Política

Quién es Pablo García Arrébola, el polémico ex funcionario que pretende volver al poder

El ahora devenido empresario, de llamativo perfil alto, es conocido por tener una fuerte relación y estar presuntamente involucrado en la Causa de Gas Licuado, donde fue acusado de diseñar un sistema de recaudación aprovechando su cargo para cobrar sobreprecios en los gastos portuarios a casi 500 barcos

miércoles 11 de diciembre de 2019 - 1:22 pm

El enigmático Pablo García Arrébola es capitán de buques y ex consultor y coordinador de la llegada de los buques de gas de ENARSA (Integración Energética de Argentina), empresa pública creada en el año 2004 bajo la administración de Néstor Kirchner.

ENARSA está dedicada al estudio, y explotación de yacimientos de hidrocarburos, el transporte y distribución de gas natural, y la distribución y comercialización de energía eléctrica.

El ahora devenido empresario, de llamativo perfil alto, es conocido por tener una fuerte relación y estar presuntamente involucrado en la Causa de Gas Licuado, donde fue acusado de diseñar un sistema de recaudación aprovechando su cargo para cobrar sobreprecios en los gastos portuarios a casi 500 barcos.

Por tratarse de un ignoto funcionario de rango medio, el nombre de Pablo García Arrébola apareció solo en algunos medios digitales cuando el ex auditor de ENARSA, Marcelo D’Alessio, lo acusó de haber pasado de ser un coordinador de entrega de buques, a un coleccionista de motos de altísima gama como Harley Davison, BMW, Triumph, entre otros rodados valuados en más de USD 30.000 dólares cada una.

La ostentación de García Arrebola incomodó a mas de un funcionario de la gestión Camportista – Kirchnerista, quienes le habrían negado toda posibilidad de volver a la función publica, ahora que han recuperado el poder.

El llamativo personaje se pavonea de sus vínculos con el mapa del poder, entre amigos, empresarios de dudosa reputación y blondas jóvenes de la zona de barrios cerrados y exclusivos de Nordelta.

Su alta exposición y el archivo fotográfico de sus redes sociales, sumados a un legajo judicial que aun sigue cajoneado, son los ingredientes suficientes como para confirmar que su desembarco en el Gobierno de Alberto Fernández será una misión casi imposible, tanto como lo será cuadrar su declaración jurada con la vida de lujos, bienes, viajes y estilo de vida que lleva adelante, y de la que tanto necesita desprenderse la resurrección del kirchnerismo.

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