Salud

Once formas de controlar los impulsos

Qué podemos hacer para que ciertas conductas no repercutan de forma negativa

sábado 23 de noviembre de 2019 - 7:25 am

No son pocas las veces que hacemos algo de lo que después nos arrepentimos. Son varias las formas con las que se puede reducir las veces que nos portamos de forma impulsiva, permitiéndonos tomar las riendas de nuestra propia conducta y ganar un mayor grado de autocontrol.

1. Identificar cómo y cuándo se dan

La inmensa mayoría del comportamiento impulsivo tiene una razón detrás, ya sea asociado a un trastorno psicológico como a factores más contextuales.

Identificar qué hay detrás de la aparición de la conducta impulsiva y cuándo se da es un factor clave. Por ejemplo, si estamos luchando contra el impulso de tomar un dulce entre horas, nos podemos hacer varias preguntas como ¿por qué quiero picotear?, ¿me ha llenado suficientemente la comida?

Contestando a estas preguntas podemos entender con mayor profundidad por que se da el impulso y, a su vez, optar por conductas alternativas que eviten que se lleve a cabo.

2. Revisar emociones

Cuando estamos teniendo un impulso, ¿cómo nos sentimos antes, el durante y el después de llevar a cabo la preocupante conducta?

Es posible que nuestro estado anímico sea un factor causal de la aparición de la conducta. Debemos meditar sobre cómo nos sentíamos antes de decidir llevarla a cabo. Mientras realizamos el impulso puede que nos sintamos satisfechos, pero esta satisfacción durará muy poco, porque después de llevar a cabo la conducta, vendrá el arrepentimiento.

3. Buscar una distracción

El mundo está lleno de todo tipo de estímulos, los cuales nos pueden ayudar a evitar llevar a cabo una conducta que no queremos hacer de forma racional pero nuestro cuerpo nos pide hacerla.

En vez de llevarlo a cabo, mejor esperarse mirando la televisión, leyendo un libro o pintando un cuadro. Cualquier actividad que ayude a desconectar por un rato hasta estar más calmado.

4. Pensar en el futuro más inmediato

Una forma de evitar que se dé el impulso es pensar en cómo nos vamos a sentir inmediatamente después de haberlo hecho, y también qué cambios en el ambiente y en nuestro entorno social vamos a ocasionar.

5. Contar hasta diez

Respirar hondo y contar hasta diez – o más tiempo – permite reflexionar con cierto grado de profundidad el por qué de las ganas de hacer lo que queríamos hacer.

6. Meditación y yoga

Toda práctica en la que se lleve a cabo una profunda reflexión de nuestro estado psicológico contribuye a un mejor control y ajuste emocional y también permite controlar mejor nuestros impulsos.

Se puede hacer de todo y de todas las formas posibles, aunque de las meditaciones más conocidas y con mayor efectividad estudiada es el mindfulness. El yoga también sirve, dado que ofrece beneficios a nivel corporal y mental.

7. Pensar alternativas

Al haber tantos tipos diferentes de impulsos habrán, a su vez, muchas formas para sustituirlos, pero sea cual sea tiene que cumplir la función de evitar que se lleve a cabo la conducta indeseada.

Por ejemplo, para evitar picar chocolate cuando no toca se puede tomar un vaso de agua y, si no llena lo suficiente, tomar otro hasta que se esté lleno.

En cuanto al de pegar una piña, una opción menos dañina para con otras personas es que sea un almohadón la víctima del golpe.

8. Identificar los impulsos positivos

Una vez identificados estos impulsos positivos, pueden contribuir de forma significativa a cambiar la conducta de la persona, sobre todo si se priorizan estas conductas que implican algún beneficio en vez de llevar a cabo aquellos considerados perjudiciales.

Poco a poco, el cuerpo y la mente entrarán en un estado de satisfacción al ver que efectivamente estamos viendo nuestros deseos satisfechos, y encima son de los buenos.

9. Aprender a tolerar la frustración

Los impulsos surgen de apetencias, de deseos de querer manifestar una opinión, querer hacer algo o interactuar de una forma socialmente mal vista pero que nos puede traer un cierto alivio a corto plazo.

Por lo tanto, tratar de impedir que se den e genera frustración, lo cual no facilita el autocontrol, dado que el ser humano, por naturaleza, trata de satisfacer sus deseos lo antes posible.

Si se logra aceptar este malestar y tratar de vivir con él, poco a poco se irá entrenando al cuerpo y a la mente a soportar el impulso y llegará un momento en el que prácticamente ni se dará.

10. Aprender de nuestros errores

Errar es humano, pero no aprender de nuestros errores es perder una muy buena oportunidad para corregirlos. Un buen método para gestionar estos impulsos es tener una libreta o calendario en el que se apunte cuándo se dio el impulso que se está tratando evitar y la causa que se le asocia. En base a ello, se tendrá una visión de cuáles son los factores que contribuyen a que se dé el impulso.

11. Acudir a terapia

En la mayoría de los casos, los impulsos que se llevan a cabo no son algo que necesariamente implique una problemática grave, sin embargo, ciertas conductas como lo son las adicciones, las agresiones o autolesiones requieren acudir a un profesional.

Se encargará de ofrecer terapias que permitan disminuir esta impulsividad claramente perjudicial para la persona, diagnosticando el posible trastorno que haya detrás.

Son muchos los trastornos que podrían ser relacionados con el concepto de impulso, como por ejemplo en el caso de muchos trastornos de personalidad, los trastornos de conducta alimentaria (con conductas purgativas y atracones), TDAH, y el trastorno del control de los impulsos.

Fuente: Psicología y mente

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