Alimentación

Por qué podés tener hambre incluso después de haber comido mucho

Qué sucede en nuestro estómago y qué genera esta sensación

lunes 16 de diciembre de 2019 - 7:22 am

Más de una vez puede haberte pasado que, por más que hayas comido lo suficiente, luego de un rato sentís que tenés hambre de nuevo.

Para la mayoría de las personas, lo que sienten tras estas comilonas es el resultado de una serie de modificaciones que están ocurriendo en el organismo. Es cierto que el estómago cambia de tamaño cuando tiene hambre o está lleno. Se contrae a medida que se digieren los alimentos para ayudar a moverlos hacia los intestinos. Ruge a medida que el aire y la comida se mueven hacia abajo en un fenómeno llamado borborigmo, primera señal de que podrías tener más ganas de volver a hincharte de nuevo porque es audible y físico.

No es que tu estómago se haya hecho más grande sino que te has acostumbrado a comer mucho en estas ocasiones especiales Después, gracias a un proceso iniciado por las hormonas, se expande nuevamente y se prepara para obtener nuevos alimentos.

Pero la realidad es que no es realmente cierto que comer lo estire. Este órgano es muy elástico, por lo que vuelve a su capacidad de reposo después de un festín. De hecho, el de la mayoría es bastante similar en capacidad, nada tiene que ver la altura y el peso.

Las hormonas del hambre tienen la culpa. La grelina se libera cuando el estómago está vacío y estimula la producción de NPY y AgRP en nuestro cerebro, responsables de la sensación que tenés cuando necesitas comer. Los niveles de esta hormona tienden a ser más altos en personas delgadas y más bajos en obesas. La que estimula los rugidos de tus intestinos está más presente en gente que ingiere más alimentos, pero esta contradicción probablemente refleja lo complicado que es nuestro sistema endócrino.

Hay más de 12 hormonas involucradas en este proceso que mandan una respuesta a tu cerebro y este a tu estómago de que podés comer más y que estás hambriento. Cuando aprendemos a asociar las propiedades gratificantes de los alimentos, en particular de los que tienen alto contenido en azúcar, con tiempos, olores, imágenes y comportamientos específicos, el recuerdo de esa sensación se activa y comienza a desear.

Esto desencadena respuestas psicológicas y fisiológicas, como la salivación. A veces, incluso nuestro estado de ánimo puede convertirse en el detonante del condicionamiento. Las personas suelen explicar que tienen menos autocontrol si están de mal humor o cansados.

Fuente: El confidencial

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