Opinión

No hay luna de miel: es aquí y ahora

María Herminia Grande

Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Periodista y escritora.

martes 24 de diciembre de 2019 - 5:36 pm

Columna publicada originalmente en Infobae

A partir de la aprobación de la megaley el viernes pasado, el presidente Alberto Fernández tiene en sus manos facultades para facilitar su accionar político, por lo tanto está obligado a redoblar valores imprescindibles como honestidad, transparencia y compromiso social.

La Argentina del presidente Fernández viene derrapando desde hace muchos años en escala declinante en el último gobierno de Cristina de Kirchner y acentuando absolutamente su caída –sólo ver los índices- en la administración de Mauricio Macri. A propósito: ¿dónde está el jefe de la oposición constructiva?

La Justicia argentina hoy no es la columna vertebral de la república. República que está en suspenso por 180 días. La oposición no tiene conducción y hay desinteligencias internas que aún no pasaron a mayores.

En este estado de cosas es crucial que Fernández eche mano de su calidad humana, porque la tiene, y que toda la responsabilidad que le fue conferida la utilice sin desviaciones en beneficio de los excluidos y vulnerables del sistema. Es aquí y ahora. No hay luna de miel. Tampoco una segunda oportunidad para la primera impresión de su gestión. Deberá redoblar sus esfuerzos, sus buenas intenciones, su sensibilidad, su honestidad. Son 180 días en los cuales deberá trabajar para no defraudar a los argentinos. Como nunca, el poder está en la espalda del Presidente, y sin resguardo para los ciudadanos. En 180 días Alberto Fernández podrá conseguir o no la confianza buscada en un país que merece despegar. También sus políticas deberán generar la confianza en los acreedores dado que a ellos Argentina les debe, y necesita acordar tolerancia traducida en tiempo para poder crecer y pagar.

Es hora de actuar. Un altísimo dirigente del radicalismo me dijo el día que asumió el nuevo Presidente: “Sabe dónde está la botonera, y la accionará de entrada”.

Sobre el ítem relacionado a las jubilaciones, sabe Alberto Fernández -como lo sabía el hoy “desconectado de la realidad” por decisión propia Mauricio Macri- que no se podía con una inflación del 50% seguir con la ley de movilidad jubilatoria implementada en el último gobierno. No es menos importante la irresponsabilidad con que la Anses prestó a empresas de altos ingresos y a los propios gobiernos fondos constituidos por los haberes de los jubilados a intereses muy bajos y cuyo capital en general nunca se reembolsó. Alberto Fernández dijo la verdad sobre el estado de la Caja de Jubilaciones. Verdad que no alcanza si no es acompañada por el esfuerzo de todos. Eliminación de las jubilaciones de privilegios, tanto nacionales como provinciales. También gestos de austeridad en el gasto político. El intendente de Chivilcoy, Guillermo Britos, del sector de Consenso Federal, fue el primero en disponer una reducción general de sueldos de toda la administración pública.

El Presidente ha dicho que los argentinos deben acostumbrase a su moneda: el peso. Eso sucedió en tiempos de Roberto Lavagna, cuando la Argentina crecía a tasas chinas. Eso se llama confianza. Y la confianza se construye. Como bien intangible, no se logra ni por ley ni decreto sino a través de medidas tangibles. Sabemos que esta construcción, en el mejor de los casos, demora. En momentos de caos –el Presidente manifiesta haber solicitado la megaley para ordenarlo- quienes puedan atesorarse se guarecen en lo que confían, y hoy y desde hace mucho tiempo se cree en el dólar, no en el peso argentino.

Consultados economistas con experiencia de gestión sobre las primeras acciones del gobierno, en líneas generales coincidieron en que hay que hacer un ajuste para lograr el equilibrio fiscal. Reducir el gasto de la política es importante como gesto para dar el ejemplo, tanto en el Congreso como en las legislaturas. Dicen que hay que esperar cuál será la política monetaria, la de precios y salarios y la política cambiaria. Hasta ahora son medidas de política fiscal presupuestaria, básicamente política impositiva. Temen que el efecto expansivo logrado por la inyección de fondos en las clases más bajas pueda verse compensado negativamente por el retraimiento de los ingresos de la clase media y media-media.

Sobre temas específicos de la megaley, el Dr César Litvin precisó: “La renta financiera exceptúa todos los títulos púbicos argentinos, obligaciones negociables y fondos comunes de inversión. No grava los plazos fijos en pesos sin cláusula de ajuste. Siguen gravados plazos fijos en dólares y plazos fijos en pesos con cláusula de ajuste. En Bienes Personales, con la nueva ley las alícuotas del impuesto que hasta hoy eran 0,25 a 0,75% pasarán a ser de 0,50 a 1,25% y de hasta 2,5% si los bienes están en el exterior. El mínimo no imponible en España es a partir de 700 mil euros, aquí aproximadamente 30 mil dólares”. Y valoró positivamente “la moratoria para pymes, en la cual se condonan intereses y además el plazo de pago es a diez años, esto es una gran alivio para el sector”. Con toda razón el Dr Litvin manifestó: “Para que este ítem resulte completo faltaría un gesto, aunque sea mínimo, para quienes cumplieron”. Por último señaló con preocupación la suspensión del pacto fiscal, que a su entender producirá aumentos en Ingresos Brutos y Sellos, lo que generará una suba de precios.

Al cierre de este análisis, las miradas estaban puestas en la reunión con las entidades rurales. Si bien y por expreso pedido del bloque del Lavagna se consiguieron las segmentaciones en las retenciones para pequeños productores; no alcanzó para atemperar los ánimos del sector. ¿Pondrá el Presidente sobre la mesa algún elemento conciliador?

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