Salud

Antivacunas: siete riesgosos mitos al respecto

Qué argumentos en contra de las vacunas deben desterrarse

jueves 26 de diciembre de 2019 - 7:30 am

Preocupado por el avance del movimiento antivacunas y la reaparición de enfermedad erradicadas en muchos países del mundo, el Colegio Médicos de Barcelona publicó un documento con el objetivo de desmontar siete ‘fakes’ o mitos que giran en torno a las vacunas.

La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advertió que las noticias falsas que se propagan principalmente a través de redes sociales, son “tan contagiosas y peligrosas como las enfermedades que ayuda a propagar” esta desinformación.

Aquí, siete mentiras de los antivacunas que los médicos piden ayudar a erradicar:

1- Las vacunas contienen sustancias tóxicas

Las vacunas son los fármacos sometidos a más control por parte de las agencias reguladoras de los medicamentos. Son monodosis y no contienen mercurio. Por ejemplo, el tiomersal es un compuesto orgánico con mercurio que solo se utiliza como conservante en algunas vacunas multidosis. Este no se acumula en el organismo y no se ha descrito ningún riesgo asociado a la su presencia.

Algunas contienen compuestos de aluminio como adyuvante para aumentar la respuesta inmunitaria. La cantidad presente está muy por debajo de los niveles considerados tóxicos y tampoco se ha encontrado ninguna correlación entre la concentración de aluminio en la sangre o el cabello y los antecedentes de vacunación. Al igual que el mercurio, el aluminio está de forma natural en el aire y, de hecho, los niños, durante los primeros seis meses de vida, reciben más aluminio a través de la lactancia materna o artificial que de cualquier vacuna.

Por otro lado, el formaldehido se puede utilizar en el proceso de fabricación para inactivar virus y toxinas, pero es casi eliminado durante el proceso de purificación. Además, algunas vacunas llevan componentes, como la gelatina o la neomicina, que en raras ocasiones pueden provocar reacciones alérgicas a personas susceptibles.

2- Las vacunas causan autismo

En 1998, Andrew Wakefield y otros investigadores publicaron en la revista The Lancet un artículo que asociaba la vacuna triple vírica (sarampión-rubeola-parotiditis) con el autismo. No obstante, esta asociación nunca ha sido demostrada por ningún estudio posterior; al contrario, todas las evidencias científicas actuales permiten rechazar esta asociación. Por si fuera poco, quedó demostrado que los resultados eran erróneos y obedecían a intereses económicos.

3- Desencadenan enfermedades crónicas y alergias

Los médicos defienden que no hay ninguna evidencia científica que demuestre que una vacuna haya sido la causa o el desencadenante de una enfermedad crónica, ni tampoco hay ninguna evidencia científica que demuestre que provoquen o empeoren enfermedades alérgicas, como el asma o el eczema.

La susceptibilidad de los enfermos crónicos a las enfermedades inmunoprevenibles es más elevada que la de los individuos sanos. La misma enfermedad de base, el comportamiento de la infección, o la respuesta a los tratamientos puede causar una peor evolución de las infecciones en comparación con un individuo sano. Los enfermos crónicos, además, pueden presentar una respuesta inmune menor a las vacunas, motivo por el cual pueden requerir la administración de vacunaciones adicionales.

4- Los efectos adversos de las vacunas a menudo se van silenciando

Sobre este aspecto, los médicos insisten en que todas las vacunas son sometidas a pruebas rigurosas a lo largo de las diferentes fases de los ensayos clínicos que deben superar para ser aprobadas y siguen siendo evaluadas regularmente una vez comercializadas. Los profesionales sanitarios y la industria farmacéutica tienen la obligación de declarar las sospechas de reacciones adversas de las que tengan conocimiento. Incluso los ciudadanos también pueden declararlas directamente.

5- La disminución de las enfermedades infecciosas no se debe a las vacunas, sino a otras mejoras

Sin duda, las mejoras socioeconómicas han tenido un impacto directo sobre las enfermedades transmisibles. No obstante, si se analiza la incidencia de muchas enfermedades infecciosas a lo largo de los años, no hay ninguna duda del impacto directo y significativo que han tenido las vacunas.

6- Las enfermedades para las que nos vacunamos son benignas

Las vacunas protegen frente a enfermedades que pueden ser graves, tener complicaciones y secuelas importantes, o, incluso, causar la muerte. Quienes no se vacunan ponen en peligro su salud y pueden transmitir la enfermedad a otras personas vulnerables, como los bebés, los mayores y los pacientes inmunodeprimidos, que tienen un riesgo más alto de sufrir complicaciones graves.

De hecho, los médicos insisten en que las vacunas son víctimas de su propio éxito. A medida que las enfermedades que previenen las vacunas disminuyen y se vuelven menos visibles, algunas personas pueden tener la falsa percepción de que ya no es necesario vacunarse. No obstante, si dejamos de vacunar, reaparecerán.

7- Detrás de las recomendaciones vacunales se esconden intereses económicos

Los profesionales sanitarios deben regirse por el Código Deontológico, según el cual el deber es prestar atención preferente a la salud del paciente, atención que en ninguna circunstancia no será interferida por motivaciones religiosas, ideológicas, políticas, económicas, de raza, sexo, nacionalidad, condición social o personal del paciente, ni por el temor de un posible contagio del médico.

Por otro lado, la industria farmacéutica se debe regir por una ley de transparencia y los nuevos medicamentos han de ser evaluados por las agencias de regulación, que se encargan de la evaluación de las solicitudes de autorización de comercialización de nuevos medicamentos y la posterior supervisión.

Fuente: Buena vibra

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