatro días.

Horas más tarde del pedido de detención de Ventura, oficiales de la DDI de Zárate golpearían la puerta de la casa de Ventura. Los policías trasladaron a Pablo a una dependencia y allí le informaron que estaba detenido por el crimen de Báez Sosa. Luego fue llevado a Villa Gesell, y detenido pero separado de los otros diez involucrados, para evitar cualquier  inconveniente. Ventura fue alojado en la DDI mientras que cinco imputados estaban en la comisaría 2 de Gesell y los otros cinco en la 1 de Pinamar.

El padre de Ventura y su abogado, Jorge Santoro, dijeron desde un primer momento que el chico estuvo el viernes a la noche y el sábado a la madrugada en Zárate. Para sostener sus dichos aportaron un video del restaurante “La Querencia” donde se ve a Pablo, junto a su padre y su madre cenando. También viajaron tres testigos: un chico y una chica que dijeron que después de la comida estuvieron con él en un departamento, y una vecina que testificó que lo vio llegar a su casa a las cinco de la mañana. Era la misma hora en la que los rugbiers ya habían matado a Báez Sosa y volvían a la casa en la que iban a ser detenidos.

El detenido número 11 fue indagado el lunes durante 45 minutos. Declaró que cuando se cometió el crimen estaba en Zárate. La fiscal Verónica Zamboni comenzó a trabajar para corroborar las pruebas que la familia había llevado para probar su inocencia. Los resultados fueron que Pablo estaba en su ciudad.

El primer elemento para confirmar la inocencia de Ventura, fue el video del restaurante. Si bien las imagenes no pudieron ser extraídas -ya que quien tiene la clave para hacerlo está de vacaciones en Brasil-, los dueños del lugar señalaron que las imágenes son verídicas y pertenecen al viernes a la noche. El segundo elemento fue aportado por la empresa Autopistas de Buenos Aires (AUBASA) que informó que ninguno de los dos autos a nombre de la familia Ventura -incluido el Peugeot 208 blanco- pasó ese fin de semana por los peajes de Villa Gesell. “Quienes somos de la zona sabemos que no hay forma de entrar o salir sin pasar por un peaje”, le dijo a Infobae un investigador del caso.

Otra prueba determinante para dejar fuera del caso a Ventura, es que ni las cámaras de seguridad del boliche Le Brique, ni las municipales ni la del supermercado que tomó a cinco acusados, registraron a Ventura. Y un cuarto elemento es que en el contrato de alquiler de la casa no figura Pablo Ventura. El dato de esa prueba es que en la documentación sí está el nombre de otro joven que nunca llegó a Gesell, por lo que iban a ser 11 amigos en la vivienda. Pero no Pablo Ventura.

Los elementos que recaudó la causa fueron suficientes para comprobar que el detenido número 11 no había estado en Villa Gesell cuando Báez Sosa fue asesinado a golpes. Así, la fiscal Zamboni le pidió al juez Mancinelli que le dicte la falta de mérito a Ventura y lo libere. Y eso hizo el magistrado ayer cerca de las 20 horas. El chiste interno de los rugbiers se tornó en una verdadera pesadilla de cuatro días para Ventura.

Los dichos del padre sobre que cada vez que los acusados hacían una picardía decían que la culpa era de Pablo, se suma al dato, recogido por Infobae, de la existente rivalidad entre Pablo y los rugbiers en el Arsenal Rugby Club de Zárate.

A Ventura se le dictó falta de mérito, ya que no hay pruebas para involucrarlo, pero seguirá bajo investigación. El juez le informó que se va a tener que presentar a las ruedas de reconocimiento dispuestas para esta semana y la próxima. Pero una fuente del caso reconoció que más allá de lo formal está prácticamente desvinculado del caso.

La situación de los 10 rugbiers es totalmente distinta. Matías Franco Benicelli (20), Ayrton Michael Viollaz (20), Macimo Pablo Thomsen (20), Luciano Pertossi (18), Lucas Fidel Pertossi (20), Alejo Milanesi (20), Tomás Enzo Comelli (19), Juan Pedro Guarino (19), Ciro Pertossi (19) y Blas Sinalli (18) siguen detenidos bajo la acusación de haber cometido un homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas y alevosía que tiene una pena única de prisión perpetua.

Los 10 rugbiers implicados en la causa por el asesinato de Báez Sosa.

Uno de los investigadores de la causa, en diálogo con Infobae, comentó: “Diría que nos excedimos al ir a buscarlo (a Ventura) y traerlo detenido desde Zárate sin antes, tal vez, ordenar algunas diligencias previas. Pero era un caso de extrema gravedad con una sospecha inicial por lo que no se podía perder tiempo. Ahora esa sospecha se ha desvirtuado”. El abogado de la familia Ventura dijo que entendía la decisión de la justicia de detener a Pablo, más allá de que sabían que era inocente.

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