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Salud

Verduras: cuáles se recomienda comer crudas y cuáles cocinar

Cómo aprovechar al máximo sus nutrientes

Hay verduras que pierden algunas sustancias beneficiosas para el organismo cuando se cocinan, pero también las hay que se hacen más saludables tras una buena elaboración. Todo depende.

El tomate es una fruta, pero el uso que hacemos de ella le da un protagonismo digno de la mejor verdura. Un estudio descubrió que el procesamiento térmico aumenta la cantidad de disponible de licopeno, un pigmento que se relaciona con un descenso en el riesgo de desarrollar una enfermedad cardíaca y algunos tipos de cáncer. Los científicos observaron que, después de 30 minutos de cocción, se produjo una pérdida de vitamina C pero aumentó la actividad antioxidante total, y había un 35% más de licopeno bioaccesible.

Todo ello sin que se produjesen cambios significativos en el contenido total de fenoles y flavonoides. Por otra parte, una investigación reciente ha concluido que en el sofrito tradicional, a base de ajo, cebolla y tomate, el cocinado favorece la absorción y la liberación de compuestos bioactivos como los carotenoides y los polifenoles, al menos si se cocina con aceite de oliva virgen extra.

El dietista-nutricionista Axel Ceinos, dice que, en general, los alimentos ricos en provitamina A, como los espárragos y las zanahorias, además de los tomates, mejoran la biodisponibilidad (cantidad del nutriente que nuestro cuerpo puede digerir, metabolizar y utilizar) y absorción de esta vitamina si se someten a una cocción. “Algunas frutas o verduras son bastante indigestas en crudo, bien debido a determinados antinutrientes que contienen o por la cantidad de fibra. Al cocinar los vegetales se gelifican las fibras y se aumenta la digestibilidad”, explica. Es el caso de la berenjena y las papas, que contienen solanina, un compuesto tóxico que se elimina durante el cocinado, según indica el experto.

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“Las espinacas y otras verduras de hoja verde -continúa – tienen más calcio cocido que crudo, y los nutrientes como el hierro, el magnesio y el zinc también se absorben más fácilmente cuando se cocinan”. Los espárragos cocidos, por ejemplo, contienen más antioxidantes y, al romperse las paredes celulares fibrosas mediante el estado de ebullición o al vapor, el ácido fólico y las vitaminas A, C y E se absorben mejor.

En cuanto a la zanahoria, el modo de garantizar su vitamina A y facilitar la absorción de los betacarotenos es cocerla. La cocción, rápida y a temperatura moderada, rompe las paredes celulares del alimento favoreciendo su liberación. La fibra se modifica, y se vuelve más digerible y fácil de procesar. Si uno decide tomarlas crudas, hay una opción que favorece la absorción de los betacarotenos. Consiste en combinar los alimentos ricos en estos compuestos con grasas saludables, como palta, semillas o un chorrito de aceite de oliva virgen extra, ya que se encargan de extraer de ellos la sustancia y de ponerla a disposición del organismo.

La manera de cocinar también es importante. Alrededor del 14% de los antioxidantes se pierden en muchas verduras cuando se hierven, existen distintas técnicas que presentan una mayor protección frente a la pérdida de vitaminas hidrosolubles y diversos compuestos. Por ejemplo, una cocción al vapor o con muy poca agua, o incluso un asado, un papillote o plancha, van a suponer una menor pérdida de vitaminas que si se realiza una cocción tradicional. Asimismo, conviene aprovechar el caldo de cocción de las verduras para no perder los compuestos que han pasado al agua.

Cocinar ayuda a desactivar o destruir algunas bacterias y compuestos dañinos en los alimentos, además de facilitar la masticación y la digestión. Con algunos ingredientes durante el cocinado se produce principalmente una rotura de las fibras y una pérdida de vitaminas y compuestos solubles en agua. Los nutrientes del alimento pasan entonces al líquido de la cocción.

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Entre las vitaminas más sensibles a este tratamiento térmico figuran la C y las del grupo B. O sea, que vegetales ricos en vitamina C como los pimientos, el brócoli y las verduras de hoja verde pueden consumirse en crudo para asegurar una mayor ingesta de esta vitamina. Lo mismo sucede con las vitaminas B, como la niacina, la tiamina, la riboflavina y la biotina, aunque su presencia en las verduras es mucho menos significativa.

Las crucíferas y las coles -especialmente las coles de Bruselas- suelen resultar indigestas, por lo que conveniente cocinarlas. Pero la col rizada está repleta de vitamina C, que desaparece cuando se cocina, y se puede consumir cruda. El brócoli, la coliflor y el repollo también pueden consumirse en crudo. El primero contiene tres veces más de sulforafano, una sustancia que ha sido relacionada con cierta protección frente al cáncer y que se encuentra también en las coles de Bruselas, el repollo, los grelos, la coliflor, la lombarda, la rúcula y el kale o berza rizada.

