Sociedad General

Investigadores descubrieron un “mundo fosilizado” cerca de El Calafate

Los científicos se lanzaron a ese territorio inhóspito para tratar de encontrar el esqueleto de un gran dinosaurio que había sido originalmente descubierto por el geólogo argentino Francisco Nullo en 1980

jueves 12 de diciembre de 2019 - 4:22 pm

En enero de este año, investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia descubrieron un “mundo fosilizado” de hace entre 65 y 70 millones de años que permite dilucidar cómo era el extremo sur de la Patagonia en los instantes finales del reino de los “lagartos terribles”.

Este “cofre del tesoro” estaba enterrado a unos 30 km al sur de El Calafate, en una planicie ubicada a alrededor de 500 metros de altura y en una capa de roca de aproximadamente 300 metros de espesor formada a partir de barro, bancos de arena y restos de cantos rodados.

“Recuperamos un gran catálogo de organismos que abarcan cinco millones de años. Y lo importante es que ese período es precisamente el último del reinado de los dinosaurios -explicó el paleontólogo Fernando Novas, investigador principal del Conicet, a La Nación-. Se trata de un yacimiento muy rico, que pocas veces uno tiene la suerte de encontrar, porque comprende individuos de distintos linajes y tanto plantas como invertebrados y vertebrados”.

Los paleontólogos siguieron las pistas del geólogo argentino Francisco Nullo, que en 1980 descubrió un gran esqueleto de dinosaurio cuando realizaba un relevamiento de formaciones rocosas al sur del lago Argentino.

“Nullo había recorrido la zona a caballo, pero solo había podido rescatar una vértebra del cuello de uno de los ejemplares -detalla Novas-. Al regresar, le deja toda la información a José Bonaparte (uno de los “padres” de la paleontología local). Así, con el auxilio de fotografías tomadas en aquel entonces, pudimos volver a localizar los huesos hallados hace cuatro décadas”.

Además de un gran fémur de 1,90 m de longitud, perteneciente a una nueva especie de dinosaurio que, estiman, medía 25 metros de largo y que, en honor a su descubridor, bautizaron Nullotitan (el gigante de Nullo) glacialis, el técnico Marcelo Isasi realizó otro hallazgo inesperado: numerosos huesos pertenecientes a un rebaño que comprendía ejemplares adultos y juveniles de un nuevo dinosaurio herbívoro no más grande que un caballo, bautizado Isasicursor santacrucensis. “Fue un momento de enorme alegría, y nos entusiasmó para volver en marzo y proseguir con las tareas de exploración”, cuenta Isasi en un comunicado del museo.

Se estima que el Isasicursor santacrucensis medía unos cuatro metros de largo y se desplazaba velozmente sobre sus patas traseras. Además, el hecho de que hayan encontrado restos de individuos de distintas edades, entre los que hay pichones y adultos, supone que vivía en manadas, como muchos herbívoros de hoy.

Por su parte, el Nullotitan glacialis pertenece al gran grupo que integran los dinos más grandes conocidos, todos ellos herbívoros cuadrúpedos y de cola y cuello muy largos.

Colectaron también cáscara de huevos pertenecientes a dinosaurios saurópodos y terópodos, que están estudiando el becario Jordi García Marcá y la doctora Mariela Fernández. Esto indica que el área se utilizaba para la reproducción y nidificación. Además, encontraron restos de un ave, Kookne, relacionada con los patos, gansos y gallinas, que están analizando Federico Agnolin, Gastón Lo Coco y Sebastián Rozadilla. Y ranas, aves y mamíferos de pequeño tamaño, así como serpientes que habrían sido sus depredadores naturales.

“Todo esto, así como caracoles de agua dulce, permite inferir que hace 70 millones de años existían abundantes cuerpos de agua dulce en esa parte de la Patagonia. Sin embargo, la secuencia rocosa demuestra que unos tres millones de años después esa zona de tierra firme fue paulatinamente cubierta por el Atlántico, un fenómeno que se extendió por vastas áreas del país. Es decir que hay dos momentos de evolución; uno en el que dominaron las condiciones terrestres, que permitieron el desarrollo de bosques de gimnospermas (plantas de semillas desnudas, como las coníferas) y helechos, y variedad de dinosaurios. Y otro en el que las aguas de mar avanzaron sobre la zona, sirviendo de hogar a reptiles e invertebrados marinos”, informa el Museo.

Los científicos también obtuvieron esporas de helechos y granos de polen, que está analizando Valeria Pérez Loinaze. Sugieren que en lo que hoy es un territorio frío y yermo crecía abundante vegetación que servía de alimento a los dinosaurios herbívoros.

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