Salud

Los efectos a corto y largo plazo de la cocaína

Efectos en el organismo de una de las drogas más adictivas y peligrosas

jueves 19 de diciembre de 2019 - 7:02 am

El consumo de cocaína es un potente estimulador del sistema nervioso central y, por ello, una de las drogas más adictivas y peligrosas.

Actúa sobre los circuitos cerebrales responsables del placer y la gratificación. El sistema de recompensa del cerebro está diseñado para responder a estímulos básicos relacionados con la supervivencia, como la comida o el sexo. Sustancias como la cocaína estimulan ese sistema de forma masiva y el cerebro se acostumbra a esa situación, desarrollando lo que se conoce como tolerancia.

Por eso se necesitan dosis cada vez más frecuentes y elevadas y si se deja de forma abrupta aparece el síndrome de abstinencia.

Efectos a corto plazo

Euforia y sensación de aumento de energía, disminución del apetito, estado de alerta y falsa sensación de agudeza mental, aumento de la temperatura corporal, dilatación de las pupilas, aumento de la presión arterial y el ritmo cardiaco y contracción de los vasos sanguíneos. Además de los problemas que puede ocasionar la hipersensibilidad a la luz, el ruido o el tacto que fomenta, también puede producir paranoia.

El poder vasoconstrictor produce un gran aumento de la presión arterial que puede desembocar en un infarto de miocardio, un ictus o muerte súbita cardiaca. Y esa subida brusca de la presión es habitual en consumidores crónicos, pero también puede surgir tras un periodo breve. Dependerá, entre otras cosas, de la predisposición individual.

Efectos a largo plazo

Entre todas las posibles complicaciones, destacan por su frecuencia y gravedad las alteraciones cardiovasculares, como son las arritmias, infartos agudos de miocardio e ictus.

– Enfermedades respiratorias como taquipnea (aumento de la frecuencia respiratoria por encima de los valores normales) y respiración irregular. Perforación del tabique nasal, exarcebación de cuadros asmáticos, hemorragia pulmonar, neumotórax, edemas pulmonares.

– Enfermedades hepáticas (la cocaína es una toxina hepática específica).

– Enfermedades neurológicas como cefalea, ictus isquémico y hemorragia cerebral.

– Enfermedades digestivas como anorexia, náuseas, vómitos, diarreas, úlceras gastroduodenales con hemorragia y perforación.

– Enfermedades renales: fallo renal agudo.

Cuando se toma de forma inhalada produce vasoconstricción en la nariz, con las consiguientes hemorragias nasales agudas, goteo constante, problemas para tragar y, a más largo plazo, destrucción del tabique nasal que puede requerir cirugía.

Cuando se consume por vía oral produce vasoconstricción en el intestino y, con el tiempo, puede llegar a ocasionar gangrena de los intestinos, lo que significa que no llega oxígeno y se muere el músculo liso del intestino.

En cuanto a la inyección intravenosa, lo más destacable es el riesgo de contagio del VIH y de la hepatitis C. El propio consumo fomenta la desinhibición, lo que lleva a un comportamiento sexual menos juicioso y, con él, a un aumento del riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual.

Uno de los aspectos menos conocidos es la relación con el riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson, tal y como sucede, sobre todo, con la metanfetamina. Además del empeoramiento de la capacidad cognitiva (memoria, aprendizaje, ejecución de tareas…), sobre todo cuando se ha consumido durante la adolescencia, que es una etapa en la que el cerebro todavía se está formando y es más sensible a los daños que causan los tóxicos. Asimismo, se ha relacionado el consumo de esta droga con cuadros de psicosis.

El uso combinado de alcohol se considera muy peligroso. Se potencian mutuamente y puede provocar hipertrofia cardiaca, haciendo que las paredes del corazón se engrosen y su funcionamiento sea mucho peor.

Fuente: Cuidate Plus

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