Caso Nisman

Qué es de la vida de las hijas de Nisman, a cinco años de su muerte

La mayor, Iara, ingresó a la Universidad de Buenos Aires, donde estudia Arquitectura; por su parte Kala, la menor, cambió de colegio secundario y juega al hockey

sábado 18 de enero de 2020 - 9:59 am

Al momento de la muerte de Nisman, el 18 de enero de 2015, sus hijas Iara y Kala tenían 15 y 8 años. Durante este lustro que pasó, las chicas buscaron imprimirle normalidad a su vida; bajaron su perfil y se alejaron de la causa de la muerte de su padre.

Iara​ tiene 20 años. Creció de golpe, como muchos la definen.

En la actualidad es estudiante de arquitectura en la UBA. Tuvo la opción de una universidad privada, pero en su búsqueda de la masividad y de no ser indicada sólo por el caso de su padre, con un gran desempeño académico, eligió la educación pública.

No faltaron algunos comentarios: es apellido Nisman, no pasa desapercibida y ante el respeto de muchos, enfrentó otras situaciones igual. Esfuerzo y determinación, una vez más.

Su hobby es la fotografía y las historias detrás de cada persona retratada, es lo que más le atrae. No escatima en preguntas a su madre cuando investiga casos que alcanzan a grupos familiares, a niños.

Y en sus interrogantes hay un mensaje explícito: no te preocupes si te tenés que quedar hasta tarde resolviendo el caso. Quizás algo que le hubiera dicho a su padre igual.

La fotografía en la que se forma, la corre del protagonismo, del centro de la imagen, posiblemente como una metáfora del camino que su madre buscó que transite cuando desistió de la querella.

Aunque creció rodeada por el caso, la meta es no quedar determinada por el mismo. Avanzar y construir un futuro profesional al margen del expediente que lleva la carátula de homicidio. Fuera de la escena mediática. Detrás de cámara. Una más, pero con apellido Nisman.

Trece años. Pasión por el hockey y el desafío de una nueva escuela para iniciar la secundaria, Kala Nisman, la hija menor del ex fiscal, quien cumplió años hace pocos días, también transitó estos años bajo la premisa que su madre plasmó en 2018: reconstruir sus vidas.

La expresión del crecimiento abrupto también la define, con ocho años se enfrentó a la muerte de su padre, un caso que trascendió las fronteras y que resuena siempre en el corazón de la política.

Decidió cambiar de colegio por uno más masivo, con una mirada más amplia. Eligió una nueva institución que la obligó por meses a prepararse doble turno para rendir. Sus notas dan cuenta -una vez más- del esfuerzo y la determinación. Se proyecta en alguna carrera vinculada al diseño y la nueva escuela le brinda herramientas en ese campo.

Que sigan viviendo tranquilas, construir su propia historia más allá de la que ya tienen escrita por ser las hijas de Nisman. Son las premisas que fundan la nueva etapa de la familia lejos de la causa.

A cinco años del día que cambió sus vidas para siempre, no participarán de la marcha.

Arroyo Salgado, abocada a su juzgado en San Isidro y subrogando el juzgado federal de Zárate-Campana, es el escudo afectivo y familiar que resguarda, principalmente, a Iara y a Kala.

COMENTARIOS