El sulforafano también ayuda a prevenir la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, pero las altas temperaturas destruyen este compuesto. Algunos de estos alimentos no se consumen crudos, pero hay alternativas a la cocción tradicional: la mejor es preparar las viandas al vapor, entre uno y tres minutos, ya que esta sustancia se conserva algo mejor que cuando se preparan hervidas o fritas en aceite.

Para mantener el efecto antioxidante, antiinflamatorio y antimicrobiano de la cebolla, aunque la cocción o el guiso no degradan demasiado su contenido en flavonoides, sí se pierden algunos de sus nutrientes. Como laxante, es mejor cocinarla previamente, pero, crudas, parece que las cebollas ayudan en la prevención de la enfermedad coronaria gracias a sus agentes antiplaquetarios.

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Por su parte, el ajo crudo pasa por ser un magnífico antioxidante y una buena ayuda para controlar en el control de la tensión arterial, pero sus compuestos se pierden en la cocción. También los pimientos pierden hasta el 75% de sus antioxidantes cuando se cocinan, igual que las frutas, alimentos llenos de vitaminas y minerales. Con todo, no vale la pena esforzarse en comer el ajo crudo si a uno la experiencia les resulta desagradable.

En líneas generales, las recomendaciones nos dicen que deben consumirse entre dos y tres piezas de fruta al día y dos raciones de verdura, una en cada comida principal. La ración cruda sería más aconsejable a mediodía y la cocinada en la cena, simplemente por cuestiones de digestibilidad.

Fuente: Conbienestar

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Salud

Trucos para limpiar los restos de comida de la tostadora

Cómo mantenerla en buen estado y libre de suciedad

La tostadora acumula suciedad y comida cada vez que la ponemos en marcha. Con el tiempo esta acumulación pueden afectar al sabor u olor de las tostadas, además del electrodoméstico.

Independientemente del modelo o marca de que tengas, lo más probable es que cuente con una bandeja interior en la que caen los desechos de lo que calientes ahí. Con estos trucos para implementar de vez en cuando, podés mantenerla limpia.

1. Desenchufala: el primer paso obligatorio para no corre el riesgo de sufrir un accidente o una quemadura.

2. Echá sal gruesa en su interior: echale un puñado de sal gruesa por la misma ranura en la que metés las tostadas para así desprender todos los depósitos que hayan quedado carbonizados en su interior una vez que la vuelvas a sacudir para eliminar toda la suciedad.

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3. Vinagre o bicarbonato de sodio: si tiene manchas en la parte exterior, el mejor truco es usar un poco de vinagre o un paño que previamente haya sido rociado con bicarbonato de sodio. Lo más recomendable es humedecer siempre primero el paño con agua caliente, depositar unas gotas de vinagre en él y frotar el exterior de la tostadora suavemente.

4. Sacudí la bandeja de las migas: para limpiar la bandeja, deslizarla hacia fuera y sacudirla sobre el tacho de basura para tirar las migas inmediatamente.

5. Limpiá la bandeja con agua tibia: una vez que hayas sacudido todos los restos, es conveniente que también limpies la superficie de la misma. Para ello, sumergí la bandeja en un poco de agua tibia que contenga un poco de detergente.

6. Para evitar que la tostadora acumule demasiadas migas: limpiala a fondo una vez al mes para evitar que los restos se acumulen en el interior. Lo primero es extraer la bandeja de las migas, lavarla con agua y jabón y, después, limpiar el interior y el exterior de tu tostadora con vinagre. Esto evitará que acumule demasiados restos de comida en su interior y que la parte exterior luzca demasiado opaca debido a la suciedad que genera el uso.

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Fuente: Muy sencillo

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Salud

Formas de reutilizar tu saquito de té

Cómo aprovecharlo tanto para consumo o para otros usos en tu hogar

Como sucede con la borra del café, también hay modos de aprovechar tus saquitos de té ya usados. Antes que nada, para darle otro uso necesitás conservarlos húmedo. Una vez que se reseca, se convierte en un medio para criar hongos y bacterias, así que meté la bolsa en un vaso con un poco de agua.

Guardá todo eso en la heladera para reducir al mínimo la posibilidad de que las bacterias colonicen las hebras. Aun así, si sospechás que los hongos o las bacterias se han apoderado de tu bolsita (el mejor indicador es el olor), tirala.

Para seguir disfrutando de esta infusión, hacete un té chai con una combinación de tus especias favoritas. El chai combina especias y hierbas aromáticas, constituye un modo delicioso de reutilizar tu saquito de té, y de insuflarle una nueva vida a un producto.

La receta básica es: una bolsa de té ya usada, 150 mililitros de leche (puede ser leche vegetal, incluso casera, por ejemplo, de avena), y la mezcla de especias que prefieras, y a tu gusto: cúrcuma, jengibre, canela, cardamomo, clavo o pimienta negra. Además, hay quien le añade azúcar y quien lo prefiere tal cual.

