Opinión

El desafío es aumentar la bancarización con una mayor inclusión financiera

lunes 16 de diciembre de 2019 - 2:54 pm

La bancarización con inclusión financiera figura en los primeros lugares de las agendas de la mayoría de los países del mundo, desde hace ya algunos años. El grado de bancarización y el nivel de inclusión financiera de un país está positivamente asociado con el nivel de ingreso, las habilidades financieras, oportunidades de progreso y el bienestar de la población. El nivel de bancarización de Argentina es uno de los más bajos de la región y el que peor desempeño ha mostrado en los últimos 20 años.

Bancarización

El “nivel de bancarización” de un país hace referencia al tamaño del sistema bancario y la “inclusión financiera” hace referencia al acceso y uso a servicios financieros por parte de la población.

La forma usual de medir el nivel de bancarización es comparar los créditos y los depósitos bancarios con el PIB del país. Este indicador permite realizar comparaciones entre los distintos países, así como también analizar su evolución histórica. Argentina, como se menciona previamente, es uno de los países con menor grado de bancarización del continente (Gráfico 1). Adicionalmente, el nivel de bancarización fue bajando en lo que va del siglo y no se llegaron a recuperar los niveles del año 2000 (Gráfico 2).

Vale señalar que los bancos no tienen la capacidad de crear depósitos ni créditos, solamente pueden canalizar los ahorros de una parte de la sociedad hacia otra que requiere recursos para inversión o consumo en el corto plazo. Los depósitos son la “materia prima” de los préstamos. Sin depósitos no hay crédito. De allí la importancia que tienen los depósitos en un sistema bancario, son la “piedra angular” sobre la que se apoya el sistema financiero. El volumen de los depósitos es un determinante crucial del tamaño del sistema bancario.

Inclusión Financiera

La inclusión financiera se define como el acceso y el uso de los productos y servicios financieros formales. Este es un concepto relativamente nuevo, que tomó impulso cuando los líderes mundiales del G20 impulsaron iniciativas de inclusión financiera en el año 2010 en Seúl, Corea del Sur.

El nivel de inclusión financiera también es relativamente bajo en nuestro país, aunque no tanto como el grado de bancarización. En Argentina se da un fenómeno poco usual: gran parte de la población adulta (80,4%) tiene acceso a al menos una cuenta bancaria de depósito (marzo de 2018), según datos del BCRA. Sin embargo, una gran porción de la misma no utiliza dicha cuenta o la utiliza tan sólo para retirar el total del dinero en efectivo una vez por mes (poco uso).

Comprándolo con otros países, el nivel de “acceso” en Argentina no se halla muy lejano a Chile o incluso a países de la OCDE, pero el “uso” está muy por debajo de los niveles de dichos países, según la encuesta de Global Findex 2017 que realiza el Banco Mundial. Esto confirma que, también en términos relativos con otros países, en Argentina existe un aceptable nivel de acceso a los productos y servicios del sistema financiero, pero muy poco uso. En la definición de inclusión financiera cuentan ambos factores: acceso y uso. Ergo, la inclusión financiera es baja.

Desafíos

Aumentar el grado de bancarización (depósitos y créditos) y el nivel de inclusión financiera, es uno de los grandes desafíos de Argentina para los próximos años. Esto no será un camino fácil. Incrementar la bancarización con inclusión financiera requiere una serie de precondiciones macroeconómicas, así como también realizar acciones concretas tanto del sector público como del privado.

Resulta necesario crear las condiciones macroeconómicas para que Argentina vuelva a tener una moneda confiable, que sea reserva de valor en la cual puedan ahorrar los argentinos. Una moneda sana es un requisito necesario para que aumenten los depósitos, que a su vez son la materia prima de los préstamos. El depositante que ahorre en moneda local debe ser recompensado con una tasa de interés real positiva, de manera tal que se premie el esfuerzo por postergar consumo y contribuir al ahorro nacional. Lamentablemente en nuestro país demasiadas veces fue a la inversa.

Adicionalmente, es necesario crear un marco regulatorio e impositivo que fomente la inclusión financiera y que asegure que los prestadores de servicios financieros compitan en igualdad de condiciones, en función de la actividad que realicen. A igual servicio, regulación y tratamiento impositivos equivalentes. En esto ha habido algunos avances, pero sigue siendo una materia pendiente en nuestro país. La excesiva carga impositiva que soportan las operaciones bancarias (Impuestos a los débitos y créditos, IIBB provinciales y cargas municipales) son un obstáculo para bancarización de la economía.

En el marco de la Iniciativa para la Bancarización e Inclusión Financiera, ADEBA ha identificado medidas tendientes a fomentar el crecimiento de los depósitos, desarrollo del crédito y fortalecimiento del sistema de pago, en forma inclusiva. También se destacan medidas orientadas a reemplazar el dinero en efectivo, por dinero electrónico o digital. Entre las opciones identificadas se pueden destacar la universalización de las cuentas, bancarización de pagos y cobros del Estado, fortalecimiento y difusión de operatoria de Sociedad de Garantía Recíproca (SGR), interoperabilidad de QR entre cuentas bancarias y comercios, capacitación en finanzas a personas y empresas.

La bancarización con inclusión financiera no se logra con una única medida: no existe una “bala de plata”. Por el contrario, se requiere del esfuerzo público y privado coordinado a lo largo de los años. Es imprescindible que Argentina transite ese camino, para empezar a converger a los niveles de bancarización de la región.

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