Opinión

La lapicera es de Alberto y la tinta es de Cristina

Javier Calvo

Periodista. Jefe de redacción de Diario Perfil. Es también panelista del programa Animales Sueltos (América)

Empezó el armado del gobierno y aparecieron las primeras tensiones, que nunca fueron públicas

domingo 1 de diciembre de 2019 - 1:47 pm

Con la designación oficial de su gabinete, Alberto Fernández atravesará su primera prueba de fuego como presidente, pese a que le resten unos días para asumir, porque mostrará qué tipo de liderazgo pretende ejercer.

Amén de que hasta su candidatura siempre fue copiloto y no conductor, Fernández encabeza un proceso político que no registra antecedentes. Quien le dio el volante es su vice, Cristina Kirchner, con limitaciones para unir al peronismo y derrotar al macrismo. Alberto lo hizo, en primera vuelta y con casi la mitad de los votos de todo el país.

Ese examen electoral fue aprobado con creces. Pero empezó el armado del gobierno y aparecieron las primeras tensiones, que nunca fueron públicas. Ya hemos dicho aquí que AF deja pasar 40 días entre que ganó el comicio y nombrará al funcionariado que lo acompañará no para evitar escarnios, según expresó, sino para esquivar los ruidos de la ardua negociación dentro del Frente de Todos.

Es obvio que la principal conversación de AF es con CFK. Por eso las tres horas de reunión en la casa de la vice, junto al hijo Máximo y al futuro ministro Wado, donde varios de los nombres en danza pasaron a modo freezer. Ante el planteo de por qué el presidente electo permitió el 3 contra 1, un albertista de la primera hora justifica que hay un 4-0: “No hay guerra, sino construcción de acuerdos”. Vuelve el peronismo, con eufemismos distintos a los que nos quiso acostumbrar Marcos Peña (insistente hasta el hartazgo en recientes entrevistas buena onda).

La tensión de Alberto F con el kirchnerismo no es solo por la tropa propia a la que le gustaría dar protagonismo. Sobre todo es por los lugares destinados a “pagar políticamente” los apoyos de Sergio Massa, de gobernadores, de sindicalistas y de intendentes. También de grupos económicos. No hay lugar para todos y todas.

Como diría el fundador del movimiento, una de las tareas de Alberto es la de estructurar esta coalición peronista “armoniosamente”. No es el único: “Hablen con Máximo” es una de las frases repetidas de CFK a la hora de reconducir conflictos pre 10D. Kirchner Jr. está en línea abierta tanto con Alberto F como con Massa, uno de los posibles “heridos” en el reparto de cargos.

Más allá de lo que digan o escriban agrietados e interesados, cuesta pensar seriamente que con los problemas acuciantes que tiene la Argentina, Alberto y Cristina apuesten de alguna manera contra ellos mismos: sea por convencimiento o necesidad, tienen chances de sobrevivir si acuerdan, no si rompen. Acaso, si él es el dueño de la lapicera presidencial, ella tiene la tinta.

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