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Poné a hervir la leche y la misma cantidad de agua con tus hebras, añadí las especias (con moderación, una pizca debería bastarte) y el azúcar (si usás). Después, dejá que se haga a fuego lento, otros cinco minutos más. Sabrás que está listo cuando el chai tenga el color que te gusta de la infusión.

Otra forma de reutilizar tu saquito es poner un puñado de ciruelas pasas y unas cuatro o cinco bolsitas de té: funciona muy bien con la variedad earl grey, un té negro fermentado y aromatizado con aceite de bergamota, que encontrás en cualquier supermercado. Cubrilo con agua hirviendo y dejalo reposar una hora y colalo. El líquido podés guardarlo en la heladera y tomarlo como un té frío.

Las ciruelas guardalas en un frasco de cristal cerrado, añadí brandy o aguardiente y dejalas a remojo al menos ocho horas. Resultan geniales con un helado, con queso o para aromatizar los postres. Y para acompañar con una segunda taza de té.

Y no solo podés reutilizarlo ingiriéndolo, sino que sirve para incorporalo en el compost para que se convierta en abono para tus plantas.  Las bolsitas también tienen grandes propiedades desodorizantes. Por ello, son ideales para para eliminar el mal olor de los armarios de la cocina, el tacho de basura, los zapatos, la caja de arena del gato y la alfombra.

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En los armarios: después de su uso, dejá que las bolsitas se sequen un par de días. Luego, antes de colocarlas en los cajones, añadiles unas cuatro gotitas de un aceite esencial como lavanda, limón, naranja o vainilla.

En los zapatos: una vez secas, introducí las bolsitas en los zapatos o botas.

En las alfombras: esparcí los restos secos de las bolsitas de té sobre toda la superficie de la alfombra y dejá que reposen de 15 a 20 minutos. Luego, aspirá profundamente la alfombras y notarás como el mal olor se ha disipado.

En la caja de arena del gato: colocá bolsitas de te usadas en la caja de arena, cambiando las bolsitas cada semana.

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Fuente: Msn / Hogar manía

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Salud

Cómo preparar tomates secos

El paso a paso para hacer y usar esta receta

Si querés secar o conservar los tomates en aceite y disfrutar de ellos durante meses, tomá nota de todo lo que debés saber para hacerlo paso a paso.

En principio, todos los tipos son aptos para el secado. Una opción particularmente buena son los tomates pera San Marzano o Roma, carnosos y de forma ovalada. Asegurate de que estén realmente maduros.

Para que valga la pena secar tomates, debés procesar al menos dos o tres kilos. Esta cantidad rinde alrededor de dos tazas. También necesitás sal (preferiblemente sal marina). Las plantas aromáticas, como la albahaca, el orégano o el tomillo dan un toque especial.

Elaboración:

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1- Lavá los tomates.

2- Cortalos por la mitad y eliminá las partes blandas.

3- Opcionalmente, podés pelarlos. Escaldalos en agua hirviendo y luego la piel se desprende con mucha facilidad.

4- Extendé las mitades de tomate, con el lado cortado hacia arriba, en una bandeja para hornear forrada con papel sulfurizado.

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5- Ahora sazoná las mitades con sal y opcionalmente con finas hierbas. La sal proporciona un sabor fino y elimina la humedad de los tomates. Dejalos secar al aire durante unas horas, volteando los tomates de vez en cuando.

6- Luego meté las bandejas con los tomates en el horno precalentado a unos 90 ºC. Si no tenés un horno de convección, rotá las bandejas en el horno para que todas las mitades se sequen con la misma rapidez.

7- Dependiendo de su tamaño y contenido de agua, las mitades se secan en el horno en 4 a 5 horas. Abrí la puerta de vez en cuando para que pueda escapar la humedad.

8- Las piezas estarán secas cuando tengan una consistencia correosa y gomosa y ya no estén húmedos, pero tampoco se desmoronen.

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9- Lo mejor es guardar los tomates secados sellados al vacío o en un frasco hermético en un lugar fresco. Se mantendrán así durante aproximadamente medio año. También se pueden almacenar en bolsas de lino durante unos meses.

Algunos platos que podés condimentar con tomates secos:

– Ensalada de pasta mediterránea o ensalada de ñoquis con tomates secos, aceitunas y parmesano

– Pasta con mozzarella, tomates secos y un poco de aceite de oliva

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– Ensalada verde de rúcula fresca y espinacas tiernas con higos secos, tomate y queso

– Ensalada de garbanzos, tomates secos, feta y perejil

– Tomates secados al sol como aderezo para espaguetis, en pizza, con salsa de tomate o sopa de tomate

– Tomates secos como snack combinados con frutos secos

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– Ketchup de tomates secos sin azúcar

– “Pasta” de calabacín con tomates secos

Fuente: Cuerpo mente

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