Opinión

La oportunidad histórica de construir un proyecto sin diferencias

Hernán de Goñi

Director periodístico de El Cronista

Tanto el gobierno entrante como el saliente deben entender que hay mezquindades que deben quedar atrás para que algo nuevo salga a luz

martes 10 de diciembre de 2019 - 11:40 am

Columna publicada originalmente en el Cronista

El día llegó. El civilizado recambio presidencial que protagonizarán hoy Mauricio Macri y Alberto Fernández
se transformará en un hecho histórico.

No solo porque representará la primera vez desde elretorno de la democracia en la que un presidente no peronista naliza su mandato sin ser expulsado por una hiperinación o un estallido social,sino porque incorpora la posibilidad cierta de dejar atrás la grieta.

Como suele suceder, esa decisión la tendrá que tomar quien esté en el poder, y mucho tendrá que ver con lo que suceda con la economía en los meses venideros.

Mauricio Macri tuvo, en el arranque de su gestión, el mismo dilema. Transparentarla herencia le hubiera servido
para adoptar algunas decisiones más audaces. Pero esta hipótesis trabaja con un supuesto que nadie pudo
corroborar: asumir que la sociedad hubiera estado más dispuesta a justicar medidas duras si entendía que eran
para evitar una crisis mayor.

Macri entendió que contartoda la herencia también podía tener un efecto no deseado: magnicarlos problemas
podría atemorizar a la gente más de la cuenta, creando el impacto contrario a lo buscado. El antecedente para este
caso era el traspaso entre Carlos Menem y Fernando de la Rúa.

José Luis Machinea consideró que hacía falta un shock de recursos para cubrirla caja y lanzó una reforma impositiva que retrajo el consumo y potenció el ciclo descendente de la economía.

La retracción no la causó solo el impuestazo: se había iniciado meses antes con la abrupta devaluación delreal, factor que desangró a la convertibilidad hasta dejarla sin chances de sobrevivir en 2001.

En conclusión, Macri optó por no recargarlas tintas (para ese entonces alcanzaba con la acción de la Justicia sobre
los ex funcionarios de Cristina) y la grieta solo se transformó en un argumento electoral cuando la economía no
repuntaba y las elecciones estaban a la vista.

Alberto Fernández ya le echó culpas a Macri en la campaña. Ahora tiene la oportunidad de instalar una agenda de
tono más positivo, apalancada en su disposición a un diálogo político más amplio e inclusivo.

El presidente saliente promete ser constructivo, casi como Sergio Massa en 2016, cuando lo acompañó a Davos y votó leyes acordadas con su bancada.

De lo que se trata ahora es de denirsi la construcción del proyecto de país que, por decisión de la sociedad
conducirá el peronismo, va a seguir atada a la dicotomías históricas de la Argentina o no. Recurrir a la grieta es
fácil. Macri la usó, y Fernández la criticó pero también la estimuló.

Tanto el gobierno entrante como el saliente deben entender que hay mezquindades que deben quedar atrás para que algo nuevo salga a luz.

La posibilidad está abierta. Alberto intentará que el primer motor de su gestión sea la economía. Es de esperar que si no funciona, no decida encenderla herencia.

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